7/6/18. Ricardo Vivallo

Morir
es un arte,
como todo.
-Sylvia Plath

 

Salimos del cementerio en silencio, fumando, y mientras cruzamos la autopista por la pasarela enrejada, la visión de los autos y los camiones, pasando a toda velocidad allá abajo, me produce un repentino mareo, como si atravesara, en realidad, un río correntoso atestado de cocodrilos sobre un precario puente colgante. Paro, cierro los ojos, inhalo, cuento hasta diez, y exhalo; una vez, dos veces. Abro los ojos y apuro el paso hasta alcanzar a mis amigos que van delante, siempre en silencio y fumando.

Es un d√≠a de sol, extra√Īamente c√°lido y luminoso para la fecha. Fugaces filamentos de nubes manchan apenas el cielo, y una leve brisa sacude las hojas de los √°rboles y hace girar, lentamente, los remolinos fluorescentes que adornan algunas tumbas, arrastrando, al pasar, los aromas salobres del terminal pesquero.

Nos subimos a una micro vac√≠a y una hora despu√©s nos bajamos en el centro con la impresi√≥n de haber recorrido cientos de kil√≥metros. El ajetreo de las calles nos parece a√ļn m√°s absurdo de lo habitual. Caminamos r√°pido, esquivando a los dem√°s transe√ļntes que nos miran de una manera dudosa, como si adivinaran algo, o algo en nosotros les despertara una inmediata desconfianza, quiz√°s porque caminamos, sin darnos cuenta, con ingr√°vidas zancadas de astronauta, o como avanzando por una fr√°gil pasarela de hielo. ¬†

¬ęAfeitado y con terno se parec√≠a a Robert De Niro¬Ľ, dice la noche anterior el √ļnico amigo que alcanz√≥ a verlo, y todos re√≠mos sin saber muy bien por qu√©; y es que esa noche no paramos de reirnos. Todo lo que decimos termina convertido inevitablemente en comedia, como si un don irrefrenable nos hiciera a todos, de pronto, humoristas.

Me distraigo mirando a una ni√Īa que toca la mandolina. Admiro su habilidad, su concentraci√≥n, aunque toca con relajo, sin esfuerzo. El sonido del instrumento es alegre y despierta en mi cabeza una serie de asociaciones cinematogr√°ficas que dejo pasar. No quiero distraerme, no quiero contaminar mi percepci√≥n pura del momento, quiero vivirlo plenamente, sin distorsiones, el vol√ļmen del ego al m√≠nimo; una pura c√°mara que mira y registra todo: el vendedor de jugos y super ochos que se acerca, y ofrece su mercanc√≠a en voz baja; el adolescente que, parado sobre una tumba, practica ese paso de baile que est√° de moda, √©se que consiste en mover de un lado a otro los brazos manteniendo las piernas r√≠gidas, como formando una especie de p√©ndulo; el botell√≥n de vino tinto y la lata grande de cerveza decorando una tumba, el perro indolente que bosteza.

En medio de la pasarela recuerdo vagamente un cuento de John Cheever sobre un hombre que es incapaz de atravesar un puente. De un d√≠a para otro, un p√°nico irrefrenable le impide cruzar al otro lado, ¬†hasta que un d√≠a se le aparece en medio del puente una especie de √°ngel, que propicia en el hombre la epifan√≠a necesaria para superar la angustia. As√≠ de f√°cil. Cierro los ojos. Inhalo, exhalo. Desde la pasarela, la ciudad es solo una presencia turbia, distante. ¬ęComo zambullirse en un r√≠o de pura velocidad¬Ľ, as√≠ debe ser, pienso. ¬ęY despu√©s, nada¬Ľ. Quiero escupir hacia abajo, pero tengo la boca reseca.

Después nos emborrachamos y miramos fotos. Nos emborrachamos y comemos empanadas de pino. Nos emborrachamos  y simplemente estamos juntos. A veces nadie sabe qué decir y no importa, nadie dice nada. Nadie prende la luz, nadie se mueve. Nos emborrachamos y miramos en silencio como el humo de los cigarros adquiere en la penumbra formas que despiertan en la mente una serie de imágenes inconfesables.

+ Ricardo Vivallo (Santiago, 1984) escritor y artista visual, es fundador y editor de Libros Tadeys, sello independiente dedicado a la poesía y la narrativa contemporánea. En 2015 ganó la beca de creación del Fondo del Libro y fue finalista de los Juegos Literarios Gabriela Mistral; en 2016 obtuvo el primer lugar en el concurso de cuentos de revista Paula y en el XIII concurso Stella Corvalán, género poesía. Publicó el libro Cuaderno de Guayaquil con Saposcat.
+ Imagen: Kurt Kranz