Desde la boca del lobo. Entrevista a Víctor Ruiz. Patricio Salinas

V√≠ctor Ruiz Caballero lleg√≥ como corresponsal de la AP (Associated Press) a El Salvador a comienzos del a√Īo 2000. Encontr√≥ un pa√≠s en caos. La guerra civil todav√≠a mostraba sus secuelas y la pol√≠tica de mano dura del presidente Flores (1999-2004) comenzaba a sentirse. ‚ÄúMi primera impresi√≥n fue que llegu√© a un pa√≠s profundamente fracturado, peque√Īo y fr√°gil. Armado, no solo los militares, sino que la poblaci√≥n civil. Mis primeros reportajes fueron sobre la violencia cotidiana, las maras, la delincuencia‚ÄĚ. ¬†Despu√©s de cuatro a√Īos en el pa√≠s, V√≠ctor Ruiz decidi√≥ realizar un reportaje desde dentro de las maras, la pandilla Barrio 18, considerada junto con mara Salvatrucha Barrio13, las m√°s peligrosas en Centroam√©rica.

Encontr√© a V√≠ctor una tarde de primavera en su departamento en Plaza de Armas de Santiago. Lo estaba desmantelando, a la espera de su traslado definitivo a Espa√Īa, donde lo espera Magda, su pareja, y Ferr√°n, su hijo. Mientras desmonta las im√°genes de sus marcos, charlamos libremente, sin gui√≥n, durante horas que se extendieron hasta el d√≠a siguiente.

(Retrato de Víctor Ruiz, por Patricio Salinas)

PS: ¬ŅPorqu√© la fotograf√≠a?

VR: La verdad es que no lo s√©. No tengo una respuesta directa. Vengo de una familia humilde. Me considero un muchacho pateando las piedras, como en la canci√≥n de Los Prisioneros. Ten√≠a cuatro a√Īos cuando se produjo el golpe militar. Me cri√© en El Cortijo, en Conchal√≠. Una poblaci√≥n donde no se entendi√≥ nada en todos esos a√Īos posteriores. Asum√≠a, como todos los dem√°s, lo que dec√≠a la TV. Aprend√≠ a no preguntar nada del pasado de las personas. A la violencia del golpe de Estado se sumaba la violencia intrafamiliar. Unos eran de Pinochet, otros de Allende, las familias peleaban entre s√≠. Las reuniones familiares eran escasas. Se respiraba desconfianza y miedo en la poblaci√≥n. Hab√≠a mucho silencio. No se pod√≠a hablar con nadie. Tem√≠amos la delaci√≥n. No hab√≠a seguridad de d√≥nde¬†ir√≠an a parar¬†tus comentarios . Terminaron con la cultura, con la lectura. Nos impusieron un sistema. Es lo que somos ahora. Ese era mi contexto cotidiano, el incentivo a conocer era nulo, el gobierno solo se interesaba que fueses un ser funcional, no pensante. Los gobiernos son as√≠, hasta el d√≠a de hoy, no invierten en la gente, en investigaci√≥n, en educaci√≥n. Me quede all√≠ hasta que termin√© la secundaria y comenc√© a estudiar en la escuela de fotograf√≠a Alpes.

Mis padres son religiosos, Testigos de Jehov√°, y eso nos salvo de alguna manera. Mi madre acurruc√≥ sus ‚Äúpollitos‚ÄĚ y nos salvaron de la droga. Esos s√≠ que a los 14 a√Īos no quise seguir yendo a la iglesia. No tenia fe, simplemente. Dejaron de obligarme. Era una lata, iba al templo tres a cuatro veces a la semana. Las religiones han salvado a medio mundo, son ordenados, muchas veces le han entregado un sentido a las personas. Las religiones te entregan una base √©tica, no mentir, no robar, el problema es qui√©n maneja la religi√≥n. Pero la religi√≥n tambi√©n te inculca temor y me cr√≠e as√≠, con miedo. Es otra celda, donde impera la ignorancia y donde tampoco te dicen todo.

Ni√Īos juegan frente a un mural de la Mara Salvatrucha, MS, en la colonia Iberia de San Salvador (AP Photo/Victor Ruiz Caballero)

PS: ¬ŅY c√≥mo llegastes a Alpes?

VR: Mi hermano practicaba fotografía como junior en el France Press y me contaba la vida de los fotógrafos. Traía fotos a la casa y despertó mi curiosidad. Me hablaba de los fotógrafos de prensa, sus aventuras. Me llamó la atención la vida de esas personas, y del privilegio de estar en primera línea.

Más tarde entré a Alpes a estudiar fotografía periodística. Llegué con un tremendo vacío cultural. Claudio Pérez, Oscar Wirke, Chino López, entre otros, fueron mis maestros. Fuimos la segunda generación de Alpes, en medio de cambios políticos. Tomó tiempo antes que yo comprendiera el rol social de la fotografía. Mis referentes son Salgado y Capa. Para mí, la fotografía tiene solo ese sentido, no la entiendo como algo desde donde se puede construir un discurso teórico. Alvaro Hope me recibió más tarde como practicante. Ahí conocí a Lemebel, era divertido.

Termin√© Alpes y volv√≠ a la poblaci√≥n, sin trabajo. Mi padre me repet√≠a, ‚Äúpor qu√© no fuiste carpintero, mejor‚Ä̂Ķ No fue f√°cil. Tiempo despu√©s hubo una exposici√≥n colectiva en Alpes y expuse un trabajo sobre el matadero, llegaron unos periodistas y eligieron mis fotos. All√≠ estuvo Jorge S√°nchez, que trabajaba en La √Čpoca y puj√≥ para que yo entrar√° al diario. La √Čpoca fue una nueva escuela para m√≠. Con Miguel √Āngel Larrea, entre otros. En prensa hab√≠a que trabajar muy deprisa, ten√≠a que correr para revelar y ampliar, con toda la redacci√≥n a la expectativa, esperando para publicar la foto. ¬°¬°La tengo!!, gritaba cada vez que lo fijaba en el negativo. Esa sensaci√≥n de vac√≠o en la guata y nerviosismo ya no existe en la era de las c√°maras digitales.

PS: Luego renunciaste a La √Čpoca y te marchaste a Bolivia

VR: ¬°S√≠! Despu√©s de 5 a√Īos ¬†all√≠ quer√≠a hacer otra cosa. Adem√°s me enamor√© y me fui detr√°s de mi amada a Francia. Nada fue bien y al poco tiempo estaba de vuelta en Chile, pobre como una rata y sin trabajo. Postul√© a un puesto en la AP ¬†y me fui como reportero independiente a Bolivia. Estaba Banzer a√ļn y despu√©s de dos a√Īos me trasladaron a El Salvador. En Centroam√©rica estaban la mayor√≠a de mis colegas. Mi primera impresi√≥n fue que llegaba a un pa√≠s profundamente fracturado, peque√Īo y fr√°gil. Armado, no solo los militares, sino que la poblaci√≥n civil. Mis primeros reportajes fueron sobre la violencia cotidiana, las maras, la delincuencia.

El Chobi (17), izquierda, miembro de la pandilla Mara 18, recibe humo de marihuana de parte de la homegirl Snyke. San Salvador abril 2005. (Foto/Victor Ruiz Caballero)

+++

M√°s de 10 a√Īos de conflicto (1980-1992) entre las fuerzas armadas regulares y el FMLN (Frente Farabundo Mart√≠ para la liberaci√≥n nacional) dej√≥ un saldo cercano a los 80.000 muertos y desaparecidos, la mayor√≠a civiles. Miles de personas mutiladas, por efecto de minas antipersonales. El Salvador entonces ten√≠a 4,5 millones de habitantes . Miles de civiles resultaron con graves secuelas psicol√≥gicas, las violaciones eran habituales ¬†y la tortura era un m√©todo normal de interrogaci√≥n. Numerosos ni√Īos quedaron abandonados, hu√©rfanos de padre, madre, o ambos. Los grupos de militares y polic√≠as al margen de la ley, con apoyo de empresarios y terratenientes, crearon los famosos Escuadrones de la muerte que aterrorizaron las zonas rurales donde el FMLN obten√≠a su mayor apoyo. Los da√Īos materiales fueron tambi√©n muy altos. Puentes, carreteras, torres el√©ctricas, etc., resultaron destruidos o severamente da√Īados. Lleg√≥ la crisis econ√≥mica, el cierre de innumerables fuentes de trabajo llev√≥ a que la econom√≠a del pa√≠s se estancara durante m√°s de una d√©cada.

El conflicto armado concluy√≥, luego de un proceso de di√°logo entre las partes, con la firma de los Acuerdos de Paz de Chapultepec, M√©xico (enero 1992), que permiti√≥ la desmovilizaci√≥n de las fuerzas guerrilleras y su incorporaci√≥n a la vida pol√≠tica del pa√≠s. Sin embargo, como consecuencia de la guerra, quedaron en manos de la poblaci√≥n civil miles de armas de fuego, lo cual propici√≥ el surgimiento de las pandillas juveniles. M√°s de medio mill√≥n de salvadore√Īos se vieron obligados a emigrar del pa√≠s y se radicaron, principalmente, en Los √Āngeles. M√°s tarde muchos de ellos fueron repatriados a El Salvador.

+++

PS: Entonces era inevitable no hablar de las Maras

VR: As√≠ era. Las portadas de los peri√≥dicos, trataban a los Maras como animales. Pero yo ve√≠a que detr√°s de ellos hab√≠an familias, madres, esposas, hijos, que cuando la polic√≠a los deten√≠a, las madres gritaban que sus hijos eran inocentes. Comenc√© a pensar ¬†que ser√≠a importante hacer un reportaje desde dentro. Es gente como cualquiera, sin oportunidades. No hay familia que no est√© quebrada, los padres trabajan en el campo o han emigrado, a Estados Unidos u otros pa√≠ses. Ni√Īos abandonados. ¬ŅQui√©nes los rescatan? La delincuencia, los narcos. Los maras le ofrecen una familia desde peque√Īos. Muchas madres solteras. Una vez dentro, no te dejan salir, porque ya tienes informaci√≥n. Las maras nacen en EEUU, entre los inmigrantes de los a√Īos 80, despu√©s de la guerra civil. EEUU los acogi√≥ un tiempo pero luego fueron repatriados y llegaron de vuelta a El Salvador, m√°s pobres a√ļn, sin trabajo, sin escuelas y sin futuro alguno. No sab√≠an nada, solo robar para subsistir.

 

PS: Te tocó vivir además los terremotos del 2001.

VR: El Salvador es un pa√≠s sufrido, a toda la cat√°strofe social s√ļmale los terremotos de enero y febrero del 2001, cuando qued√≥ media ciudad en las ruinas. Magda, mi pareja, que me hab√≠a seguido desde Bolivia, se involucr√≥ en labores de rescate, intentando ‚Äúara√Īar‚ÄĚ alg√ļn ser viviente desde los escombros, desde las garras de la muerte. Fue brutal ver tanta tragedia. Conoc√≠ a varios rescatistas, uno de ellos posteriormente fue mi contacto con las Maras de la Barrio 18.

Un miembro de la mara 18 cumple condena dentro de la Cárcel de Tonacatepeque. 15 de abril del 2005 (Foto/Víctor Ruiz Caballero)

+++

Faltaba poco para las elecciones presidenciales de marzo de 2004 y, cuatro meses antes, el FMLN se hab√≠a convertido por primera vez en la fuerza m√°s votada de El Salvador. Las maras eran ya un problema creciente de seguridad p√ļblica, con una guerra a muerte abierta entre ella, entre la calle 18 y la calle 13 que generaba docenas de muertos cada a√Īo. El Plan Mano Dura se lanz√≥ el 23 de julio de 2003, con una hollywoodense puesta en escena en la colonia Dina de San Salvador, ocupada por el Ej√©rcito y la Polic√≠a para que el presidente Francisco Flores pudiera interpretar su papel de defensor de los ‚Äėciudadanos honrados‚Äô. En ese contexto se apost√≥ por la mano dura, que ¬†se vendi√≥ a la sociedad como la receta id√≥nea. Sin embargo, los resultados de esa pol√≠tica no entregaron los resultados esperados.

‚ÄúLa Mano Dura, en vez de acabar con el problema, sirvi√≥ para organizarnos‚ÄĚ, confiesa un mara en forma an√≥nima a la prensa local. Y agrega: ‚ÄúEl Gobierno, seg√ļn ellos, ¬Ņva?, pens√≥: agarremos a estos hijosdeputa, ¬Ņva?. Agarremos a 20, a 50, 60, 200‚Ķ met√°moslos al tavo (la c√°rcel) y hagamos un penal solo para ellos. ¬ŅY qu√© pas√≥? Nos unieron, crearon las ‚Äėranflas‚Äô (el comando superior de las pandillas en las prisiones), nos dieron un lugar para planear‚ÄĚ.

Seg√ļn el antrop√≥logo Juan Mart√≠nez d’Aubuisson en su libro ‚ÄúVer, o√≠r y callar‚ÄĚ, escrito despu√©s de haber convivido con el grupo mara salvatrucha Barrio 13 durante un a√Īo, la gente y los pol√≠ticos tienden a confundir las maras con un cartel o una mafia. Mart√≠nez d’Aubuisson afirma: ‚ÄúMientras la mafia utiliza la violencia para ajustar cuentas y advertir a sus enemigos de sus capacidades, pandillas como la Mara Salvatrucha Barrio 13 la ocupan como un medio de supervivencia. Al estar en guerra constante con los del Barrio 18, sus agresiones van encaminadas a marcar territorio y demostrarle a sus rivales de lo que son capaces si deciden actuar en su contra. Las pandillas obtienen dinero, cada vez m√°s, pero ser√≠a err√≥neo decir que son peque√Īas mafias que buscan enriquecerse. Si fuese as√≠, ser√≠a m√°s f√°cil controlarlas y los rid√≠culos programas para prevenir la violencia, que buscan sacar a los pandilleros de esos grupos d√°ndoles trabajo, tendr√≠an √©xito¬Ľ.

En los a√Īos de apogeo de la mano dura, entre 2003 y 2006, se gesta la primera gran mutaci√≥n del fen√≥meno de las maras: creaci√≥n de estructuras de mando nacionales en las c√°rceles, apuesta por la renta como fuente de financiamiento, renuncia al tatuaje como elemento de jerarqu√≠a, f√©rreo control de las canchas (territorio del barrio)¬†y la ruptura paulatina con la idolatr√≠a a los que llegaban de EEUU.

+++

PS: Finalmente pudiste tomar contacto con las Maras de la calle 18

VR: Si. Pero fue un proceso que tom√≥ su tiempo, casi cuatro a√Īos, ya casi cuando me marchaba de El Salvador, se produjo el primer contacto real. El d√≠a que me encontr√© con Jos√© (nombre ficticio), un voluntario, el primer paso fue ir a uno de los barrios que controla la calle 18. En el mercado de la Plaza Libertad. La Chola, una mujer de 23 a√Īos, trabajaba en el mercado. Ella repet√≠a no quiero todo esta miseria para mi hija (seis a√Īos). A ella le cont√© la idea de hacer un reportaje desde dentro de la mara. Los integrantes de la familia no confiaban en m√≠. Me cercaron, me miraron, me estudiaron. De repente llego la Chota, la polic√≠a, los chicos de la clica que me rodeaban salieron corriendo. La polic√≠a me revis√≥ a m√≠ y a otro colega. Tuvimos que salir del lugar. M√°s tarde me encontr√© con el Alacr√°n (nombre supuesto), un hombre de unos 35 a√Īos. Hablamos de la pol√≠tica de Flores, la ley ‚Äúmano dura‚ÄĚ, le expliqu√© el reportaje que quer√≠a hacer. Me invito a comer algo y nos ofreci√≥ cervezas en uno de sus puestos de venta de popusas (tortillas de ma√≠z rellenas de queso). Me se√Īal√≥ que pronto vendr√≠a el Momia, contacto directo con El viejo Lin (que dirig√≠a la mara desde la c√°rcel). M√°s tarde y despu√©s de muchas cervezas, lleg√≥ el Momia, en un auto √ļltimo modelo, con vidrios polarizados y con dos guardas espaldas. Un hombre moreno, de ojos hundidos y p√≥mulos afilados. Repet√≠ mi historia, la misma que le hab√≠a contado al Alacr√°n, por qu√© quer√≠a entregar una visi√≥n desde dentro de la mara.

Miembros de la pandilla Mara 18, descansan en San Salvador, El Salvador abril del 2005 (Foto/Victor Ruiz Caballero)

Finalmente pact√© con el Momia los t√©rminos del reportaje. Me cit√≥ a las 12 del d√≠a siguiente. La decisi√≥n entre los miembros no fue un√°nime pero la Chola acept√≥ ser fotografiada en su hogar. Me invit√≥ a su casa y los dem√°s llegaron uno a uno. Pronto llego el Chobi, que pidi√≥ que lo raparan, para ense√Īar su cuerpo tatuado que cuenta las historia de su vida. Cada tatuaje representa un hecho importante para los miembros de la mara. Ped√≠ permiso para volver al d√≠a siguiente y me encontr√© con la Chola tendida sobre la cama con un balazo en el muslo, me coment√≥ que hab√≠a sido un accidente. All√≠ no cab√≠an las preguntas, pero entre la raza se comentaba que hab√≠a sido el resultado de una ajuste de cuentas con otro miembro de la pandilla MS13. Nunca supe exactamente lo que pas√≥. La Chola nunca estuvo sola, los pandilleros se comportan como una familia. Son c√≥digos elementales de sobrevivencia. Yo mismo acompa√Ī√© ¬†a la Chola para que se hiciera curaciones en el local de los voluntarios. Pero no era suficiente. Era necesario visitar una urgencia de hospital. Pero la Chola no quer√≠a correr ese riesgo, ten√≠a miedo que la polic√≠a la interrogara y la detuviese. La organizaci√≥n dentro de la clica es f√©rrea. Cuando cae uno de los l√≠deres, al no tratarse de un sistema vertical, surgen de inmediato candidatos que ocupar√°n su puesto.

 

Asist√≠ a las fiestas de los maras, acompa√Īados de sus homegirls, sus novias. De a poco me gan√© la confianza de la pandilla ¬†y me llevaron a conocer al jefe m√°ximo, a Carlos Ernesto Mojica, apodado, el viejo Lin, encarcelado, acusado de narcotr√°fico y de matar a varios pandilleros de Calle 13. Le visit√© en la c√°rcel, con m√°s de 400 miembros de la mara calle 18 encarcelados, era como meterme a la boca del le√≥n. El miedo me hac√≠a subir la adrenalina. El jefe de la prisi√≥n me hizo firmar un papel donde yo soy el √ļnico responsable de mi vida. Esper√© al viejo Lin en la reja, 20 minutos.

 

Un miembro de la mara salvatrucha es visitado por su novia en la C√°rcel de Quezaltepeque. San Salvador, El Salvador 4 de noviembre del 2003. (AP Photo/Victor Ruiz Caballero)

 

Me hace pasar, despu√©s de darme un discurso contra el r√©gimen de Antonio Saca (2004-2009), recientemente condenado a 10 a√Īos de prisi√≥n por desfalco de recursos estatales. El guardia que me acompa√Īaba no pudo entrar, se qued√≥ afuera, no se le permiti√≥ entrar en la zona donde estaba la gente de la clica. Era como un Estado dentro de otro Estado. Me concedieron solo dos horas de visita, escuch√© m√ļsica ranchera y luego hip hop. Bailaban unas cien personas, entre familiares, amigos, novias y presos. En algunos rincones pololeaban los enamorados.

Un mienbros de la mara 18 se retrata junto a su hijo de meses dentro de la Carcel de Tonacatepeque. 15 de abri del 2005 (Foto/Víctor Ruiz Caballero)

A√Īos despu√©s me enter√© de que a la Chola la mataron. Su hija, ya adolecente, debe ser miembro de la familia. A momentos pienso en ¬†volver a visitarlos. Solo a ellos, a los del Barrio 18. Exigen lealtad absoluta. Eso no lo entendi√≥ el reportero franco-espa√Īol, Christian Poveda, que volvi√≥ a El Salvador en el 2009 para hacer un reportaje entre los maras de la calle 18. Anteriormente hab√≠a hecho un reportaje sobre las pandillas y un documental llamado La Vida Loca y ten√≠a contactos con distintos grupos, por ello pensaba que era posible construir puentes de comunicaci√≥n entre los grupos rivales. Su equivocaci√≥n le cost√≥ la vida. ¬†Su cuerpo fue encontrado con cuatro disparos en la cara en una de las zonas dominadas por la calle 18. Y Poveda era un corresponsal con experiencia y que hab√≠a cubierto infinidad de conflictos b√©licos en el mundo, incluida la guerra salvadore√Īa de la d√©cada de los ochenta.

Claudia Carolina Constanza (20) izquierda, observa junto a su tío el cuerpo de su hermana Lorena Isabel Constanza (22) mientras su madre Maria Teresa de Jesus Vanegas (46) llora desconsolada en Soyapango, San Salvador. Lorena Constanza fue baleada la noche anterior por miembros de la Mara MS.

 

+++

Dejo a V√≠ctor temprano a la ma√Īana siguiente, despu√©s de un par de caf√© negro y tostadas. Me repite que se encuentra en una ‚Äúsituaci√≥n de tr√°nsito‚ÄĚ, en un ‚Äúcomp√°s de espera‚ÄĚ que por momentos se hace largo, resolviendo todo lo necesario para viajar a reencontrarse ¬†con Magda y Ferr√°n.

+++

+ Patricio Salinas A.¬†Periodista cultural, fot√≥grafo, cr√≠tico, curador. Trabaja entre Estocolmo, Barcelona y Santiago de Chile. Ha sido publicado en medios como Dagens Nyheter, Aftonbladet y ETC en Suecia; La Vanguardia en Barcelona; y Clar√≠n en Buenos Aires, entre otros. Public√≥ el libro¬†Los √ļltimos d√≠as de Walter Benjamin¬†con Saposcat.