Lami. Alden van Buskirk

Traducción de Nicolás López-Pérez

Oakland 1961

en otro universo mental cuyas
asociaciones giran fuera de una teoría
infinita, mientras los cuerpos se
desmoronan en Oakland, habitaciones amobladas
explotan sobre los campos de maíz de Nebraska—
En Nueva York
el último reloj deja de funcionar
he terminado de follar con la última
mujer a punto de colgar su ropa,
besando al último bebé chino en la nariz.
Mi ternura va al cine
en Los Ángeles y está pegada al respaldo de un
asiento de terciopelo, el dulce chicle
de mi ternura
se endurece allí con
los envoltorios de dulce de la nostalgia,
las cabritas de la compasión…
el último noticiario corriendo marcha atrás
restaura la última casa ardiendo
y la gente entra de nuevo a través de las ventanas:
veo diez películas de gángsters en un día, callado
masturbándome sobre vestidos de 1920, comiendo
libras de cabritas.
Después mi propia sombra baila sobre la pantalla y
se acaba tras mirarse por última vez.

En cada ciudad lo mismo, esta es alguna cosa de
ciencia ficción—¿estoy entre los
descerebrados? cadáveres hinchándose
en remolinos flotan ahora de regreso al mar,
yo soy arrastrado por la marea, no.
Todavía puedo soñar con el sol, el ojo
indiferente del sol, terremotos de cristal,
montañas, las rodillas de
viejos dioses bramando truenos, este no es
mi fin, tal vez peyote si pudiese
encontrarlo, peyote para el mundo
para matar la mente, aunque la mente ha
prohibido el espíritu, cubriendo todos los
Estados Unidos con cemento,
una gran carretera que no va a otro lugar que el mar.

El musgo marino trepa por el hormigón,
los peces me aman no estoy perdido.
El mar avanza sobre la tierra, y suave
y metódicamente toca con los dedos húmedos
las últimas cenizas calientes.

Cocina

*

En el frasco de mermelada de damasco, un mar de lava
y la hormiga es Julio Verne rodeando el borde del cráter
en Islandia, sueña su sueño del viscoso y anaranjado
centro de la tierra—

La radio con estática por su garganta anuncia:
“El barco ebrio de Arthur Rimbaud, leído por
el Dr. etc.” él ve Estados Unidos en el título y
por qué no.
Traduzco una línea de nuevo—
(Comme je descendais des fleuves impassibles)
“¿Cuándo yo descendía por ríos impasibles?”
y Rimbaud vuela por mi ventana aprobando
el gesto—una bandada de pinzones—
—aletas guiñen como
monedas arrojadas al sol
sobre Oakland

En agradecimiento, desenrosco la tapa y
Verne desciende por la chimenea impasible
con su traje del espacio del siglo diecinueve,
luce como una hormiga apresurándose—
Cocina—nombre de mi habitación, me niego
a tal tosco nombre —¿por qué no
salón de palomas
—o
cueva de terciopelo?

(Estoy solo, ahora la radio es un viejo profesor
francés, la apago lentamente, su voz astral
navega a través del espacio hacia otro planeta
—habitaciones.

Dejo de escribir por un minuto y examino la
vista desde el pórtico, no del balcón, acantilado o
torrecilla —¡Ja!

Todos los días eso cambia—el personal
de abastecimiento mira al cartero,
sus grandes ojos de cristal explotan con amor—

mi habitación es más discreta—me excita
cuando estoy dormido y me mata en el
día (luego cosquilleo sus murallas con
olores a cocina y bailes de pies descalzos)

Algún día cobrará vida—amante tímida—
no solo suspirarán las hormigas y la voz radial,
sino toda la habitación, y se levantará una silla
temblorosa o una lámpara hacia mi boca
—cantando a través de fauces y tubos
la canción de mi emocionante vida aquí—

Me abandona el cosmonauta extasiado,
una genuina mierda voladora, rumbo a Islandia
o a San Leandro—

Oh habitación, espero con una erección en mi
bolsillo, respirando tu calor de horno y pregunto

¿me alimentaré para siempre de la boca de
todo deseo?

Poesía ahora—1961

indolencia, no arte por amor al arte o (peor) la vida por
amor al arte… o la poesía se reduce a cero.

A la mierda Olson y la multitud. Solo Ginsb., McClure y Wieners
para mí.

Vuelto en sí escribo en todos los tonos, monotonía furiosa y/o dulce.

Robar ideas, en otras palabras, márgenes donde sea posible

(un paseo y Dios es visto o no, etc.)

Rimbaud sí, pero hoy mi propia jerigonza ruda y gringa
___________________________
He caminado a través de los pliegues
de tu vestido que

Podría ver a Dios.

(El atardecer soñado explotó
la ciudad y la manchó con
una mezcla de oro bermejo;
y fue perforado
a través de callejones de ductos
de polvo filtrado, hoy bodegas
___________________________
Asechadas las calles de noche, vestidas
de ella, sigo atrapado en la mancha
de los atardeceres como ladrillo fundido. Pensé:
“la ciudad estalla en una mezcla de
oro bermejo”
sin embargo, el cemento royó los dedos hasta la oscuridad

para que pudiera ver a Dios sin

Terror silenciado

Estoy soñando.
Es un placer soñar.
Sueño con autos agitándose
y esquinas bajo este pórtico.
No son carros de circo
ni letreros bullendo
abiertos por el sol. Sueño
que ellos aparecen como
llagas coloridas, tintineando
desde el disco pare.
Ellos no son agua, a través del
sol bailan en sus lunetas de vidrio.
No puedo precisar la profundidad
de su reflejo liberado desde
las fronteras del cromo,
¿Y soñar con los motores? No es posible
excepto si el sol y las malezas
apalancan sus capuchas en futuros basurales.
Un auto azul muestra su millar de soles destruidos
como puercos, cabeza negra adentro. La ventana
corta cuellos negros, se eleva borracha encima
de los otros como un fuego sangrante.
Este es un auto, no un pájaro.
Hermosamente te aterroriza.

Última voluntad y

Si muero en el sueño será una convulsión cuyo “terror”
y “belleza” demostraron ser finalmente irresistibles. Me levanto,
el capullo tembloroso con miedo a florecer.
viene de los sueños donde la música,
el color y los objetos se intercambian
solo por su llama continua. Es dentro de esa flor-llama
que estoy preparado, transpirado medio despierto
y horizontal. La columna se arquea en espasmos
cortos, no veo nada arriba.
Oscuridad por todos lados o mis ojos se han extinguido.
Hasta ahora: sucumbí a la vida y desperté
temblando —un cobarde
Aunque cada vez más yerto,
cada vez más tenso,
me hiero con el deseo
de explotar y juro que no habrá vuelta atrás.
Dios quiere follarme también
y la muerte será mi último amor,
a ella le daré todo.

 

+ Alden van Buskirk (1938-1961) fue un poeta estadounidense, relacionado con la generación beat. Su trabajo asocia imágenes mentales con estados alterados, en un espacio donde un individuo confronta a su propio entorno. La mayor parte de sus trabajos se compilaron póstumamente en Lami (1965) por David Rattray. Ese volumen incluye, fundamentalmente, textos borroneados en los once meses previos a su muerte. El prólogo de aquél proyecto de obras completas estuvo a cargo de Allen Ginsberg. Según éste, Lami reúne en sus versos “referencias electrónicas extrañas, imágenes de paranoia robótica, impulsos de ciudad, de emociones nerviosas supersónicas que se registran en paralelo a la sensibilidad de no solo un lector sino probablemente todos”. En general, los poemas de van Buskirk construyen una declaración vital de una mente, aunque yendo más lejos, Lami es la persona misma.
+ Nicolás López-Pérez (Rancagua, 1990) abogado y escritor, reside en Santiago de Chile. Administra la mediateca de poesía universal del ayer, “La comparecencia infinita“.