Sacar al demonio. Consideraciones sobre “Il Cacanime” de Alessandro Sicioldr

María Pía Escobar

He le√≠do¬†bastantes veces que en el acto de la escritura se vierten los demonios; o, dicho de otra forma: al escribir se sacan los propios demonios¬†‚ąíll√°mense dolores, miedos, tristezas o lo que fuere.

Algo así, resumidamente.

“Sacar los demonios”, lo repito, lo han dicho algunos escritores y escritoras. O eso he le√≠do en alguna entrevista, o he visto en alg√ļn documental.

Entonces, me he propuesto escribir hoy, porque creo con facilidad en lo que dice el resto, o en lo que leo.

Y también, por qué no decirlo, en un intento de copia: por querer sacar también mis propios demonios, como lo hace el resto.

Para ello, he seleccionado una imagen; sobre la cual, espero, escribiré algo que me inquiete, interese o perturbe.

Eso que me inquiete, interese o perturbe, supongo, vendrían a ser mis propios demonios.

Inconscientes demonios.

 

Las palabras anteriores est√°n bien, es un buen inicio,¬†pero debo ser honesta: el tema de los demonios surgi√≥ al ver la imagen que acompa√Īa este texto.

Un duendecillo, que también podría ser llamado demonio, sacando de sí más demonios.

Vaya literalidad.

Vi el dibujo y pens√©:¬†“Sacar los demonios”. As√≠ de simple.

 

Pero algo pasa.

Algo falta en este texto.

Está faltando, como se lee, la parte trivial, banal, la parte personal, mi mirada, mi voz, o lo que provenga de mi cabeza, de esta cabeza que se supone distinta a otras cabezas pero que, sospecho, se parece tristemente a cualquier cabeza, eso misterioso que vendría a ser mi propio demonio, o propios demonios.

Falta sacar al demonio.

 

Por lo mismo, vamos a la imagen:

Un duendecillo que pare cabezas voladoras.

Un duendecillo que atrapa las cabezas que expulsa y luego se las come para volver a parirlas y volver a comerlas.

‚ÄúUn duendecillo que se come a s√≠ mismo‚ÄĚ, dir√≠a un docto de la academia, experto en ponerle t√≠tulos a ensayos literarios.

Un duendecillo que soy yo, comi√©ndome¬†a m√≠ misma y mis demonios, podr√≠a decir alg√ļn amante de los simbolismos.

 

A todo esto, debo destacar, que el gorro del duendecillo hace que le diga duendecillo al personaje, y no demonio, derechamente.

Un gorrito bastante atractivo y juguetón, un gorrito de feria de circo.

Un gorrito flexible y amistoso.

Mas lo que me llamó profundamente la atención de toda esta situación no fue mi intento por sacar mis demonios (que intuyo, vendría a ser en este momento de mi vida, la poca paciencia o exageración), ni el duendecillo de la imagen, ni la brutalidad con que se come a sí mismo, ni su amistoso sombrerín: lo verdaderamente interesante de todo este asunto es  Alessandro Sicioldr, creador de la imagen.

Porque en el momento de descubrir su dibujo¬†‚ąíhecho con l√°pices sobre cart√≥n‚ąí¬†me sumerg√≠ en una investigaci√≥n sobre su vida.

No me llam√≥ la atenci√≥n el aspecto de Alessandro Sicioldr¬†‚ąídestaco sus ojos‚ąí, ni los acontecimientos importantes de su vida¬†‚ąíun profesor de b√°sica le dijo a sus padres que √©l, Alessandro, deb√≠a ser exorcizado¬†(desde¬†ni√Īo¬†dibujaba duendecillos)‚ąí.

Nada me interesó, solo su edad.

Tiernos 28 a√Īos.

Es decir: con un a√Īo menos que yo, este prol√≠fico pintor italiano ha sido gestor de una numerosa obra.

Este joven, más joven que yo, repito una y otra vez su lozanía, ha logrado sacar 800 mil demonios y yo, en este texto, ni uno solo.

 

Pobre de mí, feliz de él.

 

Este joven, adem√°s, vive en Perugia, hermoso lugar de construcciones nobles, callecitas empedradas, arcos antiguos sobre callejones estrechos por donde no pasan autos, casas naranjas y paredes verdes, llenas de enredaderas.

Perugia, un lugar sin edificios de vidrios, ni tr√°fico, ni metros en horario punta. Un lugar sin se√Īoras con grandes carteras.

Entonces, sanamente, me pregunto en tono elevado: ¬°¬Ņqu√© te pasa¬†Alessandro Sicioldr?! ¬°¬Ņqu√© demonios puedes tener?!¬† ¬°te quejas por quejarte Alessandro Sicioldr!

Y, en una carta ficticia, le escribo:

‚Äú¬°Cuanto te odio a ti y tu Perugia, Alessandro! ¬°a ti y a tu duendecillo demon√≠aco!‚ÄĚ

 

En fin.

 

Falta la trivialidad, la banalidad, mi mirada, mi voz, o lo que provenga de mi cabeza, de esta cabeza que se supone distinta a otras cabezas pero que, sospecho, se parece tristemente a cualquier cabeza.

Falta sacar al demonio.

Para terminar repito, por √ļltima vez:

√Čl 28, yo 29, un a√Īo m√°s y muchas victorias menos.

Yo: 29, 29, 29.

Casi, casi 30.

+ Mar√≠a P√≠a Escobar (Asunci√≥n, 1989), Licenciada en Literatura, escribi√≥ el libro infantil ‚ÄúAnimales Americanos‚ÄĚ, finalista del Premio Municipal de Literatura y publicado por el sello editorial Hueders. Pr√≥ximamente publicar√° el libro ‚ÄúExagerados‚ÄĚ, en la editorial Saposcat.