Acto de independencia: la cuesti贸n de la tele. Sim贸n Ergas

Me romp铆 una rodilla durante un partido de f煤tbol por lo que estoy cojo. No puedo acercarme a ninguna manifestaci贸n. Mucho menos hubiera levantado el cuerpo con la gimnasia necesaria para una evasi贸n masiva. Desde el d铆a viernes mi 煤nica forma de acceso a los acontecimientos, adem谩s de las redes sociales (inmediatas y desprovistas de filtro pero tambi茅n inciertas), ha sido la televisi贸n, el cuadrado dominante, la ventana al mundo que mejora y mejora su calidad de representaci贸n, crece su tama帽o respecto a nuestros ojos, entretiene y acent煤a el consenso social. Todos los gobiernos y actores con intenci贸n de liderazgo saben que el medio m谩s eficaz de transmitir ideas es la televisi贸n. Incluso nosotros, espectadores, lo sabemos. Mientras hablan esas voces con estudiados matices de acentuaci贸n y relevancia, sus im谩genes recortadas en el enfoque exacto, su dise帽o gr谩fico y la m煤sica con la que dramatizan antes de anunciar un ESTADO DE EMERGENCIA, nosotros los espectadores somos arrastrados por la pasi贸n tr谩gica, la ilusi贸n art铆stica que estremece, nos vamos con ellos, la cabeza se escapa de su lugar y vuela junto a las ondas que transmiten por antenas. Volamos y descansamos en las nubes de la no responsabilizaci贸n, recibimos aquellas opiniones ya fabricadas que nos ayudan a tomar una posici贸n antes de que sea doloroso profundizar. Se acaba la posibilidad de pensar y contactarse. All谩 arriba, donde flotan las ondas televisivas, todo queda lejos y esas ondas son las 煤nicas que llevan alguna pista matizada de la realidad.

El d铆a viernes, despu茅s de una idea preciosa de evasi贸n masiva al Metro de Santiago, como dijo el presidente del sindicato de Metro culpando a las autoridades por su actitud, el caos vial se transform贸 en uno social. Hab铆a una exigencia. Hab铆a una forma de manifestaci贸n creativa que, predecible, ser铆a enfrentada con la fuerza policial. Luego aparecieron algunas barricadas y los primeros incendios. Nadie del gobierno hablaba. Nadie daba su opini贸n. Reprimieron la evasi贸n masiva pero durante las quemas nadie acudi贸, como si eso permitieran hacerlo. Entonces, obviamente no televisado, en medio del desconcierto el presidente fue visto en una pizzer铆a. Lo que cre铆mos, con lo que brome谩bamos, lo que memetiz谩bamos se hizo evidente: no le importa nada. Todo explot贸 y eso s铆 fue televisado.

Hubo destrozos, pero primero una manifestaci贸n espont谩nea, necesaria y popular de la que est谩bamos siendo parte. Yo no, yo estoy cojo, solo vi esto por televisi贸n. Estuve viendo im谩genes todo el fin de semana. Desorden en las calles, muchos incendios, enfrentamientos, ninguna gu铆a, al comienzo ninguna aparici贸n de la autoridad, como si no quisieran quemarse, como cuando asesinaron a Catrillanca y mintieron; muy pocas ideas, ninguna b煤squeda de las causas, de lo que est谩 viviendo Chile para llegar a esto, y muchos saqueos, incontables personas cargando lavadoras, televisores, refrigeradores, colchones, papas fritas, sin ninguna exploraci贸n de c贸mo el neoliberalismo ha explotado nuestro deseo hasta hacerlo desenfrenado, un saqueo que responde a la violencia del m谩rketing y el materialismo. Sigo con la televisi贸n: muchos escombros, los militares en las calles recorriendo con tanquetas, llamas inapagables, buses en ruinas, un dudoso desabastecimiento, las amenazas de lo largo que ser铆a recuperar la normalidad, pero nada de lo que ocurri贸 el s谩bado en la ma帽ana donde familias cacerolearon sin que hubiera ning煤n conflicto ni enfrentamiento mientras no llegaran polic铆as.

El s谩bado por la noche, volviendo a ocurrir la insurgencia, no las manifestaciones sino el levantamiento incendiario 鈥搎ue no tiene nada que ver con las demandas ciudadanas, aunque s铆 son consecuencia del mundo que quisi茅ramos cambiar鈥, segu铆a cojo, haciendo ejercicios kinesiol贸gicos, mirando televisi贸n, poniendo hielo en mi rodilla, escuchando helic贸pteros, sirenas, gritos y en la pantalla el cron贸metro del horror: media hora para el toque de queda. 驴Nos iban a disparar? Pocas veces, quiz谩s nunca, sent铆 algo as铆: mi garganta inflamada hasta asfixiarme. La voz de los periodistas tan certeros, tan claros, tan due帽os de la verdad. Su verdad transmitible con sencillez me entraba por los o铆dos, hablaban de delincuencia mientras en la pantalla segu铆a la gente corriendo con electrodom茅sticos y haciendo colas en las bombas de bencina. La palabra, insuficiente e imprecisa, era angustia. Una gran angustia por no poder juzgar nada. Una alteraci贸n del 谩nimo producida por una gran confusi贸n. El mensaje un铆voco del televisor me volv铆a contra m铆 mismo. No pod铆a permitir que me obligaran a tomar un bando. Me arm茅 de mis muletas y poco antes de las diez salimos cacerola en mano a la esquina, para sumarnos y de alguna manera dejarnos entender.

A medida que me acercaba o铆a los ruidos de las ollas, algunas con ritmo, otras desordenadas, autos que hac铆an sonar sus bocinas en apoyo a un movimiento, compartiendo el sentimiento de una sociedad que ha sido mercantilizada hasta su m谩s peque帽o detalle. Mientras en televisi贸n segu铆a la voz de Mat铆as del R铆o rega帽ando a las personas por tener necesidades, o aparec铆an el ministro del Interior o el de Defensa tambi茅n ret谩ndonos por no ser capaces de encontrar m谩s salidas en su juego del cr茅dito y la privatizaci贸n, afuera hab铆a personas. Apagu茅 la televisi贸n, no dej茅 m谩s espacio a la sincron铆a que hac铆a el caos, elimin茅 las voces de personajes que solo se venden a s铆 mismos, sal铆 como pude y afuera, golpeando ollas, estaba mi vecino, mi vecina, gente con la que no hablo mucho. Nos miramos las caras, compartimos algunas pastillas de menta, nos dimos cuenta de que por sobre los discursos transmitidos masivamente por los medios, discursos de clase, de raza, de diferencias etarias, nos encontramos en la calle queriendo lo mismo para un mundo que no lo ten铆a. En la vereda del frente otro vecino sali贸 a tocar sus ollas con dos ni帽os de diez a帽os que nos conmovieron. Vivimos una reuni贸n improbable bajo la imposici贸n del individualismo que gener贸 entre nosotros otra forma de comunicaci贸n: seremos c贸mplices de un cambio y no enemigos en una competencia mercantil. Eso, afortunadamente, tampoco va a ser televisado, as铆 saldremos a buscarlo y ser谩 la forma de volverlo a encontrar.

PD. Cuando se public贸 esta columna ya hab铆an disparado.

+Sim贸n Ergas es licenciado en Letras y Mag铆ster en Edici贸n. Editor en La Pollera Ediciones (Chile) y productor general de La Furia del Libro. Autor de las novelas De una rara belleza (2011), Tierra de aves acu谩ticas (2016) y del libro de cuentos cortos Delitos de poca envergadura (2017).