La mirada obsesiva. Nicol谩s L贸pez-P茅rez

Lo que nos obsesiona zurce una peque帽a historia natural en el tiempo. Su contenido es o un camino a la desaparici贸n ajena o un precipicio a la destrucci贸n propia. Cuenta con tramoya, escenograf铆a, actores y un director, probablemente la estructura b谩sica de toda representaci贸n. Una obsesi贸n pone en marcha un relato, en cuyo centro se produce el deseo. Dado ese margen, es posible callar o gritar. La expresi贸n es necesaria.

Para el que calla, el silencio impulsa el despertar de un intervalo l煤cido, de una transformaci贸n del tiempo cuantificable (cronos) en el momento oportuno en que algo sucede (kair贸s). El grito si bien es un acontecimiento, es decir, una disrupci贸n en la continuidad del mundo frecuentado, su raz贸n 煤ltima es lo p煤blico. En alg煤n punto podr铆a no llegar a distinguirse entre ambos. Al final, con la obsesi贸n siempre pasa algo.

Y lo que nos obsesiona no es sino una concentraci贸n de cosas que se desconcentran reconfigurando un n煤cleo. La obsesi贸n es una herida de apertura f谩cil. Por ah铆, se respira, se vive el recuerdo, afloran las carencias. En fin: se fabrica lo real. Vale decir, lo que no es imaginario ni permanece en el simbolizar, m谩s bien la zona tangible de un estado de cosas. En el momento que no es actual, la obsesi贸n deviene imagen y s铆mbolo, se congela y queda al arbitrio de la distorsi贸n que deja el tiempo.

La historia del arte tiene una considerable cantidad de ejemplos sobre obsesiones creativas. No vale la pena sobreabundar en lo que los motores de b煤squeda como google y los repositorios como wikipedia pueden mostrar. Estoy pensando en el caso de Lina Franziska Fehrmann (Fr盲nzi) en el expresionismo alem谩n. Hace cinco a帽os, por los pasillos del Museo Thyssen-Bornemisza en Madrid, entre gestos cristalizados y oc茅anos pigmentados e intensos, se me revel贸 su aura.

Fr盲nzi, vor geschnitzten Stuhl (Fr盲nzi ante una silla tallada) es una pintura de Ernst Ludwig Kirchner que se enfoca principalmente en una ni帽a sentada cuyo semblante cautiva. Proyecta un uso exuberante del color y una perspectiva binaria de la infancia, tanto esc茅ptica como desafiante. La obsesi贸n en este plano de significaci贸n es, por una parte, la silueta aut贸noma que representa y; por otra, el sujeto del sujeto que se apresta a nacer entre sus costuras.

En el retrato, la obsesi贸n o lo que obsesiona es el n煤cleo. En la pintura a la que me he referido, los ojos de Fr盲nzi son puesta en escena y juego entre los elementos interiores y exteriores de la exposici贸n de un sujeto. La obsesi贸n, entonces, pone a ese sujeto en relaci贸n con lo que semeja, lo que evoca y lo que mira. Se saca su presencia hacia afuera, construy茅ndose una ausencia propia. La obsesi贸n se ocupa cuidadosamente de los rasgos de su objeto y de que su caracter铆stica m谩s intensa 鈥揺n el cuadro, la mirada鈥 la inmortalice.

De la obsesi贸n puede brotar vida m谩s all谩 de la vida. Crear un espacio, donde lo retratado, ese nuevo sujeto, pueda habitar junto al retratador u otras presencias puestas en el lienzo, en la idea, en el poema, etc. El nuevo sujeto emerge como un yo revitalizado; no aparece a merced de la memoria ni hace gala de la distancia, sino que hace pr贸xima la ausencia y la pone en constante tensi贸n. El nuevo sujeto puede ser una met谩fora, un proceso de flujos o sencillamente, un rito que reinicia el relato. El retrato es la muerte de su autor, aunque su obsesi贸n pervive; inscribe una cartograf铆a de la inspiraci贸n y escribe una autotanatograf铆a del deseo.

Trato de decir que la obsesi贸n produce un nuevo sujeto o, en el sentido de Blanchot, una zona de desastre. A trav茅s del deseo de los trazos, se formula una fisura que reconstruye y, en el caso de quien se obsesiona y crea, no se genera un yo fisurado. El desastre habla a trav茅s del pincel, del l谩piz y desde el soporte. Ah铆 reside lo impresentable, esto es, lo que no requiere presentaci贸n. De los retratos de Fr盲nzi nace una hermana que nunca tuvo: Marzella, una variaci贸n silenciosa (v茅anse otros cuadros relacionados del mismo pintor).

La obsesi贸n, de una presencia que se refleja a s铆 misma, deviene en una ausencia a la que nada falta. De acuerdo con L茅vinas, el hecho primero de la significaci贸n se produce en el rostro. Y en ese espacio, est谩 la mirada del ojo no como receptor, sino como emisor. No hay retrato pasivo.

La silla con forma humana o la imagen de un cuerpo sobre otro, posibilita el hablar de una subjetividad m谩s all谩 del sujeto. Aqu铆 el cuerpo ocupa tres lugares: la necesidad, el deseo, que se oculta para que se le descubra, y la percepci贸n. El desastre toma un cuerpo y se arroja al acto creador, como una regresi贸n del mito de Pigmali贸n al acto creador que se multiplica en el espectador eventual. Ciertamente en esta pintura se agita el viaje a la inocencia y una discursividad deseante.

Ahora bien, como la obsesi贸n es asedio, vale decir, la venida insistente de im谩genes y lenguajes sobre el cuerpo, siempre consigue algo. Asimismo, la obsesi贸n inspira, espira y expira una resistencia en forma de una libertad del yo. De todas maneras, lo creado por la obsesi贸n al salir, debe desarraigarse del origen.

Aunque no basta la f铆sica de la expresi贸n. El arte visual va mucho m谩s lejos y al 煤ltimo lugar d贸nde quiero llegar, la poes铆a, es probable que vaya m谩s all谩 del mismo m谩s all谩. Hay un desastre oscuro que se proyecta como la luz de la actividad. Entre la obsesi贸n y la creaci贸n hay una especie de simbiosis que simplemente ocurre. Un s铆ndrome de Estocolmo que se manifiesta en lo que tarda un acontecimiento en producir sus efectos.

La obsesi贸n es la forma del otro como imagen, como s铆mbolo. Pienso en la f贸rmula de Rimbaud 鈥測o es otro鈥. Pero esta vez, no es eso. Tampoco es la desesperaci贸n de lo inmediato, donde no se puede dejar de ser uno mismo y donde no se puede ser el otro. En la pintura: al frente de las expresividades, hay gestos, cuerpos y escenas. Lo mismo que ocurre en la poes铆a. Ut pictura poesis.

Sin embargo, los efectos de cada cosa difieren. Solo como amor se pueden escribir nombres propios, as铆 pasa con Fr盲nzi. Lo extra帽o es que son los espectadores quienes se apoderan de la ausencia ajena, la ni帽a de nueve a帽os quieta y enso帽ada, cautiva en un tiempo lejano, como si el espacio de la intimidad se redujese a una as铆ntota. De la obsesi贸n de Kirchner a la maravilla de pues, un melanc贸lico, que vio el cuadro m谩s de cien a帽os despu茅s de publicado. La obsesi贸n de uno, en otro, es el dominio de una escena que se repite a s铆 misma.

En los bordes del trazo, del retrato, del texto, la obra se obliga a vivir sin art铆fice, pues la obsesi贸n de 茅ste se paga en el cuerpo de otro. La mirada nunca acaba, sino que se ofrece en la pintura misma o en otras composiciones igualmente obsesivas. Si se mira mucho en la obsesi贸n, la obsesi贸n acaba mirando dentro de uno.

29 jun-24 jul-2018

+ Nicol谩s L贸pez-P茅rez (Rancagua, 1990) abogado y escritor, reside en Santiago de Chile. Ha publicado recientemente Geograf铆a de las geograf铆as. Administra la mediateca de poes铆a universal del ayer, 鈥淟a comparecencia infinita鈥.
+ Im谩genes: Ernst Ludwig Kirchner