Vargas Llosa: La domesticación de un rebelde. Patricio Salinas A.

Texto y fotografía de Patricio Salinas A.
En la foto: Mario Vargas Llosa en Estocolmo, 1987

¬ęEn este momento, la humanidad tiene un privilegio que no tuvo nunca. Los pa√≠ses pueden elegir si quieren ser pr√≥speros o elegir ser pobres. Y las recetas est√°n ah√≠, probadas. Los pa√≠ses que reforzaron la propiedad privada, la empresa privada, el libre mercado y se abrieron al mundo han avanzado. Pero claro, tambi√©n se puede elegir ser pobres¬Ľ. Vargas Llosa en la Universidad Siglo 21, Buenos Aires 2019

Nadie o pocos ponen en duda la producci√≥n literaria y la calidad de Mario Vargas Llosa como narrador. Personalmente me inclino por el primer periodo de sus trabajos. Me refiero a La ciudad y los perros (1963), La Casa Verde (1966), Conversaci√≥n en la catedral (1969), Pantale√≥n y las visitadoras (1973), La t√≠a Julia y el escribidor (1978), La guerra del fin del mundo (1981), incluso La fiesta del Chivo (2000). Vargas Llosa sostiene a menudo que prefiere hablar sobre literatura y que no le gusta hablar sobre pol√≠tica. Sin embargo, en todos su a√Īos como escritor y ensayista siempre ha realizado declaraciones pol√≠ticas y en los √ļltimos decenios se ha transformado en un portavoz y defensor de la ideas liberales y neoliberales en Latinoam√©rica y Europa. En 1990 se present√≥ a candidato a la presidencia en Per√ļ, fue derrotado por Fujimori, quien m√°s tarde fue condenado a prisi√≥n, y desencantado por el recibimiento en su pa√≠s, Vargas Llosa volvi√≥ en 1993 a radicarse en Madrid. All√≠ recibi√≥ la nacionalidad espa√Īola y el rey Juan Carlos le entreg√≥ el titulo de marqu√©s de Vargas Llosa (2011). En marzo de 2016 celebr√≥ sus 80 a√Īos a lo grande, en el exclusivo Hotel Villa Magna de Madrid, que nada ten√≠a que envidiar a una celebraci√≥n al estilo Paris Hilton. All√≠ asistieron 400 invitados; entre otras celebridades, Jos√© Mar√≠a Aznar ex presidente de Espa√Īa, adem√°s de otros hom√≥logos como Sebasti√°n Pi√Īera (Chile), Andr√©s Pastrana (Colombia), √Ālvaro Uribe (Colombia) y Luis Alberto Lacalle (Uruguay). Tambi√©n otros pol√≠ticos de menor envergadura, como Mauricio Rojas, arropado por las figuras de Aznar y Pi√Īera. La vida privada de Vargas Llosa, en particular despu√©s de hacer p√ļblica su relaci√≥n con Isabel Presley (ex mujer de Julio Iglesias) se ha convertido en tema recurrente en las p√°ginas de la prensa rosa.

No siempre fue as√≠, aliado de los sectores m√°s conservadores. En el a√Īo 1965, Vargas Llosa se√Īala que ‚Äúla guerrilla en el Per√ļ es una consecuencia natural de las injusticias sociales que existen en nuestra sociedad y de la indiferencia mostrada por nuestros pol√≠ticos‚ÄĚ. “La Revoluci√≥n Cubana es, hoy mismo, una sociedad m√°s justa que cualquier otra sociedad latinoamericana y defenderla contra sus enemigos es, para m√≠, un deber m√°s apremiante que honroso”, manifestaba en 1971. En sus primeros trabajos, Vargas Llosa denuncia la injusticia social en Per√ļ. ‚ÄúMis novelas siempre han tenido que ver con la realidad peruana a√ļn cuando los acontecimientos no ocurran all√≠, como es el caso de La guerra del fin del mundo‚ÄĚ, se√Īala en una entrevista que realic√© con el escritor en 1987 y que se public√≥ en la prensa sueca (FIB nr 10).

En su libro La llamada de la tribu (2018) el escritor hace un recuento bibliogr√°fico de las lecturas y pensadores que han influido en su pensamiento liberal, que lo han llevado a ser un declarado detractor de gobiernos progresistas. Aborda a pensadores como Karl Popper, Isaiah Berlin, Raymond Aaron, Jos√© Ortega y Gasset, Jean-Fran√ßois Revel Adam Smith y Friedrich Hayek. Seg√ļn √©l, este ensayo ‚Äúdescribe mi propia historia intelectual y pol√≠tica, el recorrido que me fue llevando, desde mi juventud impregnada de marxismo y existencialismo sartreano, al liberalismo de mi madurez, pasando por la revalorizaci√≥n de la democracia a la que me ayudaron las lecturas de escritores como Albert Camus, George Orwell y Arthur Koestler‚ÄĚ.

Vargas Llosa afirma en su ensayo, entre otras cosas, que las pol√≠ticas de Margaret Thatcher y Ronald Reagan en los a√Īos ochenta fue lo mejor que les pudo pasar al Reino Unido y a Estados Unidos . En un texto escrito como homenaje a Thatcher en 1990, afirma que “la libertad pol√≠tica y la libertad econ√≥mica son una sola y que sin esta √ļltima es muy dif√≠cil, cuando no imposible, la creaci√≥n sostenida de la riqueza. Y, tambi√©n, que cuanto m√°s libre sea el funcionamiento del mercado y m√°s vasta su acci√≥n, estar√° mejor defendido el inter√©s general, armonizados m√°s sensiblemente los intereses individuales y sectoriales con los del conjunto de la colectividad”.

Vargas Llosa dijo en una entrevista reciente para la televisi√≥n alemana: ‚ÄúThatcher hace una verdadera revoluci√≥n en Inglaterra y le dio un extraordinario impulso social, pol√≠tico y econ√≥mico. La decadencia de Inglaterra se deb√≠a a la presencia invasora del Estado en la vida econ√≥mica y cultural (‚Ķ). Para m√≠ fueron a√Īos definitivos porque empec√© a leer a Hayek, a Popper, eran autores a los que Thatcher citaba‚ÄĚ.

En su admiración por los gobiernos de Thatcher y Reagan, Vargas Llosa no observa que una de las consecuencias desastrosas de ese modelo ha sido destruir las políticas de bienestar social y que ha llevado al empobrecimiento de grandes sectores de la población, los cuales han optado por la desconfianza en la democracia liberal hasta votar por la ultraderecha nacionalista y xenofóbica (lo que paradójicamente Vargas Llosa denomina regreso a la tribu). Vargas Llosa ignora a economistas críticos (no marxistas) como el norteamericano Joseph Stiglitz o el francés Thomas Piketty, que responsabilizan al modelo neoliberal del nivel de que la desigualdad económica en los países europeos sea hoy comparable al que había hace un siglo.

El principal denostador de Vargas Llosa es el analista y soci√≥logo argentino Atilio Bor√≥n, doctor en Harvard, quien sostiene en su ensayo El hechicero de la tribu¬†que el escritor demuestra la ausencia de rigor cient√≠fico y nula vocaci√≥n esclarecedora, a pesar de que esas son sus intenciones. Seg√ļn Bor√≥n, Vargas Llosa omite en sus argumentaciones que los due√Īos de los mercados y las ideas que los sustentan no desean profundizar la democracia sino, apenas, aumentar la libertad mercantil para el lucro irrestricto, incluso a costa de la descomposici√≥n de los tejidos sociales. Bor√≥n se√Īala: “Demuestro las inconsistencias en sus argumentos. Hay un hilo conductor a lo largo de todo el libro y es que el liberalismo es precondici√≥n necesaria, y te dir√≠a suficiente, para acceder a la conquista de la democracia. Esta es la tesis central: la experiencia hist√≥rica demuestra que eso no es as√≠ y que el liberalismo nunca ha desarrollado un proyecto democr√°tico‚ÄĚ.

Si bien es cierto que Vargas Llosa ha actualizado su discurso liberal, asumiendo que uno de los problemas b√°sicos de Latinoam√©rica es el de la corrupci√≥n. Fen√≥meno hoy evidente en pa√≠ses como Chile, que el escritor cita como ejemplo democr√°tico. En Per√ļ, Colombia, M√©xico y Argentina, por nombrar algunos, la corrupci√≥n se ha generalizado y no solo afecta a las instituciones de poder. Pero Vargas Llosa omite que uno de los principales problemas de las sociedades latinoamericanas, incluyendo su propio pa√≠s de origen, es la desigualdad de oportunidades para sus ciudadanos, la cual es creada precisamente por las pol√≠ticas neoliberales que se han implementado en todo el continente.

En su visita a Buenos Aires en marzo de este a√Īo, Vargas Llosa dijo que Argentina es uno de los pa√≠ses que eligi√≥ ser pobre a pesar de su riqueza y que las pol√≠ticas populistas llevaron a esa situaci√≥n. El Nobel peruano afirma que ‚Äúel marxismo es ya marginal en la vida pol√≠tica, pero no as√≠ el populismo, que corrompe las democracias desde dentro‚ÄĚ. Con Macri, seg√ļn el escritor, se est√°n haciendo reformas estructurales que har√°n posible, m√°s tarde, el despegue econ√≥mico de ese pa√≠s. Macri sigue la ‚Äúreceta neoliberal chilena‚ÄĚ, que ha convertido a Chile en uno de los pa√≠ses con m√°s desigualdad social en el mundo. Seg√ļn el Banco Mundial, en un informe del a√Īo pasado, Latinoam√©rica tiene 8 de los 10 pa√≠ses mas desiguales de la Tierra. Para medir la desigualdad, usaron el coeficiente de Gini, una medici√≥n que va entre 0 y 1, en donde 0 es equivalente a la completa igualdad: Hait√≠ 0,60; Honduras 0,53; Colombia 0,53; Brasil 0,52; Chile 0,50; Costa Rica 0,49; M√©xico 0,49. Se vuelve a equivocar Vargas Llosa cuando afirma que Argentina fue el primer pa√≠s que erradic√≥ el analfabetismo en la regi√≥n. Seg√ļn las estad√≠sticas, en 1947 se registraba un 13.6 % de analfabetos, en 1991 descendi√≥ hasta el 3.7 %, y en 2010, bajo el gobierno de Cristina Fern√°ndez, se lleg√≥ a un 1.92 %. Cuba fue el primer pa√≠s que erradic√≥ el analfabetismo en el continente latinoamericano.

Para Vargas Llosa, la denominaci√≥n de neoliberal ha sido un subterfugio y un eufemismo utilizado por la izquierda para desprestigiar el discurso liberal. Seg√ļn el escritor, este concepto fue introducido por los cr√≠ticos del mercado libre, los anticapitalistas y los marxistas. Contradictoriamente, defiende a Thatcher y Reagan, m√°ximos exponentes del neoliberalismo. Dice: ‚ÄúYo no s√© qu√© cosa es el neoliberalismo. Es una forma de caricaturizar el liberalismo, presentarlo como un capitalismo despiadado‚ÄĚ. A los ya conocidos neoliberales como Alexander R√ľstow, Walter Eucken, Milton Friedman y Friedrich Hayek, Vargas Llosa los ignora.

Una y otra vez, embriagado por su propio discurso, Vargas Llosa traspasa los l√≠mites de la ficci√≥n cuando se interna en el an√°lisis pol√≠tico y econ√≥mico. Su an√°lisis es altamente tendencioso e ignora las estad√≠sticas de organismos mundiales. Cae por momentos en la banalidad y su discurso suena a propaganda, algo que el autor dice detestar profundamente. No solo eso, en La llamada de la tribu hay falencias serias de conocimiento de los te√≥ricos liberales, cuesti√≥n delicada pues, seg√ļn la rese√Īa oficial, el ensayo es “una cartograf√≠a de los pensadores liberales que le ayudaron a desarrollar un nuevo cuerpo de ideas despu√©s del gran trauma ideol√≥gico que supuso, por un lado, el desencanto con la Revoluci√≥n Cubana y, por otro, el distanciamiento de las ideas de Jean-Paul Sartre, el autor que m√°s lo hab√≠a inspirado en su juventud”.

Hay un desconocimiento o una omisi√≥n al presentar a Adam Smith como absoluto detractor del rol del Estado. Si nos ce√Īimos a La Riqueza de las Naciones, el Estado se debe preocupar de tres obligaciones importantes: la defensa de la naci√≥n, la justicia, y establecer y mantener obras e instituciones p√ļblicas √ļtiles. En palabras del propio Smith: ‚ÄúDespu√©s de las instituciones y obras p√ļblicas necesarias para la defensa de la sociedad y de la administraci√≥n de Justicia, las principales son aquellas que sirven para facilitar el comercio de la naci√≥n y fomentar la instrucci√≥n del pueblo‚ÄĚ. (1776, libro V, p.639). Smith se√Īala que el Estado no debe intervenir si va actuar poniendo trabas, barreras y privilegiando solo a peque√Īos grupos, pues no permite que la econom√≠a se desarrolle naturalmente; tambi√©n afirma que su intervenci√≥n no est√° mal si pudiera ayudar al correcto funcionamiento de la econom√≠a y sirviera como complemento para corregir ciertas anomal√≠as. Es por eso que Smith cree que el Estado debe crear instituciones y obras √ļtiles a la sociedad. Smith habla de un nuevo rol del Estado y no de su indiferencia en temas econ√≥micos.

Atlio Bor√≥n afirma que Smith “era un hombre que cre√≠a fuertemente en la intervenci√≥n estatal, estaba a favor de los subsidios para proteger la industria textil en Inglaterra, a favor de un control f√©rreo de la circulaci√≥n de la moneda por parte de las autoridades p√ļblicas, de lo que dir√≠amos es un Banco Central. A favor, mir√° lo que te digo, de elaborar una legislaci√≥n que proteja a los inversionistas de su propia estupidez y no caigan en manos de banqueros inescrupulosos‚ÄĚ.

Con los a√Īos, Vargas Llosa ha traicionado el esp√≠ritu de sus propios personajes novelescos. Personajes que buscaban al menos dos respuestas frente al poder omnipotente: la rebeld√≠a y el sue√Īo. Justamente Vargas Llosa se ha transformado en un aliado √ļtil y domesticado del poder. Las oligarqu√≠as latinoamericanas, donde muchas veces el poder real esta en manos de un pu√Īado de familias, el rol y las afirmaciones de un intelectual como Vargas Llosa viene como anillo al dedo. Para mantenerse, estas estructuras poderosas no solo se sustentan en las armas, la polic√≠a, el ej√©rcito o el poder judicial, sino que tambi√©n necesitan a la prensa y a los intelectuales. La incorporaci√≥n de estos √ļltimos desde la esfera cr√≠tica a la l√≥gica del poder no es fen√≥meno desconocido. La dualidad a que los intelectuales se enfrentan, asumirse al poder o ser cr√≠ticos y anal√≠ticos de la sociedad donde viven, esta siempre presente, de por vida.

+ Patricio Salinas A.¬†Periodista cultural, fot√≥grafo, cr√≠tico, curador. Trabaja entre Estocolmo, Barcelona y Santiago de Chile. Ha sido publicado en medios como Dagens Nyheter, Aftonbladet y ETC en Suecia; La Vanguardia en Barcelona; y Clar√≠n en Buenos Aires, entre otros. Public√≥ el libro Los √ļltimos d√≠as de Walter Benjamin con Saposcat.