No es la tecnología, es la soledad. Silvia Veloso

El a√Īo se inici√≥ con la segunda nube de humo australiano planeando sobre Chile.¬†Sobrevol√≥ Argentina y alcanz√≥ Brasil.¬†Despu√©s debi√≥ seguir su rumbo para terminar desvaneci√©ndose sobre el Atl√°ntico.¬†Volaba alto, pero a√ļn as√≠ vimos el cielo de un color extra√Īo.¬†Lechoso y turbio, como en las im√°genes de un ensayo nuclear.¬†El aumento del calor este verano ha sido extraordinario y prolongado.¬†Las tradicionales noches frescas de Santiago no son las mismas.¬†Hace meses que no le cae una gota ni a los cerros ni al asfalto.¬†Se nos ha olvidado lo que es llover.¬†De norte a sur falta agua. Y la estrafalaria ley que rige la pol√≠tica h√≠drica del pa√≠s contin√ļa vigente tras sobrevivir a una propuesta de reforma presentada en el Congreso.¬†Inexplicable.

Tambi√©n en enero, Greta y Donald se vieron las caras en Davos.¬†En ese show medi√°tico que anualmente convoca a la elite de la globalizaci√≥n, la crisis clim√°tica tom√≥ la agenda de la conferencia.¬†El repentino estupor de algunos de los magnates planetarios ante la emergencia ambiental resultaba sorprendente.¬†Se habl√≥ mucho y se actuar√° seg√ļn qu√© facci√≥n de la elite consiga imponer su visi√≥n de ruta econ√≥mica:¬†la vieja guardia de los combustibles f√≥siles o los globalistas del recambio tecnol√≥gico y la agenda verde.¬†El aporte de Trump fue ironizar sobre el impeachment y burlarse en su habitual estilo ordinario y majadero de ‚Äúlos profetas apocal√≠pticos‚ÄĚ.¬†Unos d√≠as antes de la cumbre, el Kremlin public√≥ un documento en el que reconoc√≠a las amenazas del cambio destacando a su vez varias ventajas y efectos positivos que esa crisis aportar√° a su econom√≠a: entre otros, el ahorro de energ√≠a en calefacci√≥n al suavizarse los inviernos siberianos y el dominio de una v√≠a polar de navegaci√≥n directa a trav√©s del √Ārtico libre de hielos. Hilarante.

Por su parte, Japón y Europa ajustándose a la corrección política que el momento exige, destacaron las oportunidades de negocio que abre la economía verde. Y ante el nivel de la discusión, a Greta no le quedó más remedio que ponerse el gorro y la bufanda y salir junto a su grupo de activistas a protestar dando unas vueltas por las calles nevadas de Davos para calmar su famosa ira. Después, todos se fueron por donde habían venido. La mayoría en jets privados tratando de disimular su huella de CO2 y Greta tal vez caminando o haciendo autostop de regreso a Estocolmo para continuar con la grabación de sus documentales y la promoción de la biografía familiar publicada por su madre. En la era de las conspiraciones, nadie queda libre de la sospecha de manos negras. Sin restarle urgencia y veracidad a su discurso ambientalista, hay quienes afirman que detrás de Thunberg se esconde una poderosa maquinaria económica que la utiliza de pantalla para modelar el pensamiento de las nuevas generaciones. Sectores de la elite que impulsan la cuarta revolución industrial con intereses que apuestan por la transición ecológica como una nueva fuente de riqueza que generará grandes negocios.

En esa guerra de titanes de la aristocracia econ√≥mica, poco nos queda al resto por decidir.¬†Nuestras peque√Īas batallas dif√≠cilmente alterar√°n sus hojas de ruta.¬†Divide et impera. Las redes se encargan de agruparnos en burbujas complacientes que estimulan la endorfina y nos impulsan a exhibir y a empalagarnos con nuestra superioridad moral.¬†Un mecanismo de distorsi√≥n reduccionista que en muchos casos va de la posverdad a la poscensura y la posjusticia, transformando la discusi√≥n p√ļblica en un matonaje de polic√≠as pol√≠ticas y linchamiento digital.¬†T√°cticas que no son nuevas ni se inventaron ayer, pero que, aumentadas por la hiperconectividad, hacen que el debate, en apariencia, se juegue siempre en los extremos del espectro mientras la variopinta mayor√≠a que media entre ambos asiste al ping pong como invitada de piedra.¬†¬ŅA ested le hacen bullying por cuico?¬†¬ŅPor progre? ¬ŅPor cuico-progre?¬†O tal vez, ¬Ņpor facho? ¬ŅPor pobre?¬†¬ŅPor facho-pobre? El neoliberalismo ya pas√≥, se super√≥ a s√≠ mismo y en la sem√°ntica ret√≥rica del marketing oportunista vamos tarde con las banderas de lucha.¬†Seg√ļn nuestro lugar de residencia, son el neurocapitalismo o el neurosocialismo los que avanzan firmes en el hackeo cognitivo y en la privatizaci√≥n (o socializaci√≥n) de nuestra mente.¬†Poder es poder y se acomoda sin problemas a cualquier ideolog√≠a.

Seis semanas y el a√Īo ya parece viejo y agotado.¬†Transcurre a tal velocidad que tratar de seguirle el ritmo deja sin aliento.¬†Los acontecimientos se suceden con urgencia hist√©rica para caer en el olvido con la misma rapidez.¬†Pasamos de ver un dron haciendo blanco en Soleimani y del posterior vaiv√©n de amenazas pactadas para satisfacer a las audiencias de cada bando al movimiento esp√°stico del primer biorobot.¬†Una quimera inveros√≠mil que nos pone ad portas de convivir con entes programables mitad ser vivo mitad m√°quina.¬†Los conflictos surgen en todas partes y despu√©s de a√Īos de tedioso protagonismo medi√°tico,¬†la consumaci√≥n final del Brexit pasa casi desapercibida ante la peste de la sopa de murci√©lago que tiene paralizada la maquinaria industrial china y amenaza con desmoronar la econom√≠a mundial y¬†causar una nueva recesi√≥n. China representa casi el 20% de la actividad econ√≥mica del planeta y en el tablero t√°ctico de la globalizaci√≥n, el virus adem√°s de biol√≥gico es geopol√≠tico.¬†Amplificada por la informaci√≥n y desinformaci√≥n, la epidemia no s√≥lo provoca muertes,¬†tambi√©n un efecto domin√≥ de secuelas que van desde ataques de xenofobia al cierre a cal y canto de fronteras o a la ca√≠da en picada de las bolsas.¬†Para llegar a las tr√°gicas consecuencias del Gran Salto Adelante faltan muchos millones de muertos, pero el spin del sensacionalismo digital exige que ante la sospecha de falta de transparencia de las autoridades,¬†la gesti√≥n del Covid-19 ya se trate en los medios y paramedios como el Chernobyl chino.¬†Mao se libr√≥ de las redes; Xi, en el proceso de aceleraci√≥n generalizada hacia el estado del miedo y la vigilancia, parece estar probando su propia medicina.¬†Vivimos cada vez m√°s hacinados.¬†El 50% de la poblaci√≥n mundial se concentra en el 1% de la superficie terrestre y la tendencia va en aumento.¬†Los virus lo tienen f√°cil.

De cualquier forma, si usted no est√° enfermo deber√≠a estarlo o lo estar√°.¬†La econom√≠a exige su cuota de paranoia en relaci√≥n a su salud porque la tecnolog√≠a aplicada a la medicina es otra de las grandes apuestas de la agenda econ√≥mica.¬†Por un lado, la dedicada a la prevenci√≥n y cura de enfermedades f√≠sicas y mentales y por otro, la destinada a mitigar los efectos del envejecimiento y prolongar la vida.¬†Tanto se debe jugar en ese negocio que es probable que, por ejemplo, como sospechan muchos analistas,¬†uno de los primeros efectos del Brexit sea la desaparici√≥n del sistema brit√°nico de salud p√ļblica para pasar a manos de las compa√Ī√≠as norteamericanas.¬†Solo en Estados Unidos lo que mueven se cuenta en billones de d√≥lares.¬†No es de extra√Īar que all√≠ los medios est√©n plagados de publicidad m√©dica y param√©dica y que el mercado del Reino Unido sea una presa m√°s que apetecible.¬†La tecnolog√≠a promete a corto plazo logros en el campo m√©dico casi imposibles de imaginar, pero a su vez abre un panorama ambivalente.¬†Para las compa√Ī√≠as privadas de salud, ofrece un futuro de expansi√≥n y crecimiento casi ilimitado.¬†¬ŅPero ser√° sostenible para un planeta ya superpoblado y para la misma econom√≠a el aumento de la esperanza de vida hasta los 100 o 120 a√Īos?¬†Ante el protagonismo de la epidemia de Wuhan, la noticia de la reapertura del debate sobre la legalizaci√≥n de la ‚Äúeutanasia por cansancio‚ÄĚ pas√≥ casi desapercibida.¬†En Holanda hace alg√ļn tiempo que¬†se plantean la posibilidad de permitir poner fin a su vida a aquellas personas que estimen, sin estar necesariamente enfermas, que ya han cumplido su ciclo. Por tanto, para los sistemas privados de salud, mitigar las enfermedades o estirar la vida puede suponer un negocio lucrativo mientras que, para los p√ļblicos, con su viabilidad econ√≥mica amenazada por la inversi√≥n de la pir√°mide demogr√°fica, represente un reto imposible de asumir que los obligue a promover alternativas creativas como la eutanasia por cansancio para ahorrar presupuesto.

A primera vista esa opci√≥n puede resultar chocante, pero el cat√°logo de nuestro corpus √©tico se modifica con el tiempo y lo que un d√≠a se percibe como aberrante, en el pasado o el futuro tal vez fue o sea pr√°ctica com√ļn. ¬†Si algunos miles de a√Īos atr√°s nuestros antepasados cazadores recolectores n√≥mades dejaban abandonados a su suerte a los enfermos y ancianos que ya no pod√≠an seguir a la tribu, quiz√° en el futuro no nos produzca ning√ļn dilema √©tico la eutanasia por cansancio o definir una fecha de caducidad como medida para preservar la especie y el planeta.

El a√Īo acaba de empezar y avanza r√°pido. La tecnolog√≠a aplicada a todos los √≥rdenes de la vida y la econom√≠a parece ir a√ļn m√°s r√°pido que el tiempo guiando y modelando los acontecimientos, el comportamiento y la cultura. Seducidos por la conectividad, tambi√©n nos sirve como cabeza de turco sobre la que arrojar todas las culpas y males que nos afligen como sociedad y como individuos. Para Giorgio Griziotti, autor del libro Neurocapitalismo, la mediaci√≥n tecnol√≥gica, si bien puede considerarse una herramienta potencial para la formaci√≥n de lo com√ļn, tambi√©n est√° creando subjetividades h√≠bridas moldeadas por l√≥gicas disciplinarias de control biopol√≠tico.

M√°s all√° de esa ingenier√≠a social, en las profundidades de la sociedad tecnol√≥gica acelerada la soledad fluye silenciosamente como una corriente subterr√°nea. Conexi√≥n no implica v√≠nculo y aun cuando la soledad como inquietud existencial ha existido y existir√° siempre, hoy se producen cada vez con m√°s frecuencia actitudes de aislamiento y confinamiento radical autoimpuesto o forzado. Lo que comenz√≥ a observarse como un fen√≥meno espec√≠fico de la cultura japonesa que para esos casos acu√Ī√≥ el t√©rmino hikikomori, es considerado en la actualidad como una (otra) epidemia global. El anacoreta contempor√°neo se multiplica y tanto est√° llegando a impactar el fen√≥meno que, en 2017, el Reino Unido fue el primer pa√≠s en crear un Ministerio para la Soledad. Vivimos un per√≠odo de transici√≥n y nuestra adaptaci√≥n o desadaptaci√≥n a la tecnolog√≠a puede hacer aflorar situaciones o des√≥rdenes complejos, porque tal vez en esa relaci√≥n la biolog√≠a y la psique no son capaces de avanzar al mismo ritmo que los ingenios que inventamos. Nos entregamos a ellos en el espejismo de fortalecer nuestra autoestima en un juego de miedos y vanidades del que solo algunos sacan provecho, poder y beneficios.

Somos un mono mecanicista. De las primeras herramientas complejas del sapiens al smartphone, las redes, los drones teledirigidos, la nanotecnolog√≠a, la inteligencia artificial o la explotaci√≥n indiscriminada de recursos que termina por descompensar el clima del planeta provocando nubes de humo capaces de volar sobre el oc√©ano miles de kil√≥metros, parece haber un abismo, pero no estamos tan lejos. En La conquista social de la Tierra, el bi√≥logo Edward Wilson dice que ‚Äúhemos creado una civilizaci√≥n de Star Wars, con emociones de la Edad de Piedra, instituciones medievales y tecnolog√≠a de dioses‚ÄĚ.

Progreso no es evoluci√≥n. La tecnolog√≠a es as√©ptica y objetiva. Tal vez nos adaptamos a las innovaciones que nos facilitan, cuando no nos complican, la vida material mientras que nuestras emociones permanecen enraizadas en el lejano despertar de una especie llamada a conquistar el planeta por la cooperaci√≥n y la t√©cnica. Nunca las cosas fueron f√°ciles. En lo colectivo fundamos nuestros logros y ahogamos nuestro miedo. Quiz√° la soledad de nuestro tiempo es la herencia que permanece en nosotros de aquel humano primitivo perplejo ante la incertidumbre de la vida, la inmensidad de la naturaleza y la fragilidad del ser. La misma extra√Īeza que todo hombre experimenta ante el abismo cuando se enfrenta a la grandeza y el vac√≠o de la existencia y asume su soledad.

Los acontecimientos se atropellan y el a√Īo avanza r√°pido. La ansiedad ante la incertidumbre refleja la inquietud del mono mecanicista que ha olvidado que m√°s all√° de sus sofisticadas herramientas, est√° fuera de su alcance controlar todo lo que sucede a su alrededor. Y que hoy, como en las noches en las que dorm√≠a a cielo abierto, el origen de su desasosiego no es la tecnolog√≠a, es la soledad.

+ Silvia Veloso (C√°diz, Espa√Īa 1966). Es autora de los libros¬†Sistema en caos y M√°quina: la educaci√≥n sentimental de la inteligencia artificial‚Äô (2003, finalista del Premio Macedonio Palomino, M√©xico, 2007) y¬†El minuto americano¬†(2009). Algunos de sus textos aparecen en la compilaci√≥n¬†Guti√©rrez¬†de A. Braithwaite (2005) y¬†Pzrnk: Alejandra,¬†nenhuma palavra¬†bastar√° para nos curar, ensayo y traducci√≥n al portugu√©s de poemas de Alejandra Pizarnik,¬†¬†Instituto Interdisciplinar de Leitura¬†‚ÄďC√°tedra UNESCO PUC, Rio de Janeiro (2014). En 2017, el proyecto ‚ÄėRelato de los muros‚Äô¬†fue exhibido en forma de instalaci√≥n en la XX Bienal de Arquitectura (Valpara√≠so, Chile). Socia de¬†Barbarie, pensar con otros.