Heil, Jair. Silvia Veloso

Regres√© de Brasil apesadumbrada. Viajo all√≠ a menudo por trabajo. La calle vive estos d√≠as una especie de carnaval de octubre. Las hinchadas de Flamengo y Corinthians, rivales en el juego, corean juntas al un√≠sono y arm√≥nicamente el apellido y apodo del candidato como una bater√≠a de escola de samba bien afinada. Se ven beb√©s con ropa estampada con la cara y los esl√≥ganes del capit√°n, peque√Īos mu√Īecos hinchables con su efigie que la gente jalea entre v√≠tores en los actos de campa√Īa, tambi√©n circula el mismo mu√Īequito con la imagen de Lula vestido de preso. M√°s de una vez se ha visto a Bolsonaro con uno de esos mu√Īecos del ex presidente en las manos. Es un n√ļmero del repertorio que siempre le da buenos r√©ditos. Durante los m√≠tines, Jair increpa al mu√Īeco, lo acusa, lo insulta, lo abofetea. Con estudiada estrategia va subiendo poco a poco el tono del discurso. Y cuando percibe que el ambiente ha alcanzado su cl√≠max, lo arroja de una patada hacia la multitud enfervorecida. En el tumulto que se forma alrededor de los que atrapan al mu√Īeco, la simb√≥lica masacre contin√ļa. Por la calle pasean perros ataviados con coquetos chalequitos de apoyo. Los canes levantan la pata en el cartel del candidato que m√°s les acomoda. No hacen distingos ideol√≥gicos. Hay banderas, pulseras y merchadising diverso. Y miles, miles y miles de camisetas amarillas. Por todas partes.

Durante el √ļltimo a√Īo, en cada visita a Brasil, se ha hecho m√°s patente el crecimiento del ej√©rcito de bolsominions, t√©rmino despectivo con el que sus detractores califican a los seguidores del candidato. Una ola que empez√≥ t√≠midamente y que se ha ido convirtiendo en el maremoto que termin√≥ por arrasar en la primera vuelta de las elecciones y que pronostica el mismo resultado el pr√≥ximo domingo. Desenlace descorazonador de un entusiasmo sordo que fue infiltr√°ndose en las calles como un virus incubado lentamente y que estall√≥ por todas partes contagiando a pobres y ricos, negros y blancos, gays y heterosexuales. 49 millones de votos en primera vuelta, 1 de cada 3, son muchos votos, no es la √©lite. La rabia popular contenida durante los √ļltimos a√Īos de profunda crisis econ√≥mica y social ha encontrado un mes√≠as salvador en Jair, ‚Äėel mito‚Äô, Mess√≠as Bolsonaro.

Radical. Esa es la palabra que m√°s se escucha en boca de sus votantes. ‚ÄėAqu√≠ nada funcion√≥, necesitamos un cambio radical‚Äô. No hay contrargumento que los haga desistir: Bolsonaro pon√≠a bombas. No importa, Dilma tambi√©n. Los pobres s√≥lo sirven para votar. Chiste. Habr√° m√°s armas en circulaci√≥n, empeorar√° la seguridad. Bah, pensamiento petista, Haddad fantoche de Lula, las armas son muy caras casi nadie podr√° comprarlas. Retirar√° el d√©cimo tercer sueldo a los trabajadores contratados. No puede, est√° garantizado por ley. V√≠a libre a la polic√≠a para abatir sospechosos. Frase manipulada fuera de contexto. Y as√≠.

Del panadero a la mujer que atiende un quiosco de diarios, del mozo negro de un restaurante a kilo a la se√Īora pudiente que se hace la manicura a 100 reales en los salones de Ipanema o de Jardins, del homosexual a quien Bolsonaro desterrar√≠a del planeta a los trabajadores que viven en las favelas m√°s conflictivas del pa√≠s, muchos, demasiados, son los que por encima de cualquier exabrupto apuestan con su voto por el informe cambio radical que promete Jair. Sus seguidores tienden a dejar pasar por alto sus consignas m√°s violentas, a tomarlas como chistes de campa√Īa o como noticias falsas difundidas por sus oponentes. Le√≠ en los comentarios de un v√≠deo de Youtube la frase de un supporter que resume muy bien la inmunidad que parece proteger al candidato de cualquier cr√≠tica y hasta volverla a su favor: ‚ÄėBolsonaro es como la clara de huevo, cuanto m√°s la bates (por golpear en portugu√©s), m√°s crece‚Äô.

A los adeptos recalcitrantes se ha ido uniendo gran parte del electorado de centro que, sin comprar el paquete completo, s√≠ se ha dejado seducir por las promesas de mano dura contra la violencia y la corrupci√≥n. Los brasile√Īos est√°n hartos de Brasil. No conf√≠an en los pol√≠ticos ni en muchas de las instituciones del Estado, sienten que la democracia no ha cumplido con ellos sus promesas. El cambio radical que esperan estos votantes entra√Īa riesgos manifiestos para las libertades y garant√≠as constitucionales. Lo saben. A√ļn as√≠, parece que muchos est√°n dispuestos a asumirlos con tal de que el esperado ‚Äėcambio radical‚Äô llegue.

Meu partido √© o Brasil. Hay algo sospechosamente similar en el lema aglutinador y nacionalista de la campa√Īa de Bolsonaro con el Make America great again de Trump. Estrategias de redes digitales y discursos incendiarios que parecen calcados a los de la √ļltima elecci√≥n presidencial norteamericana. Un plan de acci√≥n com√ļn adaptado sin mucha o ninguna discreci√≥n a la circunstancia brasile√Īa. Una misma forma de comunicarse a trav√©s de un lenguaje basado en el exabrupto, la agresividad y el matonismo que, no se sabe bien c√≥mo, pero consigue conectar con los sentimientos de gran parte del electorado y retroalimentarse con los propios memes y cr√≠ticas que provoca. Una f√≥rmula de √©xito que se resume a s√≠ misma en tres factores: nacionalismo a ultranza, l√≠der autoritario que impondr√° orden en la casa y lucha sin cuartel contra un √ļnico y omnipresente enemigo, el fantasma del comunismo encarnado en el candidato progresista opositor y en la prensa bolchevique disidente. Simple y claro. Muy transversal. Y por c√≥mo se est√° configurando el mundo, parece que eficiente. Funciona. Dividir y polarizar. Todo canalizado a trav√©s de campa√Īas disruptivas que parecen promover brotes de catarsis e histeria colectiva al estilo del viejo caso de las brujas de Salem o, como han se√Īalado varios analistas, muy similares a la del episodio ‚ÄėThe Waldo Moment‚Äô de la serie Black Mirror.

Uno de los estrategas en la sombra del fen√≥meno ultraderechista de masas Jair ‚ÄėMito‚Äô Bolsonaro parece ser Steve Bannon. El candidato lo niega, pero las similitudes de las campa√Īas y los entusiastas tweets de su hijo Eduardo parecen no dejar lugar a dudas de que se entienden bien. La diferencia con Estados Unidos es que, en caso de que Bolsonaro sea elegido presidente, frente a √©l no tendr√° instituciones tan fuertes y consolidadas como las norteamericanas. Adem√°s, en Brasil, el ej√©rcito siempre se ha reservado una carta en la manga y ha intervenido directa o indirectamente en todos los procesos de gobierno. Casi la totalidad del llamado Grupo de Brasilia, que asesora y apoya la candidatura de Bolsonaro, son militares reservistas y algunos de ellos ya est√°n llamados a integrarse en su gabinete de ministros si llega a la presidencia.

Qué nos pasa. Putin, Trump, Salvini, Maduro, Duterte, MBS, Orban, o Kim Jong-un son expresiones ideológicas diferentes de un mismo fenómeno de autoritarismo. Lo más probable, es que el próximo domingo, Jair Messias Bolsonaro se una al club. En el siglo XXI, el líder exitoso necesita ser más performer que político. Y curiosamente, los ciudadanos del mundo del comercio y las comunicaciones globalizadas optan cada vez mas por gobiernos nacionalistas, autoritarios y proteccionistas. Por líderes mesiánicos que, como las viejas monarquías, gobiernan rodeados de clanes familiares y amigos ventajistas.

Cu√°ndo empez√≥ todo esto. ¬ŅA partir de 2008 con la crisis que sucedi√≥ al colapso del sistema financiero? ¬ŅAntes? La historia, de cerca, es dif√≠cil de desmenuzar. Que hayan bastado setenta a√Īos para que este tipo de discurso vuelva sin pudor a la calle resulta triste y desalentador. En la columna La izquierda, el fascismo y la minor√≠a equivocada, el fil√≥sofo Juan Rodr√≠guez analiza con agudeza y profundidad las posibles causas del fen√≥meno.

Yo, visto lo visto y o√≠do lo o√≠do por Brasil, me declaro pasmada. No puedo ofrecer ninguna respuesta que lo explique ni propuesta de c√≥mo evitarlo, mucho menos abordar un an√°lisis coherente para entender por qu√© la mayor√≠a de estos l√≠deres consiguen alcanzar el poder por v√≠as de sufragio democr√°tico. Escapa a mis posibilidades. Si estoy escribiendo esto es por una cuesti√≥n sentimental, por la cercan√≠a y el apego que tengo por un pa√≠s en el que he vivido m√°s de siete a√Īos.

Si en Brasil, uno de los principales motivos de este giro hacia la ultraderecha es la corrupci√≥n de la clase pol√≠tica que lastra el desarrollo social y econ√≥mico del pa√≠s, est√° claro que el problema no comenz√≥ antes de ayer. Como apunta la novela de √Črico Verissimo ‚ÄėIncidente em Antares‚Äô, es un mal end√©mico y enquistado que se remonta a los mismos or√≠genes de la rep√ļblica. En la actualidad, la corrupci√≥n salpica a todos los partidos, incluida la investigada caja B de Bolsonaro. Y si el otro motivo de peso es la inseguridad, en verdad asustadora, las propuestas de la candidatura 17 no parecen ni muy originales ni muy eficientes. El resto de los temas de la pol√©mica agenda del capit√°n, son relleno. No menos importante para seguir aglutinando votos. Todo suma.

Tras el resultado de la primera vuelta del 7 de octubre, se comenta que las milicias ya han comenzado a tomar posiciones en algunos barrios de la Baixada Fluminense. Que la tensi√≥n entre la gente aumenta. No parece que esta vez las encuestas vayan a equivocarse. La calle vive un carnaval de bolsonismo efervescente a ritmo del inefable reggaeton ‚ÄėO mito chegou‚Äô‚Äô. Quedan apenas unos d√≠as para que el ‚Äėcambio radical‚Äô se instale en el Pal√°cio do Planalto. A partir de ah√≠, black out, todo incertidumbre. Los que no gustamos de Bolsonaro nos ponemos catastrofistas. Como dicen los toreros al salir a la plaza, que dios reparta suerte. Habr√° que entregarse en los brazos del destino y pensar que finalmente, como aseguran siempre los brasileros, tudo vai dar certo.

 

+ Silvia Veloso (C√°diz, Espa√Īa 1966). Es autora de los libros¬†Sistema en caos y M√°quina: la educaci√≥n sentimental de la inteligencia artificial‚Äô (2003, finalista del Premio Macedonio Palomino, M√©xico, 2007) y¬†El minuto americano¬†(2009). Algunos de sus textos aparecen en la compilaci√≥n¬†Guti√©rrez¬†de A. Braithwaite (2005) y¬†Pzrnk: Alejandra,¬†nenhuma palavra¬†bastar√° para nos curar, ensayo y traducci√≥n al portugu√©s de poemas de Alejandra Pizarnik,¬†¬†Instituto Interdisciplinar de Leitura¬†‚ÄďC√°tedra UNESCO PUC, Rio de Janeiro (2014). En 2017, el proyecto ‚ÄėRelato de los muros‚Äô¬†fue exhibido en forma de instalaci√≥n en la XX Bienal de Arquitectura (Valpara√≠so, Chile). Socia de¬†Barbarie, pensar con otros.
+ Imagen: El Universal