P√°jaros y bares. Natalia Berbelagua

Veo desde la ventana un √°rbol florido. Los abejorros vienen a quitarle las flores blancas. Un vaso se qued√≥ colgado en una de las ramas en la √ļltima y extensa labor de jardiner√≠a: jugar al pasado con un azad√≥n, limpi√°ndome las gotas de la cara con la manga de la camisa, mirando al cielo de vez en cuando, como en el documental de la primera guerra cuando a las mujeres les toc√≥ trabajar el campo. Un par de jotes dan vueltas en c√≠rculos como esperando una muerte. En la tierra aparece una botella con un dise√Īo que ya no existe, la llevo al cementerio de vidrios que en alg√ļn tiempo m√°s ser√°n las murallas de una casa.

Los pájaros acechan a un pan clavado en uno de los palos de la cerca. Se han demorado dos semanas en acercarse, y así el pan se ha empapado con la lluvia y se ha vuelto a endurecer como una práctica humana amorosa. Después de un tiempo alguien se acerca a picotear un corazón.

El pueblo no me devuelve un lugar de esparcimiento m√°s que mi propio refugio. La biblioteca municipal es helada y tiene pocos libros. Entre los dos √ļnicos estantes hay un hervidor que deja los ejemplares sudados. Dejo m√°s cerca de la tetera el√©ctrica a los escritores que no me gustan. Podr√≠a ir al √ļnico caf√© que existe, pero est√° mal iluminado y lo atiende una mujer en la que no conf√≠o, entonces jam√°s podr√≠a entrar a leer y menos a escribir alguna cosa. La √ļnica cantina est√° habitada por unos diez hombres parecidos al Chacal de Nahueltoro, que me atemorizan con esas miradas met√°licas de alcoholismo, tan distintas a los ojos brillantes de mis amigos, que en vez de borrachos parecen santos. Mientras escribo suena algo en un caj√≥n del velador, como teniendo vida propia. Me hace recordar a V√≠ctor Hugo, que hac√≠a espiritismo con la mesa que estaba al lado de su cama. Lo dice Alfonso Daudet en una biograf√≠a que encontr√© en la calle y donde un escolar hab√≠a rayado en la portada que se quer√≠a matar. A m√≠ tampoco me gust√≥ el libro.

El bar es peor que muchos otros que pisé en Valparaíso. Peor que el 2120 y La sirenita, peor que el 777 en la Alameda, peor que el de Villa Alemana que ni siquiera mencionaré, peor que la shopería de Carmen con Marcoleta, peor que el lugar frente al terminal de buses.

Comenc√© a beber a los veinte a√Īos, antes de eso el alcohol me parec√≠a innecesario. Pero despu√©s le encontr√© un sentido racional y la transmisi√≥n cambi√≥ de volumen en medio del programa. De una voz de hilo a una ronquera media y s√≥lida, a convertirme en una buena int√©rprete de mi Francoise Sagan interior, a creerme Marguerite Duras y ser como un personaje de los cuentos de Luc√≠a Berlin. Y as√≠ mi cuerpo agotado y enfermo se recostaba en mi cama los domingos, para ver por televisi√≥n esos programas buc√≥licos sobre la vida rural. Tal vez Jacques Cousteau haya tenido que ver en mi infancia al punto que apareciera en las resacas de los sue√Īos l√ļcidos de la desintoxicaci√≥n.

He visto a gaviotas a las seis de la ma√Īana esperarme tras la puerta de la pieza, tambi√©n a un aguilucho mirarme una tarde entera en el puerto. A unas palomas observarme con malicia al amanecer. He ido de una fiesta a otra como lo har√≠a un picaflor, manteni√©ndome con las alas abiertas, batiendo las plumas para mantenerme en equilibrio. Pero tambi√©n he visto a p√°jaros matarse. Pasar volando en una bandada y no subir a tiempo y estrellar sus cuerpecitos en un ventanal. Cabezas de hombres que se golpean en las maderas de los bares, p√©rdidas de identidad y siestas en los bosques de Santiago, sin cuadernos, sin llaves, dejando una peque√Īa pluma pegada a un vidrio.

A los alcohólicos se les pide salir del círculo.

A los pájaros solo se les observa. Yo no sé quién tendrá el vuelo más feliz, el día en que tomen la presa. Pájaro menor, conejo, la lombriz de la poesía.

 

+ Natalia Berbelagua (Santiago, 1985). Ha publicado los libros de relatos Valporno (2012), La Bella Muerte (2013), Domingo (2015) y el poemario La marca blanca en el piso de un cuerpo baleado (2016). Valporno fue traducido al italiano por Edicola Ediciones. Ha publicado en diversas antologías, entre ellas We rock de Ediciones B y El arte de la sonrisa, de Suburbano ediciones, Miami. Actualmente imparte talleres literarios experimentales como narrativa autobiográfica y genealogía.
+ Imagen: James Ensor