Disoluci贸n. Ileana Elordi

Que la humanidad se embarque en una guerra contra un enemigo inerte parece un drama de fantas铆a. Pero nada de esto es fantas铆a, y para ganar esta batalla como especie humana debemos separarnos entre nosotros. Pero qu茅 guerra m谩s ex贸tica.

As铆 es. Estamos contra un enemigo que ni siquiera puede verse con el ojo. Un virus que se encuentra en el l铆mite de la definici贸n de la vida. Seres vivos, seres inertes, formas de vida. Los virus no tienen estructura celular pero se reproducen. Y este problema de clasificaci贸n no es solo un problema sem谩ntico o netamente formal, es que realmente no se sabe lo que son. Si evolucionaron independientes a los seres vivos o tambi茅n lo fueron en un tiempo remoto.

Solo por un asunto narrativo se hace m谩s llamativa la segunda teor铆a. Si es as铆, los virus se presentan como descendientes de un antiguo linaje de organismos vivos que poco a poco fueron simplific谩ndose y dejando todo atr谩s, incluso su estructura celular. En esta teor铆a, los virus se entienden como una especie de h谩lito de vida o de 煤ltimos sobrevivientes. Una especie de fantasmas que ya abandonaron todo su cuerpo.

Pero volvamos a nuestra trinchera. Siempre hemos sabido que nuestro mundo se apoya en entidades sutil铆simas: los mensajes del DNA, los impulsos de las neuronas, los quarks, los neutrinos errantes del espacio. Sin embargo ahora es como si estuvi茅ramos apoyados sobre lo m谩s leve y microsc贸pico que existe, y no nos deja de impactar c贸mo una 铆nfima hebra de ARN nos tiene completamente de rodillas. Y eso que el virus no est谩 hecho a nuestra medida. Hay aqu铆 un asunto de escala. Quiz谩s es por esto que en un principio algunas personas no cre铆an en esta pandemia. Se lo toman como irreal, un mal sue帽o. Pero ahora, que ya cambiamos nuestros comportamientos y nuestras ciudades est谩n vac铆as, es inevitablemente que miremos el mundo desde otra 贸ptica.

En este panorama desolador nos llenamos de predicciones. Que el virus va a derrocar el capitalismo (Slavoj Zizek) que el virus no va a derrotar al capitalismo (Byung-Chul Han), que nos vamos a volver m谩s cooperativistas o m谩s ego铆stas que nunca. No sabemos nada. 驴Y qu茅 hacemos? No queremos volvernos ap谩ticos y que la vida nos resbale. Tampoco ultra-conservadores y apegarnos sesgadamente a un discurso pro-vida como tantos que existen. Se vuelve dif铆cil mantener el equilibrio entre entender la muerte como un hecho inevitable entre esta pandemia que es completamente evitable.

En este per铆odo de miedo colectivo, tambi茅n llama la atenci贸n c贸mo la literatura parece renacer. Al parecer cuando nadie entiende lo que pasa, los libros logran iluminar el mecanismo de ciertos fen贸menos. Ahora todos queremos ser expertos en Camus. Mientras algunos ven en La peste (1947) una met谩fora sobre la ocupaci贸n nazi en Francia, otros simplemente ven una cr贸nica de la enfermedad que azot贸 a Argelia del siglo XIX, y otros un retrato de la solidaridad o qu茅 s茅 yo qu茅 otro valor moral que surge en los per铆odos de mayor adversidad.

En este libro todos los personajes tienen conflictos morales. En lo personal, creo que lo m谩s interesante en 茅l es la pandemia en relaci贸n a la religi贸n. Se ve en la transformaci贸n del personaje Paneloux,聽el cura jesuita. Es sabido que en ese entonces la peste se interpretaba como la c贸lera de Dios por los humanos pecadores. Paneloux ante los primeros brotes de la enfermedad acusa a las personas de ser las responsables de esta desgracia, pero despu茅s de presenciar la larga y agonizante muerte de un ni帽o vuelve a evaluar su fe y comienza a predicar otro serm贸n. Ya no habla de castigo. Ahora la peste manifiesta la opci贸n de transformar la desgracia en un bien potencial. En fin. Como sea. La religi贸n es una ficci贸n que durante siglos intent贸 dar explicaciones y manipular reacciones. La literatura en cambio es una ficci贸n que en vez de manipular, indaga de manera ambivalente y a la deriva. Abre el espacio sin adoctrinarlo. Y ahora que la religi贸n pierde cada d铆a m谩s su peso, la literatura qued贸 sola y tiene m谩s que nunca la opci贸n de desligarse de ese af谩n por soluciones, terapias o consuelos.

Ahora que ya no somos pecadores o que todos lo somos, frente a este virus todos tenemos que cambiar nuestros comportamientos indiscriminadamente. Movernos menos, ver el detalle de nuestros gestos. Detenernos antes de mover la mano por encima del ojo. Pensar en escala min煤scula. Quiz谩s, este nuevo modo de atenci贸n de paso a una nueva est茅tica. Ya no de grandes discursos ni promesas grandilocuentes, sino la posibilidad de abocarnos a lo micr贸scopico y a lo leve, a lo lento y a lo curvo. Sobretodo ahora que los pumas bajan a las ciudades que est谩n m谩s tranquilas, y los c贸ndores vuelan sobre las terrazas de algunas casas.

El miedo tiende a transformarse en odio y 鈥渟er l煤cido es ver lo 铆nfimo鈥 dicen por ah铆. Eugenio Montale en un poema bastante apocal铆ptico escribe: 鈥淐onserva el polvo del espejo / a煤n apagadas todas las l谩mparas鈥. En este poema, Montale da valor a la vivacidad y a la movilidad de la inteligencia a trav茅s de los gestos m谩s tenues. Lo importante, es que lo hace sin importar si estos son los m谩s proclives a desaparecer, o por el contrario, los 煤nicos que logren escapar de la condena de la desgracia y la pesadez.

 

Ileana Elordi (Santiago, 1990). Autora de la novela 鈥淥ro鈥 (Emec茅 Planeta) y 鈥淎ntolog铆a Noreste鈥 (Ediciones Lastarria).

Imagen: F.Gonz谩lez Torres