Diario viral. Wu Ming

+Este es un relato sobre el comienzo de vivir confinado por el virus COVID-19 en Italia, precisamente en Bolonia, del colectivo Wu Ming. Sus l√≠neas hist√≥ricas, pol√≠ticas y sociales no son conspirativas sino luminosas. ¬ŅEs posible protegerse del Coronavirus seg√ļn la comunidad y no la autoridad? Parece que s√≠.

Las mascarillas eran solo pantomima, no prevenci√≥n. La mayor parte de la gente lo hab√≠a entendido as√≠, o quiz√°s prevalec√≠a el miedo al rid√≠culo. Al fin y al cabo, Bolonia no dejaba de ser una ciudad que amaba estar siempre de punta en blanco. El hecho es que las mascarillas se ve√≠an pr√°cticamente solo en los peri√≥dicos o en las webs de los peri√≥dicos. Durante los primeros d√≠as se trataba siempre de personal sanitario, gente que trabajaba en hospitales. M√°s tarde lleg√≥ la avalancha de fotos con un te√≥rico ‚Äúvalor de shock‚ÄĚ (¬°ooooh!): gente con mascarillas delante del Duomo de Mil√°n u otros sitios famosos.

En Bolonia, la edición local del diario La Repubblica incluía todos los días fotos de gente que caminaba por las calles del centro con la mascarilla puesta. En realidad, se trataba siempre de un pardillo aislado, rodeado de otros y otras que no la llevaban puesta y que quizás lo compadecían.

Y, no obstante, Chiara, que trabajaba en una farmacia, nos hablaba de todas esas personas que entraban y le ped√≠an mascarillas, tras haber pasado por delante de al menos cinco carteles que avisaban que se hab√≠an agotado. Un conocido presum√≠a de haber comprado online un paquete de diez mascarillas, para toda la familia, ya a principios de febrero. Comprar la mascarilla era una forma de sentirse eficientes, preparados para la batalla. Homologados y, por tanto, m√°s seguros. Se deseaba un objeto solo porque lo deseaban los dem√°s. Un mix de consumismo y paranoia. Very emiliano [gentilicio de Emilia, una de las dos √°reas que componen la regi√≥n de Emilia-Roma√Īa, N. del T.].

La mascarilla era el equivalente individual de las ‚Äúmedidas de prevenci√≥n‚ÄĚ impuestas a la ciudadan√≠a. No era necesario pon√©rsela. Lo importante era el gesto. Como algunos heroin√≥manos, que mantienen la adicci√≥n a pincharse a√ļn sin inyectarse la cosa. Cuando volv√≠as a casa, te olvidabas, met√≠as la mascarilla en un armario y si te he visto no me acuerdo. Pura funci√≥n apotropaica. Un talism√°n. Mientras tanto, precisamente en la cola de la farmacia, pod√≠as contagiarte del virus. La acci√≥n preventiva que acaba produciendo justo lo que pretend√≠a evitar.

El 23 de febrero por la noche recorrimos dos barrios ‚ÄĒNavile y Porto‚ÄĒ en busca de mascarillas. Pocas horas antes hab√≠a llegado la ordenanza del gobernador de la regi√≥n, Stefano Bonaccini [miembro del Partido Democr√°tico, recientemente reelegido, N. del T.], tan tajante como ambigua en su formulaci√≥n, en parte debido a un inquietante ‚Äúetc√©tera‚ÄĚ:

‚ÄúSuspensi√≥n de iniciativas de cualquier tipo, de eventos y de cualquier forma de agrupaci√≥n en lugares p√ļblicos o privados, incluidos aquellos de naturaleza cultural, l√ļdica, deportiva, etc., que se desarrollen tanto en espacios cerrados como abiertos al p√ļblico [‚Ķ]‚ÄĚ.

No hab√≠an escrito ‚Äúpol√≠tica y sindical‚Äú, pero en el etc√©tera muchos hab√≠amos le√≠do exactamente eso. ‚ÄúEl 29 hay una manifestaci√≥n por Orso en [el barrio de] Cirenaica‚ÄĚ, se dec√≠a en las listas de correo. ‚Äú¬ŅQu√© har√°n? ¬ŅMandar√°n a los antidisturbios para cargarnos por ser untori, contagiadores con alevos√≠a?‚ÄĚ.

La ordenanza prosegu√≠a:‚Äúcierre de los servicios educativos para la infancia y de colegios y escuelas de cualquier tipo y nivel, adem√°s de las actividades educativas y de formaci√≥n superior, cursos profesionales, m√°sters, cursos para las profesiones sanitarias y universidades para la tercera edad, exceptuando a los m√©dicos en formaci√≥n y estudiantes en pr√°cticas de las profesiones sanitarias, y manteniendo las actividades formativas que se desarrollen a distancia [‚Ķ] Suspensi√≥n de los servicios de apertura al p√ļblico de museos y de otras instituciones y lugares de la cultura‚ÄĚ.

Los museos… pero no las bibliotecas. Nosotros mismos, en los días siguientes, seguimos trabajando en la sala de lectura de una biblioteca de barrio, llena hasta los topes.

La ordenanza estaba llena de sinsentidos y agujeros, tanto que al d√≠a siguiente una circular aplicativa intentar√≠a poner parches, con el √ļnico resultado de generar una situaci√≥n a√ļn m√°s contradictoria y surreal.

Hablábamos de los barrios que habíamos recorrido. La Bolognina estaba llena de gente. En Piazza dell’Unità se jugaba al baloncesto y se charlaba en corrillos, como siempre. Justo al lado, un supermercado estaba abierto y lleno de gente, como siempre. Nadie llenaba el carro de forma obsesiva, nadie llevaba mascarilla. Había estantes medio vacíos, pero el domingo por la noche siempre es así. Solo el restaurante chino, la noche anterior, tenía un aspecto distinto. En un sábado normal, era imposible encontrar una mesa libre sin haber reservado antes. Ese día, en todo el local, había solo un par de mesas ocupadas por clientes.

Para compensar, había chinos por todas partes, como era normal en el barrio de Bolognina, y no había nadie que los evitara o les gritase. La emergencia sanitaria no volvía racista o xenófobo a quien no lo era. Como mucho, hacía que emergiera un racismo latente, que usaba el virus como pretexto para desfogarse.

Un atardecer de una belleza desconcertante te√Ī√≠a el cielo de escarlata y carm√≠n, y pon√≠a en contraste la estaci√≥n de trenes, volvi√©ndola totalmente negra, vista desde el puente Matteotti, y transfigurando todo el paisaje a su alrededor. El d√≠a despu√©s, ver√≠amos de nuevo esos colores en la versi√≥n online de La Repubblica, como fondo de puestos de control y gente con mascarilla, como en la postal de una pel√≠cula apocal√≠ptica de serie B.

Al norte del puente, la Bolognina; al sur, Via Indipendenza subía hasta el Neptuno. Entramos en la estación y comprobamos que estaba llenísima de gente. Tampoco allí se veían mascarillas. Nos encontramos con De Bellis, un viejo conocido, e intercambiamos rápidamente opiniones sobre la psicosis del coronavirus… Pero sin rastro de éste a nuestro alrededor.

Normalidad también dentro del supermercado de la estación, sin acaparamientos, había quien compraba solo tres cervezas, una bolsa de patatas… Fuera de la estación, los bares de siempre, las pizzerías, las heladerías… Todo como de costumbre.

Via Indipendenza, Via dei Mille, Piazza dei Martiri, Via Marconi‚Ķ All√° en lo alto, la silueta oscura de Via Aldini. Multitud de cuerpos paseando. Ni√Īas y ni√Īos que volv√≠an disfrazados de fiestas de carnaval, con sus padres.

Progenitores tranquilos y sonrientes. Y, no obstante, seg√ļn nos contaban, en los chats de padres y madres ‚ÄĒel aut√©ntico infierno del dark web contempor√°neo‚ÄĒ se hab√≠a desencadenado la locura, en ellos se expresaba un aut√©ntico deseo de fascismo profil√°ctico, y el terror por lo que podr√≠a sucederles a los ni√Īos.

Los centros comerciales y los supermercados funcionaban as usual. Aquella tarde, un amigo hab√≠a ido al Ikea y hablaba de la sempiterna masa de cuerpos que avanzaban siguiendo las flechas, entre peque√Īas habitaciones de ni√Īos virtuales y comedores habitados por espectros de familias. Bruno se hab√≠a pasado por el hipermercado de Lame, en las afueras de la ciudad: lleno hasta los topes. En los gimnasios ‚ÄĒcon vitrinas que daban a la calle‚ÄĒ la gente se entrenaba como de costumbre: sudaban, respiraban el aliento de los dem√°s, se desnudaban y se duchaban en espacios comunes.

Que quede claro, no estamos diciendo que ten√≠an que cerrar tambi√©n los gimnasios. Al contrario, intentamos hacer ver que el objetivo de la ordenanza no era la prevenci√≥n. Teniendo en cuenta situaciones como la de los gimnasios, ¬Ņqu√© prevenci√≥n pretend√≠an hacer?Los cierres que se hab√≠an anunciado a bombo y platillo eran sanitariamente in√ļtiles, como hab√≠a sido in√ļtil bloquear los vuelos, crear puestos de control en las calles, poner a polic√≠as y a militares vestidos de camuflaje a marchar de un lado para otro.

Italia era el √ļnico pa√≠s europeo que hab√≠a bloqueado los vuelos desde China. Nada m√°s que teatro, adem√°s de un caramelito para contentar a los idiotas y conspiranoicos que gritaban: ‚Äú¬°Cerrad las fronteras!‚ÄĚ. Una medida facil√≠sima de entender, pero de ninguna utilidad, m√°s a√ļn, contraproducente. En todas las epidemias se han hecho las mismas cosas, con el piloto autom√°tico, a pesar de todos los estudios que demuestran su inutilidad, e incluso su potencial da√Īino.

En 2003, en plena epidemia de SRAG [S√≠ndrome Respiratorio Agudo Grave], Canad√° hab√≠a malgastado m√°s de 7 millones de d√≥lares en controlar a los pasajeros que llegaban al pa√≠s‚Ķsin encontrar ni una sola persona contagiada. Seg√ļn conclu√≠a un estudio publicado en la revista Emerging Infectious Diseases, habr√≠a sido m√°s √ļtil invertir todo ese dinero directamente en la sanidad p√ļblica.

Seis a√Īos despu√©s, en plena alarma por la gripe ‚Äúporcina‚ÄĚ, Australia hizo lo mismo: militariz√≥ ocho aeropuertos y control√≥ a casi dos millones de pasajeros que llegaban por primera vez o que volv√≠an al pa√≠s. Todo para identificar a 154 personas que quiz√°s ten√≠an alguna forma leve de gripe. Tambi√©n en aquel caso, seg√ļn quienes analizaron a posteriori la historia, se hab√≠an derrochado preciados recursos, quit√°ndoselos a la sanidad p√ļblica.

La misma inutilidad se hab√≠a ostentado con la gripe aviar, el √©bola y, con el propio COVID-19 en China en los dos √ļltimos meses. Tambi√©n en Italia asist√≠amos a un gigantesco derroche de dinero p√ļblico, gastado en militarizaci√≥n, puestos de control y patrullas, en lugar de usarlos para potenciar la sanidad p√ļblica ‚ÄĒdebilitada tras treinta a√Īos de ‚Äúempresarizaci√≥n‚ÄĚ, recortes y externalizaciones‚ÄĒ y prepararla ante una agudizaci√≥n de la crisis.

La eficacia sanitaria de los ‚Äúlockdowns‚ÄĚ territoriales, es decir, de la cuarentena de masas, tambi√©n hab√≠a sido puesta en cuesti√≥n por parte de varios estudios. Por mucho que fuese contraintuitivo, algunas investigaciones parec√≠an demostrar que los ‚Äúlockdowns‚ÄĚ de las zonas de alto riesgo aumentaban el n√ļmero de contagios y la extensi√≥n de la epidemia.

No, la prevenci√≥n ‚ÄĒpor lo menos en sentido estricto‚ÄĒ ten√≠a poco que ver, como suced√≠a con las mascarillas. ‚ÄúCerrarlo todo‚ÄĚ ten√≠a una finalidad a corto plazo distinta de la que se hab√≠a proclamado a los cuatro vientos, y ten√≠a adem√°s una funci√≥n sist√©mica, objetiva, a largo plazo, de la que Bonaccini y su gobierno ‚Äďas√≠ como sus hom√≥logos en otras regiones‚Äď eran tan solo ejecutores semiconscientes.

La finalidad a corto plazo era hacer teatro: exhibir ‚Äúpreparaci√≥n‚Äú y ‚ÄĚnervio‚Äú ante las c√°maras, mostrar que ‚ÄĚse estaba actuando‚Äú, importaba poco si chapuceramente y sin organizaci√≥n, lo importante era actuar, ¬°enseguida! ‚ÄĚEnseguida‚Äú era la palabra m√°gica ‚Ä̬°Lo ha hecho bien Bonaccini porque se ha movido enseguida!‚Äú. El otro concepto viral era: ‚ÄúMejor demasiado que demasiado poco‚ÄĚ. Comentarios con muchos me gusta.

La representación más plástica de esa actitud la dio el gobernador de la región de Las Marcas que, hablando en una rueda de prensa, había anunciado en un primer momento el cierre de todos los colegios e institutos, para echarse atrás pocos minutos más tarde, tras haber recibido en directo una llamada del Gobierno estatal. Las decisiones drásticas servían simplemente para cubrirse el culo y correr un velo sobre la torpeza habitual.

Por otro lado, la funci√≥n sist√©mica ten√≠a que ver con la biopol√≠tica, con el gobierno de los cuerpos y el control de la poblaci√≥n. Como toda ‚Äúemergencia‚ÄĚ inflada artificialmente, tambi√©n √©sta era √ļtil para establecer un precedente.

‚ÄúCerrarlo todo‚ÄĚ ‚ÄĒo m√°s bien, fingir que se cerraba todo‚ÄĒ no serv√≠a para nada, pero en cuanto la situaci√≥n mejorase, los pol√≠ticos les dar√≠an el m√©rito a las medidas tomadas. El ajetreo rutinario empezar√≠a de nuevo, pero con m√°s control, m√°s vigilancia, y con la idea compartida de que de un d√≠a para otro se pod√≠a bloquear la cultura, prohibir cualquier reuni√≥n, asociaci√≥n, ‚Äúconcentraci√≥n‚ÄĚ de personas no finalizada al mero consumo, con el consenso de una opini√≥n p√ļblica atemorizada (‚Äú¬°Algo habr√° que hacer!‚ÄĚ). O, m√°s precisamente, con el consenso de los medios de comunicaci√≥n y una minor√≠a ruidosa de paranoicos, que creaban el efecto de una opini√≥n p√ļblica atemorizada.

En su obra maestra Vigilar y castigar (1975), Michel Foucault describ√≠a un ‚Äúlockdown‚ÄĚ del siglo XVII:”He aqu√≠ [‚Ķ] las medidas que hab√≠a que adoptar cuando se declaraba la peste en una ciudad. En primer lugar, una estricta divisi√≥n espacial: cierre, naturalmente, de la ciudad y del terru√Īo, prohibici√≥n de salir de la zona bajo pena de la vida, sacrificio de todos los animales errantes; divisi√≥n de la ciudad en secciones distintas en las que se establece el poder de un intendente. Cada calle queda bajo la autoridad de un s√≠ndico, que la vigila; si la abandonara, ser√≠a castigado con la muerte. El d√≠a designado, se ordena a cada cual que se encierre en su casa, con la prohibici√≥n de salir de ella so pena de la vida.

El s√≠ndico cierra en persona, por fuera, la puerta de cada casa, y se lleva la llave, que entrega al intendente de secci√≥n; √©ste la conserva hasta el t√©rmino de la cuarentena. Cada familia habr√° hecho sus provisiones; pero por lo que respecta al vino y al pan, se habr√° dispuesto entre la calle y el interior de las casas unos peque√Īos canales de madera, por los cuales se hace llegar a cada cual su raci√≥n, sin que haya comunicaci√≥n entre los proveedores y los habitantes; en cuanto a la carne, el pescado y las hierbas, se utilizan poleas y cestas. Cuando es absolutamente necesario salir de las casas, se hace por turnos, y evitando todo encuentro. No circulan por las calles m√°s que los intendentes, los s√≠ndicos, los soldados de la guardia, y tambi√©n entre las casas infectadas, de un cad√°ver a otro, los ‚Äúcuervos‚ÄĚ, a los que es indiferente abandonar a la muerte. Son estos ‚Äúgentes de poca monta, que trasportan a los enfermos, entierran a los muertos, limpian y realizan diversos oficios viles y abyectos‚ÄĚ. Espacio recortado, inm√≥vil, petrificado. Cada cual est√° pegado a su puesto. Y si se mueve, se juega la vida, contagio o castigo”.

El hecho de no preocuparse de la suerte de los ‚Äúcuervos‚ÄĚ ‚ÄĒenfermeros, camilleros, auxiliares sanitarios‚ÄĒ un√≠a aquel reglamento de los tiempos de la peste a los d√≠as del COVID-19 en Italia. Pocos parec√≠an preocuparse por el enorme trabajo realizado en hospitales y laboratorios, por los turnos dobles y triples, por el desgaste psicof√≠sico de trabajadores y trabajadoras en un sector en sufrimiento desde hac√≠a tiempo.

¬ŅPor qu√© Foucault hab√≠a escrito de una cuarentena del siglo XVII? Porque la l√≥gica de entonces sobrevivi√≥ a la peste, la cuarentena se mantuvo como una posibilidad, como una opci√≥n siempre practicable en la relaci√≥n entre poderes p√ļblicos y cuerpo social. Aquella normativizaci√≥n del espacio urbano, las vidas y los cuerpos hab√≠a abierto el camino a la consolidaci√≥n de las sociedades disciplinares de los siglos XIX y XX.

Y, no obstante, en ninguna parte del mundo, ni siquiera en Wuhan, hab√≠a casos mortales de menores. M√°s a√ļn, parec√≠a que los ni√Īos y ni√Īas fuesen casi inmunes al nuevo virus.

Quiz√°s quien volcaba en los chats esa ansiedad y esa furia, luego, por la calle, se comportaba como una persona racional. Tambi√©n √©se era un gesto apotropaico, supersticioso. De igual valor y sentido contrario al de quienes sosten√≠an que el virus era solo una broma pesada y hac√≠an continuamente juegos de palabras, difund√≠an memes sin freno, produc√≠an gilipolleces sin parar. El cinismo y la paranoia van de la mano, se nutren de la misma desconfianza, del mismo rechazo por cualquier llave de lectura del mundo. Sin llaves, no puedes entrar en ning√ļn sitio. Y si te entran ganas de cagar, lo √ļnico que puedes hacer es cagarte encima.

En cualquier caso, si uno no hubiera tenido un smartphone, caminando por la calle no se habr√≠a enterado de nada. ¬ŅQu√© ten√≠amos que concluir? Quiz√°s que, por lo menos en Bolonia, la paranoia estaba en gran parte confinada a la esfera medi√°tica y a las redes sociales.

La informaci√≥n mainstream hab√≠a sido la primera fuente de paranoia y ansiedad. En segundo lugar ‚ÄĒpero sigui√©ndola muy de cerca‚ÄĒ ese mood hab√≠a pose√≠do a la clase pol√≠tica, a los administradores locales y a una minor√≠a de las personas comunes. S√≠, por lo menos en Bolonia, parec√≠a una minor√≠a: personas generalmente de una cierta edad y solas, que cre√≠an todo aquello que ve√≠an en la televisi√≥n o en Facebook, y que se lanzaban a las farmacias para hacer acaparamiento de gel desinfectante.

Se estaba produciendo una enorme paradoja: la regi√≥n de Emilia-Roma√Īa hab√≠a dispuesto el cierre de (casi) todos los lugares de cultura y sociabilidad, aquellos donde se habr√≠a podido elaborar colectivamente la emergencia ‚ÄĒ colegios, museos, teatros, cines‚ÄĒ y prohib√≠a cualquier tipo de evento con un ‚Äúetc‚ÄĚ, mientras la gente segu√≠a amas√°ndose en las estaciones de trenes y en los espacios de consumo [situaci√≥n equivalente a la del Friuli-Venecia Julia, otra de las regiones ‚Äúperif√©ricas‚ÄĚ de la epidemia, N. del T.].

‚ÄúA la peste responde el orden; tiene por funci√≥n desenredar todas las confusiones: la de la enfermedad que se trasmite cuando los cuerpos se mezclan; la del mal que se multiplica cuando el miedo y la muerte eliminan a los perplejos. Prescribe a cada cual su lugar, a cada cual su cuerpo, a cada cual su enfermedad y su muerte, a cada cual su bien, por el efecto de un poder omnipresente y omnisciente que se subdivide √©l mismo de manera regular e ininterrumpida hasta la determinaci√≥n final del individuo, de lo que lo caracteriza, de lo que le pertenece, de lo que le ocurre. [‚Ķ] la penetraci√≥n del reglamento hasta los m√°s finos detalles de la existencia y mediado por una jerarqu√≠a completa que garantiza el funcionamiento capilar del poder; no las m√°scaras que se ponen y se quitan, sino la asignaci√≥n a cada cual de su ‚ÄĚverdadero‚Äú nombre, de su ‚ÄĚverdadero‚Äú lugar, de su ‚ÄĚverdadero‚Äú cuerpo y de la ‚ÄĚverdadera‚Äú enfermedad. La peste como forma a la vez real e imaginaria del desorden tiene por correlato m√©dico y pol√≠tico la disciplina‚ÄĚ.

Los ‚Äúlockdown‚ÄĚ del 2019-2020, in√ļtiles para el objetivo declarado, reforzar√≠an no obstante la toma del ‚Äúcapitalismo de la vigilancia‚ÄĚ, que realizaba una s√≠ntesis de sociedad disciplinaria y sociedad de control difuso.

En cualquier caso, en Italia no hab√≠a peste. Los pocos muertos que el COVID-19 hab√≠a producido ten√≠an casi todos m√°s de ochenta a√Īos y estaban ya debilitados por otras patolog√≠as. Probablemente el virus estaba presente en Italia desde hac√≠a semanas, mucha gente lo hab√≠a cogido ya y se hab√≠a curado, y otros se estaban contagiando sin entrar en los radares. Si no estabas ya mal, el virus pod√≠a hacerte da√Īo, pero lo superabas. En el fondo el cuadro cl√≠nico era muy parecido al de la gripe estacional que, cada a√Īo, solo en Italia, mata a unas 8000 personas, mientras que por ahora los muertos confirmados por COVID19 eran solo siete (7).

Los medios azuzaban a la gente a encontrar al misterioso ‚Äúpaciente cero‚ÄĚ, pero quiz√°s no lo encontraban porque se hab√≠a curado ya, y ser√≠a siempre ignorante respecto al propio estatus de primer contagiado.

¬ŅY qu√© era la b√ļsqueda del paciente cero si no una manifestaci√≥n m√°s de paranoia? Paranoico es quien, en lugar de preguntarse ‚Äú¬Ņqu√©?‚ÄĚ, se pregunta ‚Äú¬Ņqui√©n?‚ÄĚ. Paranoico no es quien teme a un poder totalitario que lo controla todo, sino quien lo evoca porque en realidad lo codicia, porque siente que se pudre, a su alrededor, toda credibilidad y todo significado.

Mientras tanto se dejaba sin tutelas especiales a las personas ancianas, es decir, a los sujetos en mayor riesgo, que se encontraban a merced de una información apocalíptica, de continuos bombardeos con imágenes de supermercados vaciados y de preciosísimas botellas de gel antiséptico imposibles de encontrar, empujándolos así a precipitarse a un llenísimo centro comercial, donde era más probable el contagio.

√Čramos el pa√≠s europeo con m√°s casos confirmados, pero quiz√°s era solo debido a que hac√≠amos tests como si cayeran del cielo. En toda Francia, sin despeinarse, hab√≠an hecho solo 800, mientras que solo en la peque√Īa ciudad de Lodi y sus alrededores nosotros hab√≠amos hecho ya m√°s del doble y pedido otros 4.000. Est√° claro que as√≠ encuentras gente enferma. Pero los medios insist√≠an machaconamente, una y otra vez, haciendo coberturas cada vez m√°s hist√©ricas, escribiendo titulares cada vez m√°s alarmistas, y as√≠ parec√≠a vivir la gran peste del 1348.

‚ÄĒ ¬ŅQu√© tendr√≠amos que hacer? ‚Äď nos hab√≠amos preguntado.

‚ÄĒ ¬°Escribamos el Decamer√≥n! [conjunto de cien relatos escritos por Giovanni Boccaccio en el siglo XIV ambientados durante una epidemia de peste negra, N. del T.]‚Äď Tampoco exageremos. Escribamos un diario colectivo de estos d√≠as.

Los medios mainstream, dominantes, eran los auténticos untori.Frente al nuevo coronavirus, la ya normalmente pésima información italiana había tocado el fondo de un nuevo abismo. Sus típicos tics se habían unido en una enorme bola de nieve que alimentaba la psicosis.

Incluso las noticias aparentemente tranquilizadoras, responsables, ‚Äúnada de p√°nico‚Äú, rellenaban el t√≠pico ‚Äús√°ndwich‚ÄĚ, insertadas entre afirmaciones y testimonios de signo contrario. Adem√°s, como suced√≠a siempre en estos casos, se azotaba al p√ļblico con la letan√≠a de los ‚ÄĚexpertos‚Äú, √ļnicos autorizados para iluminarnos sobre la soluci√≥n del problema. ‚Ä̬°No hagamos pol√≠tica, dejemos hablar a los t√©cnicos!”.

Pero en cuanto los t√©cnicos abr√≠an la boca, quedaba claro que:a) algunos, que desde hace tiempo se hab√≠an transformado en opinionistas televisivos y en estrellas de las redes sociales, eran ya esclavos del propio personaje y de las expectativas del p√ļblico;b) a fin de cuentas, las soluciones propuestas eran siempre pol√≠ticas y sociales, porque enfrentarse a una epidemia con mil o con diez mil camas en los hospitales es totalmente distinto, e invertir en puestos de control en las calles y no en el aumento de camas en los hospitales no es una decisi√≥n ‚Äút√©cnica‚ÄĚ, de expertos, sino pol√≠tica, de administradores;c) los potenciales o presuntos ‚Äúexpertos‚Äú eran miles y sus explicaciones a menudo se contradec√≠an, gener√°ndose as√≠ solo una mayor confusi√≥n y una fuerte predisposici√≥n a la conspiranoia, porque ‚ÄĚsi montan tanto esc√°ndalo, tiene que haber algo que no nos est√°n contando”.

Tambi√©n las consecuencias de ‚Äúcerrarlo todo‚ÄĚ eran pol√≠ticas y sociales.Pocos se preocupaban de los muchos que habr√≠an perdido el sueldo y, en algunos casos, tambi√©n el trabajo. Por otro lado, se alababa a algunos comerciantes chinos que hab√≠an decidido ‚ÄĒde mala gana‚ÄĒ cerrar sus negocios. ¬°Qu√© bonito gesto! El paternalismo hacia esos ‚Äúbuenos chinos‚ÄĚ recordaba mucho a aquello de los ‚Äúbuenos negros‚ÄĚ que hac√≠an voluntariado, trabajaban gratis, se merec√≠an nuestras caricias.

Los sindicatos ‚ÄĒtodos: confederales y de base‚ÄĒ hab√≠an se√Īalado que las incongruencias de la ordenanza de Bonaccini pon√≠an en riesgo a un gran n√ļmero de trabajadores y trabajadoras, sobre todo precarios.

Y la decisi√≥n de cerrar los colegios por un virus que no afectaba a los ni√Īos y masacraba sobre todo a los ancianos ‚ÄĒlos cuales, normalmente, no frecuentaban las aulas‚ÄĒ generaba una marea de problemas. Un amigo profesor nos hab√≠a descrito sus dificultades: ‚ÄúNo dar continuidad a las actividades did√°cticas en este momento del a√Īo escolar es un problema, os lo aseguro. Y ya para los chicos con discapacidad con los que trabajo‚Ķ Ni os cuento. Estos d√≠as estoy intentando mantener con ellos una rutina a domicilio que de alguna forma simule el colegio. Por ejemplo, deberes que todos los d√≠as me mandan por email‚Ķ Ya viven un tiempo desfasado y casi nunca sincronizado con el resto del mundo‚Ķ Imaginaos en estas situaciones‚ÄĚ. El 24 por la tarde hab√≠a llegado la circular de aplicaci√≥n. Parec√≠a escrita por Ionesco.

El criterio ‚ÄĒbastante aleatorio‚ÄĒ para prohibir algunas actividades y otras no parec√≠a ser la ‚Äúexcepcional concentraci√≥n de personas‚ÄĚ. Nada de manifestaciones, eventos culturales y deportivos, u otras ocasiones en las que se reun√≠a un cierto p√ļblico solo de vez en cuando‚Ķ pero permanec√≠an abiertos todos los mercados semanales. Y se manten√≠an las actividades de los centros deportivos y recreativos, centros de la tercera edad (a pesar de que muchos m√©dicos aconsejaban a los ancianos que se quedasen en casa), continuaban abiertos los huertos urbanos (donde se concentran sobre todo ancianos), etc.

En la televisi√≥n y en los peri√≥dicos todos hablaban de enfermedad y hospitales, pero nadie aprovechaba la ocasi√≥n para hablar de c√≥mo se hab√≠a erosionado la sanidad p√ļblica italiana en treinta a√Īos de ‚Äúreformas‚ÄĚ neoliberales.

Los decretos legislativos del 1992-93 introdujeron criterios empresariales y de management en la gesti√≥n de hospitales y centros sanitarios territoriales. As√≠, los hospitales m√°s destacados del pa√≠s o altamente especializados fueron desenganchados de las unidades sanitarias locales y transformados en ‚Äúempresas hospitalarias‚Äú; las mismas USLs [Unidades Sanitarias Locales] ‚ÄĒsustra√≠das a todo control por parte de los ayuntamientos‚ÄĒ se convirtieron en empresas, de propiedad p√ļblica, pero ‚ÄĚcon autonom√≠a emprendedora”. Esos mismos decretos iniciaron tambi√©n la regionalizaci√≥n de la sanidad.

De facto, se trataba de contrarreformas, dirigidas a minar la universalidad, capilaridad y gratuidad del Sistema Nacional de Salud tal y como se hab√≠a instituido en 1978. La contrarreforma Bindi de 1999 implement√≥ algunos y aceler√≥ todos los procesos de empresalizaci√≥n, fragmentaci√≥n, externalizaci√≥n e intromisi√≥n de intereses privados en la sanidad nominalmente p√ļblica.

Las consecuencias hab√≠an sido devastadoras: en base a las nuevas l√≥gicas presupuestarias, si un hospital no ‚Äúproduc√≠a‚ÄĚ hab√≠a que cerrarlo. En toda Italia se desmontaron cientos de ellos, casi siempre en zonas de provincia, igual que se cerraron miles de centros ambulatorios de especialidades. Se hab√≠an trasladado a decenas de kil√≥metros de distancia servicios esenciales, en algunos casos haci√©ndolos desaparecer del todo. Todas esas decisiones hab√≠an sido tomadas sin un orden coherente porque la historia era ya competencia de las distintas regiones. El servicio sanitario estatal era desde hac√≠a tiempo poco m√°s que una bonita idea.

La escasez de camas para la terapia intensiva era el leitmotiv de aquellos d√≠as del coronavirus, pero se presentaba esa escasez como un fen√≥meno ‚Äúnatural‚ÄĚ, inevitable. En lugar de decir que hab√≠a que invertir la tendencia, y reforzar los servicios sanitarios y el n√ļmero de camas, se invitaba a la gente a encerrarse en casa, pero igual no, depende, puedes ir aqu√≠ pero aqu√≠ no‚Ķ

Sobre todo, ning√ļn ‚Äúbusto parlante‚ÄĚ de la televisi√≥n, ninguna de las vedetes espectaculares que interpretaban el papel de ‚Äúexpertos‚ÄĚ hablaba de las causas sist√©micas de las recientes epidemias, de las repentinas difusiones de nuevos virus. Hacerlo habr√≠a significado realizar una cr√≠tica radical de la agresi√≥n capitalista al medio ambiente y viviente.

La gripe aviar, el SRAG, la gripe porcina y la enfermedad de las vacas locas emergieron de los c√≠rculos del infierno de la industria zoot√©cnica planetaria o, lo que es lo mismo, de la ganader√≠a intensiva, como resultado del tratamiento y, sobre todo, de la alimentaci√≥n que se les hab√≠a dado a los animales. El √Čbola, el zika y el West Nile hab√≠an entrado en contacto con los seres humanos por culpa de la deforestaci√≥n masiva y por la destrucci√≥n de los ecosistemas.

En lugar de aprovechar la ocasión para poner en discusión el sistema que causaba las epidemias, la crisis del COVID-19 se usaba como diversivo para no hablar del medio ambiente y del clima, precisamente mientras el invierno más seco y caluroso jamás registrado sembraba muerte. Lo había dicho alto y claro Fridays for Future Bolonia:

‚ÄúLa ciudad se moviliza con urgencia por la emergencia del Coronavirus, p√°nico descontrolado, se cierra la universidad y probablemente se anule cualquier tipo de evento esta semana. Y, no obstante, en Bolonia el l√≠mite diario de part√≠culas en suspensi√≥n se super√≥ m√°s de 11 veces solo en enero y el l√≠mite diario de las part√≠culas m√°s peligrosas para la salud humana (PM 2,5; 25 ¬Ķg/m¬≥), m√°s de 17 veces. Todos los a√Īos hay 30.000 nuevos casos de c√°ncer en Emilia-Roma√Īa, alrededor de 87 al d√≠a. Se estima que se producen unas 35-40 muertes al d√≠a por c√°ncer en la regi√≥n. ¬ŅY c√≥mo se responde a todo eso? Aprobando proyectos para la ampliaci√≥n de la circunvalaci√≥n y de la autopista, incrementando el tr√°fico en la ciudad con una movilidad p√ļblica insuficiente, cara y centroc√©ntrica. La realidad que pasa de puntillas es que el aire que respiramos cada d√≠a en Bolonia nos mata, pero aun as√≠ se toma la decisi√≥n de invertir en muerte, haciendo como si nada pasara, manipulando las noticias. ¬ŅPor qu√© se calla ante la crisis clim√°tica? ¬°Porque hay demasiados intereses en juego!‚ÄĚ.

Alguien se√Īal√≥ que los ‚Äúlockdowns‚ÄĚ en China hab√≠an producido una disminuci√≥n de las emisiones de CO2, e incluso por aqu√≠ el aire ten√≠a mejor olor. Pero era un efecto pasajero, que no afectaba a ninguna causa estructural.

Era necesario perforar la membrana de una informaci√≥n obsesionante, poner en el orden del d√≠a los problemas de fondo que hab√≠an sido eliminados. Hac√≠a falta volver a vivir y comunicar las luchas, m√°s all√° de la visi√≥n de Burioni [arrogante vir√≥logo italiano convertido en estrella medi√°tica, N. del T.] que desburionava y de Giovanna Botteri [corresponsal de la RAI en China, N. del T] que jadeaba, cual actriz melodram√°tica, tras una mascarilla. Mientras reflexion√°bamos sobre todo esto, el alcalde [de Bolonia], Virginio Merola declaraba:‚ÄúHay que aplicar la ordenanza y no perder el tiempo en discusiones‚ÄĚ. Para muestra, un bot√≥n.

+Traducción publicada en El Salto Diario. Crónica original publicada en el blog de Wu Ming

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+Imagen: Bologna la Rossa, Flavio Favelli, Corraini Editore