Una novelita china (I): Nen√ļfar 4. Silvia Veloso

Desde la azotea en el piso veintitr√©s, la ciudad parece una maqueta abandonada sobre el p√°ramo. Al fondo hacia el oeste, se divisa el perfil de las monta√Īas peladas.¬†Wang Mei guarda un sobre en el bolsillo y sujeta la taza de t√© rode√°ndola con las dos manos. Es agradable sentir el calor mientras el viento le azota la cara.¬†La primavera tarda y se resiste, mayo est√° por terminar y todav√≠a hace fr√≠o. Abajo, las calles est√°n desiertas, solo algunos coches ruedan por las grandes avenidas.¬†A√ļn es muy temprano, pero Mei sabe que a lo largo del d√≠a, el movimiento en las calles no cambiar√° mucho.¬†Hace seis a√Īos que vive en Kangbashi y aunque durante ese tiempo han ido apareciendo nuevas familias, gran parte de los edificios y las casas a√ļn siguen deshabitados.¬†El se√Īor Feng dice que Ordos es famosa en el extranjero. Y no por el mausoleo de Genghis Khan, si no por los diarios occidentales que no se cansan de hacer reportajes insidiosos present√°ndola como la gran ciudad fantasma de China.

A Mei le gusta subir a la azotea del piso veintitr√©s del Nen√ļfar 4. Los colores del paisaje cambian mucho seg√ļn la estaci√≥n y en los d√≠as claros, la vista alcanza muy lejos.¬†El cielo es limpio, no hay contaminaci√≥n como en Handan. Handan era el infierno. Costaba respirar y no se pod√≠a salir a la calle sin m√°scara.¬†Cuando muri√≥ su marido, Mei vendi√≥ las fincas del campo y se fue con su hija a la casa de su hermano. Entre las dos no hubieran conseguido sacarle nada a esas tierras duras y pedregosas del norte de Sichuan.¬†Adem√°s, el gobierno incentivaba a los campesinos a mudarse a las ciudades y despu√©s del gran terremoto de 2008, entre unas cosas y otras, en el pueblo ya casi no quedaba nadie.¬†Mei agradeci√≥ entonces que el baijiu* acabara de una vez con su marido. A los cuarenta a√Īos, viuda y con algunos yuanes, se traslad√≥ a Handan.¬†Fue cambiar un infierno por otro.

Quince a√Īos de mina hab√≠an convertido a su hermano en una piltrafa. En 2007, se salv√≥ de la explosi√≥n de gas que mat√≥ a veinte compa√Īeros en un t√ļnel de la mina Dashucun, pero de la silicosis no logr√≥ escapar.¬†Dos a√Īos despu√©s, le dijeron que ten√≠a los pulmones como cart√≥n y lo declararon in√ļtil para cualquier trabajo.¬†Se fue a casa con una pensi√≥n de mierda y un diagn√≥stico oscuro. Desde entonces, no ahorra ni un yuan ni ha dejado de fumar.¬†Lo poco que tiene lo gasta en baijiu, apuestas y golfas. Su hermano es un milagro. Mei no entiende c√≥mo a√ļn sigue en pie.

En Handan, la cosa no fue f√°cil. Siempre hab√≠a vivido aislada en el campo y moverse en medio de toda aquella gente que se empujaba por las calles le produc√≠a ansiedad.¬†La contaminaci√≥n era insoportable, una espesa niebla gris permanente que terminaba por colarse hasta en el cerebro y no dejaba ver el cielo ni de d√≠a ni de noche.¬†El apartamento que alquilaba su hermano era muy peque√Īo. Mei y su hija dorm√≠an juntas en el sof√° plegable de la sala.¬†Pero ninguno de los tres ten√≠a mucho tiempo para sentir la falta de espacio. Ellas porque trabajaban doce horas diarias como camareras de limpieza en un hotel del centro y su hermano porque vagaba, a veces d√≠as enteros, por los bares del barrio.¬†Mei y su hija aportaban dinero para la renta y la comida. Durante los a√Īos que pas√≥ en Handan, su hermano por lo menos comi√≥ todos los d√≠as algo decente.

El se√Īor Feng dice que el nuevo sue√Īo chino exige el sacrificio de v√≠ctimas como su hermano.¬†Pobres que a nadie le importan dej√°ndose la vida en las minas de carb√≥n, como en otros tiempos se la dejaron millones de pobres diablos levantando la Gran Muralla.¬†Dice que los sue√Īos chinos siempre son pretenciosos y exigen muchos muertos. Mei no entiende casi nada de las cosas que dice el se√Īor Feng.¬†Trata de ser discreta para que no se note que es ignorante y r√ļstica. Si a√ļn sigue en Kangbashi, es porque el trabajo es bueno y sobre todo, porque le agrada mucho la compa√Ī√≠a del se√Īor Feng.¬†Procura no hacerse ilusiones, pero le est√° resultando muy dif√≠cil renunciar a sus tontas esperanzas.

Tres a√Īos despu√©s de llegar a Handan, su hija se qued√≥ embarazada y se cas√≥ con un hombre que tambi√©n trabajaba en las minas.¬†Tuvieron una ni√Īa y de nombre le pusieron Mei. Su yerno es listo y como no quer√≠a terminar como su hermano, en cuanto se present√≥ una oportunidad cambi√≥ la mina por la construcci√≥n.¬†A los seis meses se amput√≥ un dedo con una sierra, pero el accidente no le desanim√≥ y continu√≥ en el trabajo.¬†Meti√≥ su dedo en un frasco lleno de alcohol y lo coloc√≥ en la sala de su casa. Con el tiempo, el dedo se fue arrugando y encogiendo, hasta quedar como un gusano negruzco y retorcido en el fondo de una botella de licor.¬†Desde entonces, su yerno trata el frasco con mucha ceremonia. Cree que el dedo le da suerte porque poco despu√©s del accidente, las cosas para √©l comenzaron a mejorar.¬†El contratista le hizo una buena oferta para ir a trabajar de capataz en Kangbashi, el mega distrito que la ciudad de Ordos constru√≠a al pie de los desiertos de la provincia de Mongolia Interior.¬†La empresa tambi√©n dio trabajo a su hija en las cocinas de los obreros. E incluso ten√≠a algo para Mei: hacerse cargo de la limpieza de mantenimiento de algunos de los edificios vac√≠os de Kangbashi.¬†Le daba pena dejar a su hermano, pero tras cinco a√Īos de infierno, salir de la mugre de Handan le pareci√≥ una bendici√≥n.¬†

El se√Īor Feng le ha dicho que en China hay 64 millones de apartamentos vac√≠os. Distritos enteros con torres y torres como el Nen√ļfar 4 por todo el pa√≠s.¬†Entre infraestructura y construcci√≥n, dice que China ha usado en tres a√Īos m√°s cemento que los americanos en todo el siglo veinte.¬†Desde la azotea del piso veintitr√©s, Mei mira los edificios vac√≠os que tanto le preocupan al se√Īor Feng.¬†En Kangbashi, ella ha trabajado en varios condominios. Hace dos a√Īos que se ocupa del Nen√ļfar, el √ļltimo complejo de seis torres que el contratista levant√≥ en las afueras del distrito de Kangbashi antes de que la fiebre de la construcci√≥n empezara a disminuir de ritmo en Ordos.¬†En total, el condominio Nen√ļfar tiene 792 unidades. A√ļn vac√≠as. Son los apartamentos de los que ahora se ocupa Mei. Mirando hacia las torres de Kangbashi que tiene alrededor, intenta imaginar c√≥mo ser√≠a una ciudad con 64 millones de apartamentos deshabitados. Pero enseguida se le confunden las ideas y los n√ļmeros. Mei sacude la cabeza como para salir de la visi√≥n. No quiere m√°s complicaciones, de los 64 millones, ya tiene bastante ocup√°ndose de sus 792 apartamentos.

Veinte a√Īos atr√°s, Ordos se hizo rica de la noche a la ma√Īana cuando en la zona se descubrieron grandes yacimientos de gas y de carb√≥n. Frot√°ndose las manos con lo que estaba por venir, la ciudad comenz√≥ a desarrollar un nuevo distrito para albergar un mill√≥n de habitantes. Sobraba el dinero y se gastaba a espuertas y con ambici√≥n. Antes de que la gente llegara, adem√°s de torres de viviendas, se construyeron plazas colosales que sin pudor, aspiraban a competir en grandeza con Tiananmen. Aparecieron museos vanguardistas firmados por arquitectos importantes, edificios de dise√Īo para la administraci√≥n p√ļblica y para oficinas, una exuberante √≥pera y hasta un proyecto de arte y arquitectura dirigido por Ai Weiwei que finalmente termin√≥ abandonado. Tambi√©n se construyeron complejos deportivos de √ļltima generaci√≥n, un circuito para carreras internacionales de automovilismo y una biblioteca inmensa. Todo nuevo, cicl√≥peo y sin escatimar en gastos. Pero unos a√Īos despu√©s, la crisis del carb√≥n quebr√≥ el sue√Īo ¬†del mill√≥n de habitantes y la planificaci√≥n residencial debi√≥ reproyectarse para acoger una cifra m√°s modesta. Entre las construcciones fara√≥nicas con sus explanadas monumentales y la cantidad de poblaci√≥n, comenz√≥ a percibirse una inc√≥moda asimetr√≠a. Una sensaci√≥n de incongruencia en las proporciones que transmit√≠a la impresi√≥n de que el nuevo distrito estaba hecho fuera de escala. A partir de entonces, la ambiciosa ciudad a los pies del desierto de Gobi con delirios de grandeza y bloques deshabitados, pas√≥ a ser objeto de escarnio en la prensa occidental y a ser tratada con el sarc√°stico nombre de Utop√≠a Fallida. No importa que las ciudades demoren en hacerse a s√≠ mismas y que Kangbashi haya conseguido en los √ļltimos a√Īos aumentar algo su poblaci√≥n, las fotos de sus avenidas desiertas y sus edificios desolados ya la han convertido en una leyenda urbana internacional.

Cuando el negocio inmobiliario en Ordos dej√≥ de ser tan rentable, la constructora que empleaba a Mei y su familia se llev√≥ parte de su gente a otras ciudades. El mantenimiento de los edificios de la zona pas√≥ a una nueva empresa en la que Mei consigui√≥ trabajo.¬†Su hija y su yerno se fueron a Xining donde el contratista tiene ahora muchos proyectos y las oportunidades para ellos son m√°s interesantes. Mei prefiri√≥ quedarse en Kangbashi.¬†Est√° a gusto en la ciudad y piensa que es mejor que los j√≥venes maduren como familia solos. Dos veces al a√Īo visita a su nieta en Xining y aprovecha los d√≠as del Festival de Primavera para ir a Handan a ver a su hermano. A√ļn sigue vivo. A pesar de la enfermedad y de la vida que lleva, sin que nadie sepa c√≥mo, ha superado todos los pron√≥sticos de los m√©dicos.

El complejo Nen√ļfar tiene seis torres de veintid√≥s pisos de apartamentos, el veintitr√©s es azotea. En cada piso hay seis unidades. Todos los edificios son iguales. Mei trabaja siguiendo escrupulosamente los protocolos que la empresa de mantenimiento establece. Cada d√≠a, inspecciona entre seis y siete apartamentos. El manual define ese promedio para que todas las unidades de una torre sean visitadas en un mes. Por tanto, cada seis meses se completa la inspecci√≥n total del complejo y un nuevo ciclo comienza en el Nen√ļfar 1. La empresa ajusta peri√≥dicamente el calendario de trabajo seg√ļn los festivos y feriados para cumplir el objetivo semestral de cada ciclo. Por ese servicio de mantenimiento, la compa√Ī√≠a cobra un buen dinero a los propietarios. Un costo que no pueden eludir, porque para los apartamentos vac√≠os, todas las aseguradoras exigen que previamente se contrate un servicio individual de manutenci√≥n. Sin mantenimiento, no hay seguro. En Kangbashi, la empresa solo administra las torres del Nen√ļfar, pero el se√Īor Feng le ha dicho que en otras ciudades tienen a cargo muchos condominios. Dice que la empresa se ocupa solo de proyectos de buena calidad. La construcci√≥n barata no les interesa porque solo da problemas. El se√Īor Feng cuenta que por todo el pa√≠s hay proyectos a medio hacer y edificios que comienzan a caerse a pedazos apenas un par de a√Īos despu√©s de haber sido terminados. Algunos por falta de mantenimiento, porque los propietarios no pagan ese servicio, y otros, porque est√°n hechos con materiales de p√©sima calidad. Dice que hay muchas empresas de construcci√≥n desaprensivas que estafan a los compradores. Les venden las unidades mostr√°ndoles maquetas y v√≠deos con simulaciones muy atractivas del proyecto. Pero finalmente entregan edificios que parecen hechos de cart√≥n llenos de problemas y que no valen el precio que los compradores pagaron. Seg√ļn el se√Īor Feng, la construcci√≥n en China es una industria de depredadores avaros y mezquinos.

Para moverse por el condominio, Mei dispone de dos juegos de seis tarjetas que le permiten la entrada a los edificios y a todos los apartamentos de cada una de las torres. En el curso de capacitaci√≥n que recibi√≥ cuando la contrataron, insistieron en que era muy importante cuidarlas bien porque si por alg√ļn motivo hab√≠a que reemplazarlas, un supervisor deber√≠a viajar desde la sede de la empresa en Boading generando un gasto extra innecesario. Por eso, las tarjetas perdidas o estropeadas por mal uso o negligencia, son descontadas del sueldo del trabajador. El protocolo que Mei debe seguir es rutinario y claro. Incluye abrir ventanas para ventilar los espacios, comprobar el estado de los cerramientos y colocar productos de protecci√≥n contra el √≥xido en juntas, bisagras y rieles. Revisar las llaves de paso y dejar correr el agua durante al menos diez minutos para verificar su fluido regular y la correcta evacuaci√≥n de las instalaciones sanitarias. Supervisar el funcionamiento de la red el√©ctrica en iluminaci√≥n, cocina y calefacci√≥n. Los edificios del Nen√ļfar son modernos y no usan gas en sus instalaciones. Tambi√©n debe revisar el dispositivo de alarma de los apartamentos, conectando y desconectando el sistema con una clave maestra. Como parte de la rutina diaria, tiene que utilizar al menos una vez los tres ascensores de cada una de las torres y accionar las verjas de entrada y los portones el√©ctricos de los estacionamientos para que los mecanismos de los motores se mantengan en buen estado. Durante la inspecci√≥n de cada unidad, Mei va completando las casillas de la ficha de seguimiento en una aplicaci√≥n de la empresa instalada en su tel√©fono. As√≠, en la sede siguen on line el estado del condominio y pueden mantener a los propietarios informados. Ante cualquier desperfecto o situaci√≥n extra√Īa, Mei tiene que advertir de inmediato a la empresa a trav√©s de la ficha de incidencias de la aplicaci√≥n, y si se tratara de algo muy urgente, el protocolo indica que debe llamar por tel√©fono.

Dos veces al a√Īo, llegan los operarios de una empresa para limpiar los vidrios y las ventanas de los edificios. Son una cuadrilla de quince o veinte j√≥venes que se descuelgan desde las azoteas usando cuerdas, poleas y roldanas. A Mei le gusta verlos trabajar, porque cuando se balancean en el aire de un lado a otro limpiando los cristales, parecen los trapecistas de un espect√°culo de circo. De vez en cuando, algunas personas pasan por Kangbashi para verificar el estado de su propiedad, pero no es frecuente. Mei recuerda tambi√©n el caso de una pareja joven de Dongsheng que se instal√≥ en un apartamento del quinto piso del Nen√ļfar 2. Los padres del muchacho lo hab√≠an comprado para regal√°rselo a su hijo cuando se casara. Pero a la novia le dio miedo vivir en el edificio deshabitado y a las pocas semanas de instalarse, regresaron a Dongsheng. Que la chica tuviera esos tontos remilgos y le hiciera ascos a semejante regalo, enfurec√≠a a Mei. No puede entender c√≥mo hay gente tan ego√≠sta, ingrata y est√ļpida. Si esa se√Īorita hubiera tenido que trabajar en Handan doce horas por d√≠a, o deslomarse en el campo, seguramente no despreciar√≠a como una ni√Īa mimada la fortuna que le cae del cielo.

El servicio de mantenimiento del condominio Nen√ļfar, se completa con las visitas del supervisor, el se√Īor Feng. Su protocolo incluye cuatro inspecciones concertadas al a√Īo. La empresa adem√°s estipula que debe realizar entre una y tres m√°s sin avisar. Es la sede la que decide la cantidad y el momento de las visitas sorpresa a los condominios que administra. Con ese protocolo adicional, evitan que los encargados se relajen y verifican que el trabajo est√© siendo realizado de forma puntual y adecuada en todo momento. Que sean una, tres o m√°s, depende de los problemas que presente el condominio y de la evaluaci√≥n que los supervisores entregan despu√©s de sus visitas de rutina sobre el trabajo de los encargados. Los informes del se√Īor Feng siempre han sido positivos y el Nen√ļfar en estos dos a√Īos no ha presentado grandes problemas. Mei ha recibido por ello felicitaciones y elogios, pero, en consecuencia y a su pesar, una √ļnica inspecci√≥n sorpresa al a√Īo.

El se√Īor Feng piensa que es rid√≠culo que tanto edificio deshabitado haya hecho florecer por todo el pa√≠s empresas especializadas en el mantenimiento de torres vac√≠as.¬†Seg√ļn su teor√≠a, el drag√≥n est√° sentado sobre una monta√Īa de deuda inmanejable que no para de crecer y que cuando lo engulla, el famoso sue√Īo chino explotar√° y todo saltar√° por los aires.¬†Cuando el se√Īor Feng critica a China, que es casi siempre, le dice drag√≥n con mucho resentimiento. A veces, Mei siente que habla como si estuviera dando un discurso o como un maestro recitando la lecci√≥n.¬†Sus comentarios sobre las noticias no le interesan mucho, pero le gusta tanto su acento del sur, que le da igual de lo que hable y se limita a escuchar.¬†‚ÄúDir√° usted que soy muy negativo y que muerdo la mano de quien me da de comer, pero la especulaci√≥n, se√Īora Wang, llevar√° a este pa√≠s a la ruina.¬†Construye y vendr√°n, piensan ellos.¬†Pero ya ve, aqu√≠ est√°n los edificios y no ha venido nadie.¬†Ha llegado un punto en el que todo en el pa√≠s est√° sobredimensionado, producimos por encima de lo que se demanda.¬†Nos endeudamos para construir y seguimos construyendo y la construcci√≥n ayuda a mantener de forma artificial el crecimiento.¬†Un d√≠a, el drag√≥n tuvo un sue√Īo, se levant√≥ inspirado e invent√≥ su particular capitalismo.¬†La ecuaci√≥n, en pocas palabras, parec√≠a sencilla.¬†Para modernizar el pa√≠s y ponerlo en el siglo veintiuno, lo primero era sacar a la gente del campo y llevarla a la ciudad para poner la industria a producir a toda m√°quina con mano de obra barata,¬†por no decir en condiciones miserables.¬†Producimos a gran escala e inundamos el pa√≠s y el mundo con nuestros productos de bajo precio, y seguimos produciendo y no paramos de crecer.¬†¬ŅSab√≠a usted que en China, en los √ļltimos treinta a√Īos, 300 millones de personas se han ido del campo a las ciudades y que de aqu√≠ a 2030, el gobierno piensa que va a mover unos 300 millones m√°s?¬†¬ŅSab√≠a usted que ese es el movimiento migratorio de personas m√°s grande y r√°pido de la historia?¬†Gente como usted se√Īora Wang, que dej√≥ sus tierras en Sichuan y ahora es una mujer urbanizada en esta ciudad fantasma.¬†Porque para toda esa gente que llega en masa del campo, en las ciudades hab√≠a que construir nuevas casas.¬†Pero en muchos casos se han hecho mal los c√°lculos y ah√≠ est√°n, esos hermosos edificios vac√≠os como nuestro querido Nen√ļfar 4‚ÄĚ.

A Mei le bailan en la cabeza tantos n√ļmeros. No puede hacerse una idea de lo que representan ni por qu√© al se√Īor Feng le espantan tanto. Cuando el supervisor se embala con sus dram√°ticos comentarios sobre China, trata de poner cara de inter√©s y de que m√°s o menos sigue las noticias. Aunque las cosas que suele decir el se√Īor Feng no se parecen precisamente a las que se escuchan en los noticieros. Desde que lo conoce, Mei procura ver todos los d√≠as alg√ļn programa de noticias en la televisi√≥n, pero enseguida se desconecta y salvo alg√ļn suceso o cat√°strofe muy extraordinaria, no retiene casi nada.

Seg√ļn el se√Īor Feng, los gobiernos regionales y las prefecturas especulan con el suelo urbano y los precios crecen y crecen, y crece tambi√©n la corrupci√≥n. ‚ÄúTenemos millones de apartamentos vac√≠os, dice. Sin residentes, pero la mayor√≠a con propietario. Son de corporaciones o de personas que pagan con sus ahorros o se endeudan y los compran para especular pensando que en alg√ļn momento los vender√°n mucho m√°s caros y obtendr√°n un gran beneficio. En la China nueva rica, todo el mundo quiere enriquecerse, pero como en todas partes, acaban ricos s√≥lo unos pocos millonarios. Tal vez la f√≥rmula no era tan magistral como pens√°bamos. Porque los chinos, que antes nos content√°bamos con trabajar para llenar el est√≥mago con una escudilla de arroz, ya no ganamos ni exigimos tan poco y nuestros entonces productos baratos, encareci√©ndose los costos, comienzan a no ser tan competitivos. Para los industriales e inversores el para√≠so pierde atractivo, la producci√≥n comienza a bajar, el desempleo a subir y el consumo a estancarse. Mientras tanto, el drag√≥n contin√ļa incentivando la construcci√≥n y la producci√≥n a toda costa para que a su maquillado crecimiento no se le caiga la m√°scara y la deuda que empolla sigue creciendo. Pero imaginemos que la cosa se va poniendo dif√≠cil, entonces muchos de los ahorradores que compraron no tienen para pagar la deuda. Quieren vender, pero no hay compradores para comprar todo lo que est√° a la venta. Y ah√≠, ¬°puf!, las burbujas comienzan a estallar una detr√°s de otra. Adem√°s, se√Īora Wang, tambi√©n est√°n los imprevistos. Vamos a ver ahora c√≥mo resiste el drag√≥n los ladridos y mordiscos del perro rabioso americano. Sin olvidar que hay otro problema, el drag√≥n nunca previ√≥ que los chinos √≠bamos a ser viejos antes que ricos‚ÄĚ.

A Mei le irrita que el se√Īor Feng d√© tantas vueltas sobre el mismo tema. No le importan los dragones ni los perros ni le molestan los edificios vac√≠os. Le permiten tener un buen trabajo. Y si ella tuviera dinero tambi√©n comprar√≠a un apartamento, o dos, o cien. Nada hay m√°s seguro que una casa. A Mei le asustan un poco los comentarios con los que el se√Īor Feng se embala cuando miran las noticias en la televisi√≥n. Todo el mundo sabe que a los lideres no les gusta la cr√≠tica ni el descontento y que es mejor no hablar muy alto porque tienen o√≠dos en todas partes. Para Mei sin duda hay algo raro, porque adem√°s, el se√Īor Feng parece muy molesto cuando durante sus conversaciones ella menciona a los l√≠deres. De hecho, se ha dado cuenta de que √©l nunca utiliza esa palabra y cada vez que Mei la pronuncia, el se√Īor Feng insiste en que no los llame l√≠deres, porque no son l√≠deres, son pol√≠ticos. No comprende por qu√© la atosiga con esos desahogos sabiendo que no entiende lo que tanto se empe√Īa en explicar, y le da pena que hable tan mal de China cuando ahora por fin los chinos, gracias a los l√≠deres, tienen algo m√°s para llevarse a la boca que una escudilla de arroz. Cuando recuerda sus miserias en Sichuan, no puede si no alegrarse de lo bien que est√° ahora en Kangbashi. Pero sobre todo, lo que m√°s la entristece, lo que le da m√°s rabia y la desespera, es que despu√©s de dos a√Īos, el se√Īor Feng contin√ļe dici√©ndole se√Īora Wang y no se acerque nunca lo suficiente para usar su nombre y llamarla Mei.

En la azotea del piso veintitr√©s, Mei mira de nuevo hacia la ciudad y despu√©s se gira para mirar el p√°ramo. Por m√°s que los extranjeros se burlen y la llamen ciudad fantasma, piensa que tom√≥ una buena decisi√≥n qued√°ndose en Kangbashi. Le gusta la soledad de los edificios deshabitados. Su trabajo rutinario, sin imprevistos ni turnos corridos y agotadores como los del hotel de Handan. De partirse la espalda en los campos, ya ni se acuerda. Cuando las torres del condominio est√©n ocupadas, est√° segura de que conseguir√° un buen trabajo en la conserjer√≠a de alguno de los edificios. En Kangbashi ha hecho amistades en el centro c√≠vico con las que a menudo organiza actividades o excursiones. Mantiene muy buena relaci√≥n con los encargados de otros condominios que est√°n cerca del Nen√ļfar y entre todos se ayudan con el trabajo cuando alguien se enferma o tiene alg√ļn problema. Los fines de semana le gusta tomar el autob√ļs y pasear por las monumentales plazas de Ordos o subir a alguno de los barcos que navegan por el r√≠o en verano, ver los espect√°culos de luces de las fuentes, las ferias de caballos y los festivales coloridos del folclore mongol√©s. Todo es nuevo y ordenado, no hay aglomeraciones y los programas que organiza la prefectura, siempre ofrecen algo interesante y muchos eventos gratis. S√≠, fue una buena decisi√≥n quedarse en Kangbashi porque adem√°s, con la nueva empresa de mantenimiento, apareci√≥ tambi√©n el se√Īor Feng.

Mei en seguida se dio cuenta de que era un hombre fino y educado. Demasiado para ese trabajo rutinario de inspector itinerante de mantenimiento de edificios vac√≠os. Feng es muy diferente a otros supervisores que Mei ha conocido. Desde que est√° en esta empresa, se toma el trabajo de otra manera, nunca hubiera pensado que iba a esperar con tanta ilusi√≥n e impaciencia las visitas de un supervisor. Las inspecciones regulares del se√Īor Feng est√°n programadas a un a√Īo vista. A mediados de diciembre, Mei recibe el calendario. En un caj√≥n de la cocina guarda un almanaque en el que va tachando los d√≠as que faltan entre una visita y otra. A medida que una inspecci√≥n se acerca, Mei se pone m√°s nerviosa y siente que el tiempo pasa muy despacio. Esos d√≠as previos a la llegada del supervisor, es cuando m√°s sube a la azotea. Hasta que por fin llega el d√≠a y aparece el wechat del se√Īor Feng anunci√°ndole que ya ha bajado del tren en la estaci√≥n de Dongsheng. Mei se acerca entonces corriendo a la verja de entrada del condominio. Poco despu√©s recibe all√≠ al supervisor. Siempre lo ve bajar del autob√ļs con una peque√Īa maleta verde y alg√ļn libro en la mano.

El se√Īor Feng no es un inspector t√©cnico. Su trabajo es m√°s bien administrativo. Supervisa la labor de Mei y verifica indicadores de la infraestructura pesada de los edificios. Cada tres meses, se queda cinco d√≠as en Kangbashi para realizar sus rutinas. Examina el funcionamiento y consumo de los medidores de electricidad. Revisa los temporizadores que accionan autom√°ticamente las bombas de agua para evitar que se formen bolsas de aire que pueden da√Īar las ca√Īer√≠as. Los espacios del jard√≠n del condominio son un peladero y no est√°n parquizados, pero el se√Īor Feng debe modificar la frecuencia del temporizador que activa el sistema de riego seg√ļn la temporada para que las tuber√≠as no revienten por el hielo en invierno y no se obstruyan por el polvo en verano. Aunque el circuito de c√°maras de seguridad se controla desde la sede, tambi√©n verifica la posici√≥n y funcionamiento de los dispositivos y de las pantallas instaladas en los mostradores de la recepci√≥n de cada edificio. Realiza un examen r√°pido a los treinta apartamentos por torre que le ha indicado la sede para verificar que el trabajo de Mei es correcto. Acompa√Īa a la sala de m√°quinas a los funcionarios de la empresa que dos veces al a√Īo realizan la inspecci√≥n de ascensores. Tambi√©n sube a las azoteas del piso veintitr√©s y eval√ļa el buen estado de los techos. En una tablet el se√Īor Feng tiene sus propias planillas y fichas que rellena a medida que hace la inspecci√≥n. Cuando encuentra algo mal o sospechoso, llama a profesionales certificados por la empresa en Ordos o Dongsheng para que realicen los arreglos. Comienza su jornada a las ocho, para poco m√°s de una hora para el almuerzo y termina a las seis. Mei lo acompa√Īa durante todo el proceso.

El se√Īor Feng se llama Zix√≠n y es de Shanghai, pero desde hace varios a√Īos vive en Boading. Tiene un hijo al que ve muy poco porque, seg√ļn le ha dicho alguna vez, mantienen diferencias irreconciliables. Mei sabe que se divorci√≥ hace mucho tiempo, que en agosto cumplir√° cincuenta y seis a√Īos y que viaja constantemente por las ciudades del noreste supervisando algunos de los edificios que administra la empresa de manutenci√≥n. Tambi√©n sabe que los pies planos le causan bastantes molestias. Esos son los datos. La ficha que en dos a√Īos ha podido hacerse Mei del se√Īor Feng, es escueta. Durante las visitas de inspecci√≥n se concentra en el trabajo y habla poco. S√≥lo cuando la acompa√Īa para almorzar o cenar en el apartamento de conserjer√≠a y si ha tomado algo de baijiu, conversa m√°s. Nada muy personal, elogios amables a las comidas picantes de Sichuan que Mei le prepara o sus continuos comentarios amargos sobre China cuando ven las noticias en la televisi√≥n y a los que Mei ya se ha acostumbrado. A√ļn sabiendo y vi√©ndole tan poco, desde hace dos a√Īos Mei no tiene otra cosa en la cabeza que al se√Īor Feng. En su caso, agradece al baijiu que le suavice los ojos y le suelte algo m√°s la lengua. Los hombres finos como √©l, beben de otra manera. No terminan arrastr√°ndose por las calles como su hermano ni explotan de ira arrasando con todo lo que se les pone por delante como el bruto ordinario que fue su marido. Si el se√Īor Feng bebe un poco de m√°s de baijiu, se queda un rato dormido en el sof√° con las piernas y los brazos cruzados. Cuando despierta, abre mucho los ojos como pidiendo perd√≥n por la descortes√≠a de la siesta, agradece la comida y se va a al apartamento pelado que la compa√Ī√≠a de mantenimiento dispuso para el supervisor en la zona de personal del Nen√ļfar 1. Mei siempre tiene otros planes para ese despertar de las siestas, pero una y otra vez el plan acaba en la puerta despidi√©ndose ceremoniosamente del se√Īor Feng y subiendo despu√©s sola a la azotea del piso veintitr√©s para tragar el nuevo fracaso y calmarse tomando un poco de aire fresco. ¬†¬†¬†¬†¬†

Mei siente que, en dos a√Īos, su relaci√≥n con el se√Īor Feng no ha avanzado nada. No al menos en el sentido que ella imagina. A menudo se recrimina su torpeza y lamenta haber dejado pasar dos oportunidades de oro. La primera fue el a√Īo pasado cuando el se√Īor Feng decidi√≥ quedarse un fin de semana en Kangbashi para conocer el mausoleo de Genghis Khan. Fue un d√≠a estupendo, o casi, y con los tel√©fonos se hicieron juntos muchas fotograf√≠as. Pasearon por los grandes jardines del palacio, visitaron todas las c√°maras del monumento y el se√Īor Feng, que sabe muchas cosas, le cont√≥ con gran detalle la vida y las haza√Īas del gran Khan. Despu√©s regresaron a Kangbashi y Mei lo llev√≥ a hacer un recorrido por la ciudad. Le mostr√≥ muy entusiasmada los grandes edificios, la √≥pera y el museo, la plaza inmensa con las monumentales estatuas de los caballos y las explanadas junto al r√≠o. Pero al se√Īor Feng, la ciudad le result√≥ extra√Īa. El entusiasmo de Mei se vino abajo cuando dijo que sent√≠a algo abrumador y triste en aquella desproporci√≥n, que tanta monumentalidad la hac√≠a parecer a√ļn m√°s provinciana y que no le extra√Īaba que el mundo se riera de China al ver algo tan pretencioso y semivac√≠o como Kangbashi o como las copias rid√≠culas que se han hecho de Par√≠s, Hallstatt o Venecia. Por suerte empez√≥ a llover y tuvieron que salir corriendo a resguardarse. En la carrera, el se√Īor Feng tom√≥ de la mano a Mei y as√≠ cruzaron la plaza. Y como la lluvia sigui√≥ por un buen rato, estuvieron mucho tiempo hablando sentados muy juntos en el banco que encontraron debajo de una p√©rgola. No de las penurias de China, si no de los datos que Mei ahora sabe del se√Īor Feng. Pero no supo aprovechar el momento y al regresar a casa, termin√≥ con una taza de t√© en la azotea del piso veintitr√©s pensando que necesitaba cambiar sus estrategias. Dos d√≠as despu√©s de la excursi√≥n, le envi√≥ al se√Īor Feng un wechat agradeci√©ndole el paseo y diciendo que lo hab√≠a pasado muy bien. Incluso se atrevi√≥ a terminar el mensaje agregando un emoji de carita feliz. Casi inmediatamente recibi√≥ la respuesta. El se√Īor Feng, como siempre muy educado y formal, contestaba agradeci√©ndole a ella haberle acompa√Īado en un d√≠a de descanso y mencionando que el mausoleo le hab√≠a parecido fascinante y la visita a la ciudad a la que tantas veces hab√≠a ido y a√ļn no conoc√≠a, una experiencia de gran inter√©s. El mensaje no inclu√≠a ning√ļn emoji, lo que hizo a Mei sentir mucha verg√ľenza por el suyo.

La segunda ocasi√≥n de oro se present√≥ hace dos meses. Fue el cuarto d√≠a de la √ļltima visita de inspecci√≥n. Mei y el se√Īor Feng hab√≠an terminado de cenar en el apartamento del Nen√ļfar 4. Como siempre miraban la televisi√≥n. Durante todo el d√≠a, mientras trabajaban en las torres, a Mei le hab√≠an llamado la atenci√≥n los movimientos extra√Īos que el se√Īor Feng hac√≠a con los pies. Con un gesto de dolor en la cara, levantaba constantemente uno y otro del suelo o se alzaba sobre la punta de los dedos. Despu√©s, cuando al entrar en el apartamento el se√Īor Feng se sac√≥ los zapatos, dio un gran suspiro como si se sintiera muy aliviado. Mientras Mei iba y ven√≠a de la cocina a la sala preparando la cena, le extra√Ī√≥ que el supervisor no le ayudara como siempre hac√≠a, a poner la mesa. Durante la comida, Mei se dio cuenta de que el se√Īor Feng continuaba moviendo los pies. Ya en el sof√° una vez terminada la cena, le pregunt√≥ qu√© suced√≠a. √Čl contest√≥ que ten√≠a los pies planos y que, en ocasiones, sobre todo cuando utilizaba alg√ļn zapato nuevo o poco adecuado, se le acalambraban y le causaban bastantes molestias. Arm√°ndose de valor, Mei le ofreci√≥ meterlos en agua caliente y despu√©s darle un masaje. Para su sorpresa, el se√Īor Feng acept√≥ de inmediato. Mei fue a la cocina y respir√≥ profundamente apoyando las manos en la pila de lavar. Despu√©s cogi√≥ el balde de pl√°stico que usaba para sacar la ropa de la lavadora y lo llen√≥ con agua caliente. Con el balde en las manos, antes de atravesar la puerta de la cocina para regresar a la sala, volvi√≥ a respirar profundamente para infundirse √°nimos.

El se√Īor Feng hab√≠a apagado la televisi√≥n. Ten√≠a los ojos cerrados y la cabeza apoyada en el respaldo del sof√°. Mei dej√≥ el balde en el suelo y se arrodill√≥ junto al supervisor sintiendo que le temblaban las manos. Mir√≥ con discreci√≥n levantando un poco los p√°rpados y por suerte, vio que el se√Īor Feng continuaba con los ojos cerrados. Le quit√≥ las medias muy despacio y con mucho cuidado meti√≥ sus pies en el agua caliente del barre√Īo. El se√Īor Feng suspir√≥ y un gesto de agrado apareci√≥ en su cara. Mei lo dej√≥ estar as√≠ quince minutos, el tiempo que tard√≥ el agua en entibiarse. Con su mejor toalla, le frot√≥ con delicadeza los pies. Una vez secos, los apoy√≥ en un almohad√≥n que hab√≠a colocado sobre un taburete y arrodillada frente al se√Īor Feng, comenz√≥ el masaje.

Los pies del supervisor eran estrechos y bien formados. Ten√≠a la piel suave, los dedos largos y las u√Īas grandes y cuidadas. Meng los cubri√≥ de crema y dej√≥ rodar sus manos. Nunca hab√≠a hecho un masaje. Intuitivamente hac√≠a lo que alguna vez hab√≠a visto en la televisi√≥n, insistiendo en los movimientos que parec√≠an agradar m√°s al se√Īor Feng. Se dedic√≥ a la tarea media hora sintiendo que estaba pasando uno de los mejores momentos de su vida. Cuando termin√≥, trajo de la cocina una nueva toalla caliente y la enroll√≥ alrededor de los pies del se√Īor Feng. Durante todo el proceso, el supervisor continu√≥ con los ojos cerrados y la cabeza apoyada en el respaldo del sill√≥n. Se mantuvo en silencio y no dijo una palabra. Mei continuaba arrodillada a los pies del supervisor cuando despu√©s de quince minutos abri√≥ los ojos. Ella le retir√≥ de los pies la toalla ya casi fr√≠a y cuando iba a levantarse, el se√Īor Feng se inclin√≥ hacia adelante y le tom√≥ las manos. ‚ÄúUsted se√Īora Wang, dijo mir√°ndola fijamente muy cerca de su cara, tiene unas manos m√°gicas‚ÄĚ.

Pero Mei no se hab√≠a preparado para eso, en realidad, no sab√≠a para lo que se ven√≠a preparando desde hac√≠a dos a√Īos. Sinti√≥ terror y se levant√≥ de un salto retirando bruscamente las manos de las del se√Īor Feng y escondi√©ndolas detr√°s de la espalda. R√≠gida, con la cabeza baja y mirando al suelo, lo √ļnico que le pasaba por la mente en ese momento era evitar que el se√Īor Feng fijara de esa forma la vista en sus manos rudas y callosas. El supervisor se sinti√≥ desconcertado ante la reacci√≥n de Mei. Sin decir nada, se coloc√≥ los calcetines y se puso en pie. Volvi√≥ a agradecer el masaje y la comida y sin entender de qu√© manera pod√≠a haberla ofendido, sali√≥ del apartamento del Nen√ļfar 4.

En la azotea del piso veintitr√©s,¬†Mei recuerda con tristeza el episodio del masaje mientras mira una tras otra las fotograf√≠as que hicieron durante la excursi√≥n al mausoleo de Genghis Khan y a Kangbashi.¬†Le gusta mucho una en la que los dos sonr√≠en y solo el agua oscura del r√≠o se ve detr√°s.¬†Mei guarda el tel√©fono y deja la taza de t√© fr√≠o en el suelo.¬†Mira hacia el p√°ramo y saca el sobre que hab√≠a guardado en un bolsillo.¬†Hoy cumple cincuenta y un a√Īos.¬†En agosto, el se√Īor Feng cumplir√° cincuenta y seis.¬†Las inspecciones nunca coinciden con los d√≠as de sus aniversarios.¬†Mei se acerca un poco m√°s al borde de la azotea.¬†No tiene v√©rtigo, pero siente algo extra√Īo y desagradable en el est√≥mago.¬†Su hija le ha enviado un wechat con una foto del dibujo que su nieta le ha hecho por su cumplea√Īos en Xining.¬†El sobre que ha recibido muy temprano esta ma√Īana es del se√Īor Feng.¬†Un sobre de papel grueso muy elegante.¬†Nunca ha recibido una carta personal.¬†Ni en Sichuan, ni en Handan ni en los a√Īos que lleva en Kangbashi.¬†Mei recorre el papel con las manos y da vueltas al sobre.¬†Hace mucho tiempo que est√° en la azotea y¬†hoy tendr√° que correr con el trabajo.¬†Puede ser que el se√Īor Feng le haya enviado una felicitaci√≥n.¬†Puede ser.

Mei da un paso m√°s hacia el borde de la azotea y abre el sobre.¬†En el interior hay una tarjeta y un papel doblado.¬†Basta una mirada a la tarjeta para que Mei confirme lo que su est√≥mago estaba sospechando.¬†Deja caer los brazos, aprieta los dientes y cierra los ojos abatida.¬†Despu√©s abre el papel y lee. ‚ÄúEstimada se√Īora Wang,¬†me es muy grato anunciarle mi matrimonio con la se√Īorita Wei en Shanghai. Le env√≠o la tarjeta de invitaci√≥n para la ceremonia. Usted siempre me ha dicho lo mucho que le gustar√≠a conocer la ciudad.¬†Esta ser√≠a una muy buena ocasi√≥n.¬†Me agradar√≠a mucho contar con su presencia y presentarle a mi fianc√©e.¬†Sinceramente, Feng Zix√≠n‚ÄĚ.

Mei entiende ahora el vac√≠o que corre por los 64 millones de apartamentos deshabitados de China.¬†Se ve a s√≠ misma rota y derrotada en la azotea del piso veintitr√©s de un punto abandonado en el p√°ramo del desierto de Mongolia.¬†Siente que una opresi√≥n insoportable le aplasta el pecho, como si la hubieran enterrado bajo el edificio ech√°ndole encima todo el cemento de los chinos y los americanos.¬†Le pesan cada una de las horas agachada en los campos de Sichuan, todos los pasillos y las habitaciones del hotel del centro de Handan.¬†Los d√≠as solitarios arrastrando el carro de limpieza por los corredores muertos de los edificios del Nen√ļfar.¬†Su humilde sue√Īo chino acaba de explotar en la ciudad fantasma y vuela hecho pedazos por los aires.

Mei avanza otro paso hacia el borde de la azotea y mirando de nuevo el papel, suelta una carcajada.¬†S√≠, el se√Īor Feng es un hombre fino y educado de Shanghai y ella, una torpe y obtusa campesina. Una de los 300 millones de infelices que a nadie le importan vagando de un lado a otro del pa√≠s para poner a China en el siglo veintiuno.¬†Una hormiga de las que aplastan sin inmutarse los dragones y los perros cuando se ense√Īan los dientes.¬†La encargada ignorante que no comprende lo que hay detr√°s de las noticias que comenta el supervisor.¬†Aunque con el roce, algo ha aprendido. Mei se r√≠e. ¬ŅTantos discursos dif√≠ciles y venir ahora, a su edad, diciendo ‚Äėfianc√©e‚Äô como los galanes de las novelas tontas que Mei ve en la televisi√≥n? No puede ser. S√≠, ella es una campesina simple que se ha excedido con sus necias ilusiones y sus absurdas expectativas. Pero √©l es un rid√≠culo, un rat√≥n cursi y afectado que se esconde detr√°s de las palabras.¬†Mei se pasa una mano por los ojos h√ļmedos y guarda el sobre en el bolsillo.¬†Ir√° a Shanghai. Como dice el se√Īor Feng, ser√° una excelente ocasi√≥n para conocer la ciudad. Y tambi√©n para conocer al enemigo. De Sichuan a Kangbashi, Mei ha hecho muchos kil√≥metros,¬†es flexible como un junco y puede cambiar sus expectativas.¬†Podr√° no ser la mujer del se√Īor Feng, pero nada le impide convertirse en la amante del supervisor del Nen√ļfar 4.

* Baijiu. Licor que resulta de la destilaci√≥n del sorgo u otros cereales, muy popular en China. Tambi√©n conocido como vino chino, existen diversas variantes seg√ļn la regi√≥n del pa√≠s. Suele tener muy alta graduaci√≥n alcoh√≥lica y sabor parecido al vodka.

+ Silvia Veloso (C√°diz, Espa√Īa 1966). Es autora de los libros¬†Sistema en caos y M√°quina: la educaci√≥n sentimental de la inteligencia artificial‚Äô (2003, finalista del Premio Macedonio Palomino, M√©xico, 2007) y¬†El minuto americano¬†(2009). Algunos de sus textos aparecen en la compilaci√≥n¬†Guti√©rrez¬†de A. Braithwaite (2005) y¬†Pzrnk: Alejandra,¬†nenhuma palavra¬†bastar√° para nos curar, ensayo y traducci√≥n al portugu√©s de poemas de Alejandra Pizarnik,¬†¬†Instituto Interdisciplinar de Leitura¬†‚ÄďC√°tedra UNESCO PUC, Rio de Janeiro (2014). En 2017, el proyecto ‚ÄėRelato de los muros‚Äô¬†fue exhibido en forma de instalaci√≥n en la XX Bienal de Arquitectura (Valpara√≠so, Chile). Socia de¬†Barbarie, pensar con otros.