7 cuadras son 1 metro: Fotografía de Luciano Contreras

Celebración de lo visual, texto para la exposición de Luciano Contreras en Talca. Por Pedro Gandolfo

Lo que acontece posee distintas maneras de ser elocuente, algunas tan discretas que suelen pasar inadvertidas. Las fotograf√≠as de Luciano Contreras, justamente, llaman nuestra atenci√≥n sobre aquellas formas del suceder escurridizas, fragmentadas, sigilosas, en sordina, lejanas de cualquiera espectacularidad, centralidad o prestigio. Las im√°genes recogidas a trav√©s de su lente se encuentran situadas en un mundo cotidiano, urbano y f√°cilmente reconocible pero en medio de la aparente lisura, inmovilidad y uniformidad de ese mundo recortan un desajuste, una grieta, un desperfecto, un leve deslizamiento, una ligera irrupci√≥n que da lugar a la extra√Īeza, a la perplejidad en medio de lo familiar, se√Īalando hacia algo cifrado imposible de atisbar si leemos aquellas im√°genes de modo meramente literal.

El lenguaje fotográfico de Luciano Contreras se caracteriza por un irónico desequilibrio entre una  ausencia aludida, contrastada con una presencia mínima o, dicho en otros términos, es un lenguaje que restringe deliberadamente sus componentes formales para, apelando a un cierto sentido del humor, recargarlos al máximo de sentido. Las fotografías de Luciano Contreras, por  la incongruencia velada que plantean, no solo pueden ser miradas sino que siempre devuelven la mirada, pidiendo, sin apremios, al filo de lo puntual, concreto y material que muestran, una apertura hacia lo otro que subyace en ellas.

Eso otro puede pensarse a partir de la categor√≠a de la huella, del vestigio, del residuo. La huella no es simplemente el instante que pasa porque la huella posee una duraci√≥n m√°s larga que el instante, la huella queda y en ese permanecer incompleto se aproxima a la estructura de lo simb√≥lico, desplazando la direcci√≥n de la mirada ¬†hacia aquello ausente que imprimi√≥ esa huella: es una forma de insistencia o de resistencia de lo real frente a la nada. El fot√≥grafo es una suerte de detective tras los indicios visuales de un crimen y tambi√©n es el narrador que mantiene oculto al crimen y al criminal, recortando inc√≥modamente las im√°genes contra un fondo s√≥lido, inm√≥vil, trivial y hasta risue√Īo, como si nada all√≠ hubiese acontecido. El espectador debe rastrear tras las huellas los posibles relatos que cada imagen oculta o bien puede ¬†intentar coger el hilo que une al conjunto de signos arrojados: esa presencia intermitente de lo humano, ese desmoronarse de cosas en torno nuestro, esa fuga oblicua de lo real, ese remanente entre melanc√≥lico y l√ļdico del tiempo.

Las fotograf√≠as de Luciano Contreras funcionan, si nos atenemos a la historia de cada una de ellas, como una colecci√≥n dentro de ‚Äúun gabinete de curiosidades‚ÄĚ, pero tambi√©n funcionan como el reverso de un ojo interior, el trazo de una visi√≥n que rompe el lugar com√ļn, la rutina del mirar, que escamotea la conformidad del enfoque, el h√°bito del ver, para que a trav√©s de un gui√Īo somero, el ver mismo y su potencia aflore de nuevo.

No hay una did√°ctica en estas fotograf√≠as, sino una callada celebraci√≥n de aquellos viejos fantasmas ‚Äď luz, sombras, color, espacio, profundidad, l√≠nea- que concurren, invisiblemente, cada vez una que una cosa se hace visible, una mirada que los interroga acerca de c√≥mo se toman entre s√≠ para que de pronto, maravillosamente, haya alguna cosa ante nuestros ojos.