Perder. Marcela Fuentealba

Pierdes un cuerpo y duele en la entra√Īas, el pecho, el cuello, las manos. Puedes estirar la espalda, estirarte lo m√°s que puedas para al menos pararte, soltar y tensar los m√ļsculos y los huesos ya sin libertad, sin la posibilidad del polvo enamorado, del encuentro que daba un sentido al calendario. Palabras de boleros, de tangos, de canciones de amor, todas las canciones llevan a las l√°grimas. En la ma√Īana el cerebro disparado o lo que fuere, en la cabeza nada m√°s que palabras para una comunicaci√≥n inexistente, palabras desde la maldita entra√Īa herida, del grito y del abrazo, el cuerpo perdido para siempre, marcado en el cuerpo que queda y pierde y resulta estar ah√≠ y ahora.

Se acaba toda comunicaci√≥n y ese cierre total tiene el efecto contrario: sigues escribiendo ya liberada de la respuesta, la comunicaci√≥n es pura expresi√≥n del deseo. Decir libera el peso del silencio, de la falta definitiva. Ni siquiera la fantas√≠a de ser o√≠do o visto, sino la desfachatez de mantener lo posible, aunque no lo sea. Imposibilidad de aceptar. So√Īar que le√≠a todo y sonre√≠a con ternura. Despertar buscando la piel. La ira, la tristeza. No soportar ni el nombre, que se repite como sombra. Imagina que telep√°ticamente toca palmo a palmo su cuerpo y besa su boca y su piel.

El terror de la imaginaci√≥n. No hay nada: un hombre perdido en una pel√≠cula. Todos los pensamientos debidos, las heridas comprendidas, los deseos amarrados, lamentar no dejar de pedir, de sentir, de necesitar. Nada. Como si la tierra hubiera sido devastada y no quedara resto humano. Las flores y los cantos brillan all√° y no hay fuerzas con el cuerpo partido. Rogar por un encuentro. No suceder√°, retumba. Cada vez m√°s lejos. El recuerdo falso de una playa fr√≠a o cierto de una calle soleada. Ning√ļn rastro, ninguna historia que contar. No hubo ni habr√°. Un hueco que estalla sigue estallando.

En el cuello, abajo a la izquierda, de la clav√≠cula por delante a la base de la cabeza, meses as√≠. El cuello suena si le doy una vuelta. Hace fr√≠o, aguanto. Si hiciera mucho m√°s fr√≠o y las ca√Īer√≠as estuvieran congeladas y yo hubiera perdido a mi amor. Y estuviera mal medicada, pobre, con pocos amigos. No es el caso. Hace calor y no creo que sobreviva. Quiero irme, desertar, hundirme lejos. Las flores no dejan de aparecer y los cantos cada d√≠a, de ser tan alegre me asombro. Apenas asoma un rastro. Algo blanco, ido. Nada. ¬†

+ Marcela Fuentealba (Santiago, 1973), periodista y editora de Saposcat.
+ Imagen: Antonia Daiber