No me llamo Pandora, pero tengo una caja. Silvia Veloso

‚ÄúEs f√°cil que te quieran cuando eres joven, h√ļmeda y tienes la carne firme. Lo dif√≠cil es amar la ruina. Hoy nadie ama la ruina. Porque no hay ruinas, hay despojos‚ÄĚ.

La frase me lleg√≥ a los o√≠dos sac√°ndome del libro que le√≠a mientras tomaba un caf√©. La mujer hablaba despacio, con los codos apoyados sobre la mesa y pasando de una mano a otra su vaso de agua. Sentada en la mesa de al lado, la escuchaba con claridad. Ella se dio cuenta, pero no baj√≥ la voz para proteger su conversaci√≥n de o√≠dos indiscretos. Es m√°s, tuve la sensaci√≥n de que quer√≠a que yo tambi√©n escuchara. Calcul√© que deb√≠a tener algo m√°s de setenta. Aunque su expresi√≥n vivaz, la voz y sus gestos le daban un aire m√°s joven. La acompa√Īaban otras dos mujeres. Una de ellas de su edad. Estaba de espaldas a m√≠ y no le ve√≠a la cara, pero se le adivinaban los a√Īos por la forma en la que estaba sentada y por una mano que se alarg√≥ hacia la taza para acercar su caf√©. La otra era joven. Concentrada en la pantalla de su tel√©fono, tecleando y leyendo mensajes, no prestaba ninguna atenci√≥n. Yo cog√≠ el libro que hab√≠a dejado sobre la mesa cuando dirig√≠ la antena hacia la conversaci√≥n y anot√© la frase.

‚ÄúLos despojos son desechos. Y la ruina es una construcci√≥n. Yo de mi madre pensaba que era una vieja de mierda. Y a√ļn as√≠, la vieja de mierda fue una ruina ejemplar y admirable. No un despojo. Siempre me ha dado pavor que mis hijos pudieran verme como despojo. Mi primo Fernando, aquel al que le toc√≥ hacer esa mili infernal en el cuerpo de regulares de Melilla, dice que hubiera sido mejor no sobrevivir al siglo XX. Nos hubi√©ramos ahorrado tanta exigencia, y muri√©ndonos veinte a√Īos atr√°s, si no un bello cad√°ver, por lo menos habr√≠amos dejado un cad√°ver decente. Antes, lo glamoroso era aquello de live fast, die young, tomar muchos riesgos y morir de forma tr√°gica. Ahora la cosa es m√°s bien live slow, die old. Eso a base de pura lechuga, vigorexia y cirug√≠as. Qu√© muermo. Para qu√© estirar tanto el el√°stico. Por eso ya no hay ruinas, hay despojos, gente hist√©rica que no quiere morirse nunca y hace cualquier cosa rid√≠cula para no envejecer‚ÄĚ.

La mujer pronunci√≥ las frases en ingl√©s con soltura. Al escucharlas, la joven levant√≥ la mirada de la pantalla de su tel√©fono y arque√≥ una ceja, pero no dijo nada. La otra mujer bostez√≥ sin disimular su aburrimiento y continu√≥ tamborileando los dedos sobre la mesa. ¬†Yo volv√≠ a tomar el libro y debajo de la primera anotaci√≥n escrib√≠, ‚Äėlive slow, die old‚Äô.

‚ÄúUn d√≠a se presenta el viejazo de golpe y ah√≠ ya no hay nada que hacer. Todo comienza cuando la gente m√°s joven de un d√≠a para otro empieza a hablarte de usted. Una va al espejo y se mira y piensa qu√© ser√° lo que tanto ha cambiado para que los otros de repente te vean cara de usted. Entonces, si no quieres convertirte en una vieja rid√≠cula, lo mejor es que comiences a asumir y a cultivar la ruina. Es un arte‚ÄĚ.

A esa altura del discurso, resultaba evidente que la mujer hablaba sola. Mudas, ni su contempor√°nea ni la joven, manifestaban inter√©s alguno por intervenir en la conversaci√≥n. A m√≠ me parec√≠a curioso que justo antes de inmiscuirme de o√≠das en ese mon√≥logo de caf√©, hab√≠a subrayado una frase en el libro que estaba leyendo: ‚Äėla vejez aparece por partes‚Äô. Casi me levant√© para preguntarle a la mujer qu√© opinaba de esa frase que Mar√≠a P√≠a Escobar deja caer en su libro Exageraciones con un sentido opuesto al de su teor√≠a del viejazo s√ļbito. Al final, siendo yo la √ļnica que parec√≠a escucharla, pens√© que hasta deb√≠a recomendarle leer “Vida de una transetaria”, un texto hilarante de ese mismo libro peculiar en el que una ni√Īa se declara anciana desde su nacimiento. Pero, juiciosamente, mantuve las formas higi√©nicas de urbanidad entre desconocidos y me reacomod√© en la silla. Abr√≠ de nuevo el libro y anot√©: ‚Äėcultivar la ruina es un arte‚Äô.

‚ÄúFernando, mi primo, me recomend√≥ que leyera Sapiens y Homo Deus y los le√≠. Conclusi√≥n, nada de decadencia y de ruinas. No habr√° viejos como los de ahora. O sea, que una cosa ser√° la edad y otra ser viejo. Hasta d√≥nde puede llegar la tonter√≠a que hay un tipo en Holanda que tiene setenta, pero como se siente de cuarenta y nueve exige que le cambien el a√Īo de nacimiento en el carnet. Felicidad, inmortalidad y divinidad, eso es lo que quiere la gente del siglo XXI. M√°s bien lo que nos meten en la cabeza, porque con tanto viejo y para que la m√°quina siga produciendo y creciendo hay que inventar nuevos negocios, que si la medicina, los s√ļper alimentos, la tecnolog√≠a y la inteligencia artificial. Todo esto me lo dice Fernando que es economista y sabe de lo que habla. Deber√≠ais leer esos libros. Lees aqu√≠ y all√° y todos los pron√≥sticos apuestan por un futuro lleno de viejos con cien a√Īos o m√°s, pero con cuerpos de cincuenta y que no paran de consumir. No hay planeta que aguante. El problema no es que nazca mucha gente, es que aqu√≠ no se muere ni dios, vamos, nadie. ¬ŅY sab√©is qu√©? Esto es dato duro, para 2050 habr√° m√°s de dos mil millones de personas mayores de sesenta a√Īos, y t√ļ querida‚ÄĚ, ah√≠ la mujer tap√≥ con una mano la pantalla del tel√©fono de la joven y la mir√≥ sonriendo maliciosamente, ‚Äúser√°s una de ellas‚ÄĚ.

La joven hizo un gesto brusco para liberar su tel√©fono y le devolvi√≥ a la mujer la misma mirada envenenada. La otra, ya en alg√ļn punto estratosf√©rico de aquel soliloquio y terminado su caf√©, alternativamente se miraba las u√Īas o apoyaba con desgana la cabeza en una mano. Yo confirm√© en mi tel√©fono que el dato de los dos mil millones de viejos para 2050 era cierto, lo avalan los estudios proyectivos de la OMS. Supe tambi√©n que ese fen√≥meno de transici√≥n hacia un mundo con m√°s ancianos que j√≥venes es nuevo y √ļnico en la historia y que m√°s all√° de algunas generaciones, resulta muy dif√≠cil predecir qu√© suceder√° con la poblaci√≥n mundial. Anot√© que deb√≠a leer Sapiens y Homo Deus y buscar m√°s datos sobre los inquietantes pron√≥sticos del futuro demogr√°fico para escribir una cr√≥nica.

‚ÄúEl caso es que llega un momento en la vida en el que por fin aceptas tu cuerpo y justo entonces el cuerpo se seca, se resquebraja y desobedece. Asumirlo y sobrevivir con dignidad es lo que yo llamo cultivar la ruina. Pero la gente se entusiasma enseguida y cree que con f√≥rmulas m√°gicas van a pasar los cien a√Īos viviendo como si tuvieran cuarenta sin pagar ning√ļn precio. Pues no. Podr√°n estirar el tiempo y vivir muchos a√Īos en sus cuerpos de j√≥venes, pero he le√≠do que a√ļn as√≠, a pesar de todos los avances, igual se disparar√°n las enfermedades mentales y la demencia. Y ah√≠ yo s√≠ que no. Como ruina, me mentalic√© hace mucho tiempo para aceptar la carcoma, me da igual c√≥mo se manifieste, eso es resistencia. Pero con la cabeza no transo, de ninguna manera, tengo muy claro que antes muerta que ida‚ÄĚ.

En ese punto, la otra mujer mayor perdi√≥ la paciencia. Se levant√≥ de la silla acomod√°ndose el bolso y por primera vez abri√≥ la boca. ‚ÄúQue s√≠, mujer, que s√≠. Venga, antes de que te suicides para que por fin alguien tenga la sensatez de morirse y se salve la humanidad, mejor nos vamos y si quieres te cuelgas en el ba√Īo de casa, porque, chica, lo de inmolarse en p√ļblico es de muy mal gusto y a ver despu√©s c√≥mo le explicamos el numerito a tus hijos y a tu primo Fernando‚ÄĚ.

‚Äú¬ŅSabes lo que te digo?‚ÄĚ, respondi√≥ la otra ofendida, ‚Äúque eres una imb√©cil. No tienes ni idea, ni s√© para qu√© gasto mi tiempo hablando contigo, siempre igual. Y lo peor es que te queda poco y te vas a morir sin ver c√≥mo sucede tal cual lo que te digo, ¬°porque yo no me llamo Pandora, pero tengo una caja!, y lo que te saca de quicio es que sabes que tengo raz√≥n‚ÄĚ.

Las dos salieron de la cafetería todavía increpándose seguidas por la joven del teléfono. Y ya en la calle, las vi caminar agarradas unas a otras del brazo. Yo me quedé pensando en que de aquí a no mucho tiempo, me uniré al ejército senil que pondrá en jaque los frágiles equilibrios demográficos. Abrí de nuevo el libro y junto a las otras notas, apunté que sería conveniente comenzar a pensar en cómo prepararse para cultivar la ruina.

 

+Silvia Veloso (C√°diz, Espa√Īa 1966). Es autora de los libros¬†Sistema en caos y M√°quina: la educaci√≥n sentimental de la inteligencia artificial‚Äô (2003, finalista del Premio Macedonio Palomino, M√©xico, 2007) y¬†El minuto americano¬†(2009). Algunos de sus textos aparecen en la compilaci√≥n¬†Guti√©rrez¬†de A. Braithwaite (2005) y¬†Pzrnk: Alejandra,¬†nenhuma palavra¬†bastar√° para nos curar, ensayo y traducci√≥n al portugu√©s de poemas de Alejandra Pizarnik,¬†¬†Instituto Interdisciplinar de Leitura¬†‚ÄďC√°tedra UNESCO PUC, Rio de Janeiro (2014). En 2017, el proyecto ‚ÄėRelato de los muros‚Äô¬†fue exhibido en forma de instalaci√≥n en la XX Bienal de Arquitectura (Valpara√≠so, Chile). Socia de¬†Barbarie, pensar con otros.