Volver a las redes verdaderas. Verónica Watt

Hay cosas que puedes ver una sola vez y que se quedan en tu memoria para siempre. Normalmente no entiendes por qu√© hasta que llega un momento en la vida en que ese recuerdo se activa nuevamente y aj√°, ah√≠ est√°: es como si tu yo te lo hubiese estado guardando todo ese tiempo para ese momento espec√≠fico (¬°Gracias yo-del-pasado!). Me pas√≥ con una intro de Seinfeld sobre la dificultad de hacer amigos pasados los 30: los amigos que tienes son los que hay -para bien o para mal- e incorporar gente nueva parece una tarea destinada al fracaso porque ya tienes tu vida armada, tus gustos definidos, tus ma√Īas. Cuando la vi por primera vez yo debo haber tenido unos veinte a√Īos y en ese momento Seinfeld se ve√≠a como un se√Īor con mal gusto para vestirse, que hablaba sobre cosas del d√≠a a d√≠a, complicadas a prop√≥sito para que fuesen humor√≠sticas. Me re√≠ del chiste, pero sin entenderlo del todo: a los veinte la idea de tener dificultad para conocer gente nueva o de siquiera tener que hacer el esfuerzo de buscar nuevos amigos es todav√≠a extraterrestre. Pero, triste iron√≠a, aqu√≠ estamos: pasados los 30 Seinfeld se ve cada vez m√°s joven, menos neur√≥tico, con un humor cercano a un realismo cruel m√°s que a la simple exageraci√≥n (sigue teniendo p√©simo gusto, eso s√≠).

De chica siempre tuve la expectativa de que sería lo contrario: que a medida que pasara el tiempo sería cada vez más fácil hacer nuevos amigos, conocer gente nueva.

Sorpresa: la realidad es contraintuitiva.

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Para empezar a pensar sobre nuestra vida social es importante aclarar un par de conceptos antes, as√≠ que disculpen la lata. ‚ÄúRedes sociales‚ÄĚ (distinto a ‚Äúredes sociales digitales‚ÄĚ o ‚ÄúRRSS‚ÄĚ) se refiere al conjunto de relaciones sociales directas que tiene una persona, como familiares, amigos y conocidos. La palabra ‚Äúdirectas‚ÄĚ implica que hay una relaci√≥n social entre el sujeto y el miembro de la red que se caracteriza por interacciones repetidas entre ellos y una representaci√≥n mental de la relaci√≥n como tal (o sea, que ambos ven y reportan su asociaci√≥n como una relaci√≥n). El concepto de ‚Äúredes sociales‚ÄĚ se distingue del de ‚Äúgrupos sociales‚ÄĚ porque no es una exigencia el tener relaciones sociales para ser parte de un grupo. La pertenencia a un grupo se puede dar sin interacciones repetidas y los grupos en general se orientan a la performance y a metas compartidas, mientras que esas no son caracter√≠sticas necesarias para definir a las redes sociales amistosas o familiares.

El tama√Īo de las redes sociales de las personas son un indicador de los recursos sociales con las que ellas cuentan y los mismos acaban repercutiendo en otros √°mbitos vitales, como por ejemplo en la salud, el bienestar y los logros de vida. Distintas relaciones pueden cumplir diferentes funciones, as√≠ que la cantidad de relaciones en subredes espec√≠ficas, como las familiares o laborales, tambi√©n son importantes. Por este motivo, mantener un c√≠rculo social saludable, sin importar la edad (o a pesar de ella), es relevante. ¬†

Hay dos teor√≠as que se hacen cargo de los cambios en las redes sociales a lo largo del ciclo de vida: la teor√≠a de la selectividad socioemocional y la teor√≠a del convoy social. Ambas predicen cambios similares, pero los atribuyen a causas diferentes. La primera describe c√≥mo las metas sociales y las relaciones sociales cambian debido a la modificaci√≥n de la perspectiva sobre cu√°nto tiempo restante de vida tenemos. La teor√≠a del convoy social sostiene que la gente mantiene una red de relaciones que los acompa√Īa a lo largo de la vida como un convoy, es decir, como compa√Īeros viajeros en la ruta de la vida. En este caso, las relaciones diferir√≠an en niveles de cercan√≠a y dependencia seg√ļn las circunstancias sociales. Ambas concluyen que mientras m√°s perif√©rica y menos cercana la relaci√≥n, m√°s disminuyen a lo largo del tiempo en la adultez, mientras que las relaciones cercanas con familiares y amigos persisten.

Un meta an√°lisis que incluy√≥ 277 estudios con 177.635 participantes que iban de la adolescencia a la vejez, intent√≥ responder a la pregunta sobre c√≥mo var√≠a el tama√Īo y composici√≥n de las redes sociales a lo largo de la adultez. Los resultados fueron consistentes y demostraron que:

a) la red social global -incluyendo las cercanas y periféricas- aumenta hasta la adultez joven y luego comienza a disminuir progresivamente hasta la vejez,

b) tanto las redes personales como las de amistades disminuyen a lo largo de la adultez,

c) la red familiar se mantiene estable desde la adolescencia a la vejez y

d) otras redes como las de los compa√Īeros de trabajo y los vecinos son importantes solo en rangos espec√≠ficos de edad.

O sea, el círculo se achica.

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Se habla mucho de lo importante que es tener un buen c√≠rculo social, pero pocas veces se le da relevancia a la importancia de la calidad de ese v√≠nculo. ¬†En un estudio de 7000 hombres y mujeres en el condado de Alameda, en California, se encontr√≥ que la gente que estaba desconectada de otras personas ten√≠a tres veces m√°s probabilidades de morir durante la extensi√≥n (de nueve a√Īos) del estudio que la gente con v√≠nculos sociales fuertes. Esta diferencia era independiente de la edad, sexo y estado de salud. Otro estudio encontr√≥ que quienes est√°n socialmente aislados y sufr√≠an de enfermedad arterial coronaria ten√≠an una tasa de mortalidad 2.4 veces m√°s alta que los que se encontraban socialmente conectados. La baja cantidad o calidad de v√≠nculos sociales est√° asociada a un mont√≥n de condiciones f√≠sicas y mentales, como enfermedades cardiovasculares, ataques al coraz√≥n, des√≥rdenes autoinmunes, presi√≥n alta, c√°ncer, estr√©s, depresi√≥n, ansiedad y sanaci√≥n lenta de heridas. O sea, estar conectado socialmente genera un loop de feedback positivo de bienestar social, emocional y f√≠sico. Aunque tambi√©n, no hay que ser simplistas: puede ser un ejemplo de la l√≥gica del huevo o la gallina, es decir, tal vez la gente sana f√≠sica y mentalmente es m√°s abierta a conectar con otros, tal vez las enfermedades y trastornos psicol√≥gicos da√Īan nuestra capacidad para hacer amigos.

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En su libro The Tipping Point, Malcolm Gladwell populariz√≥ el ‚ÄúDunbar‚Äôs Number‚ÄĚ, una cifra definida por Robin Dunbar relativa al tama√Īo del neoc√≥rtex y el l√≠mite de relaciones que puede mantener un sujeto. El volumen del neoc√≥rtex restringir√≠a la habilidad cognitiva de reconocer a otra persona como un individuo √ļnico, rescatar informaci√≥n e interacciones previas con la persona y comprender los v√≠nculos que ella mantiene con otras dentro de una red social.

La cifra m√°s conocida es 150: la cantidad de gente que llamamos amigos casuales, con la que podemos mantener relaciones interpersonales estables, ¬†gente a la que podr√≠as invitar a una fiesta grande (es un rango, m√°s bien, que considera 100 por lo bajo y 200 para los hipersociables). La cifra crece y disminuye seg√ļn una f√≥rmula de tres:

  • 50 es la cantidad de personas a las que llamamos amigos cercanos (la gente a la que podr√≠as invitar a una comida grupal, por ejemplo). Los ves seguido, pero no tanto como para considerarlos amigos √≠ntimos.
  • Luego viene el c√≠rculo de 15; los amigos con los que puedes contar cuando lo necesitas, a los que les puedes decir la mayor√≠a de las cosas.
  • El c√≠rculo m√°s peque√Īo es de 5: este es tu grupo de apoyo √≠ntimo, tus mejores amigos (con frecuencia familiares y pareja).

Al grupo de 5 les dedicamos el 40% de nuestro tiempo disponible para socializar y a unas 10 personas m√°s les dedicamos el 20%. Es decir, 2/3 de nuestro tiempo social lo pasamos con tan solo 15 personas. Por otra parte, los grupos se pueden extender hasta 500, que ser√≠an los conocidos, y hasta 1500, el l√≠mite m√°ximo absoluto de personas a las que les puedes poner un nombre y cara. Si bien los tama√Īos de los grupos son bastante estables, su composici√≥n tiende a ser fluida. Los cinco de hoy puede que no sean los cinco de la pr√≥xima semana: nos movemos a trav√©s de las diferentes capas sociales y a veces nos salimos de todas ellas por completo.

Cuando Dunbar hizo su estudio encontr√≥ evidencia antropol√≥gica e hist√≥rica consistente con su propuesta: el tama√Īo promedio de las sociedades modernas de cazadores-recolectores era de 148.4 individuos; los ej√©rcitos profesionales tienden a ser de 150 personas -desde el Imperio Romano al siglo XVI en Espa√Īa y al s.XX en la Uni√≥n Sovi√©tica-; y las tropas tienden a subdividirse en secciones m√°s peque√Īas de entre 10 y 15, mientras que los conjuntos de tropas forman batallones que van de 550 a 800.

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Ahora, ¬Ņc√≥mo nos afecta el uso de las plataformas sociales digitales como Facebook, Twitter e Instagram? ¬ŅSigue siendo el n√ļmero Dunbar v√°lido? ¬ŅSon acaso v√≠nculos distintos los digitales de los offline? Tantas preguntas, tan poco tiempo.

El profesor de la Universidad de California, Morten Hansen ha dicho que las RRSS han facilitado las colaboraciones haci√©ndolas m√°s efectivas, porque nuestros amigos de la vida real tienden a conocer a la misma gente que nosotros, pero en el mundo online podemos expandir nuestras redes estrat√©gicamente. Sin embargo, cuando se ha intentado determinar si las redes virtuales han aumentado nuestros lazos fuertes -y no solo los d√©biles, como los se√Īalados reci√©n- el n√ļmero Dunbar se sigue manteniendo constante. Por ejemplo, Bruno Gon√ßalves y sus colegas en la Universidad de Indiana quisieron determinar si Twitter hab√≠a alterado la cantidad de relaciones que los usuarios pod√≠an mantener a lo largo de seis meses y encontraron que a pesar de que Twitter facilita la conexi√≥n, las personas tienden a manejar entre una y doscientas relaciones estables. Nicolle Ellison, de la Universidad de Michigan encuest√≥ a una muestra de estudiantes respecto de su uso de FB y encontr√≥ que a pesar de que la mediana de los amigos que ten√≠an eran 300, solamente consideraban a un promedio de 75 como sus amigos.

Seg√ļn Dunbar las RRSS est√°n cambiando la naturaleza de la interacci√≥n humana. Por ejemplo, FB permite seguirle la huella a la gente que de otro modo desaparecer√≠a de nuestro radio social. Ahora bien, no habr√≠a que olvidar que una de las cosas que mantiene a las amistades cara a cara es la experiencia compartida. Dunbar sostiene que hay un equivalente digital -compartir, darle like y saber que tus amigos vieron el mismo video en YouTube-, pero que no genera la misma sensaci√≥n que el compartir algo en vivo y en directo porque carece de la sincron√≠a de la experiencia compartida. Podemos mantenernos al tanto de las vidas y los intereses de mucho m√°s que de 150 personas, pero si no invertimos el tiempo cara a cara nos falta esa conexi√≥n m√°s profunda. Adem√°s, esa inversi√≥n de tiempo en interacciones m√°s superficiales no es gratuita: es tiempo que dejamos de invertir en otras interacciones m√°s profundas o incluso en hacer otras cosas. ¬†

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Jeffrey Hall ha investigado, bas√°ndose en la teor√≠a de Dunbar, la cantidad de tiempo que toma hacer un nuevo amigo. Hall parti√≥ por recopilar estudios sobre el tema y descubri√≥ que la cantidad de tiempo que pasa desde que uno conoce a alguien hasta que se forma una amistad propiamente tal es un indicador poco revelador sobre cu√°nto tiempo realmente toma desarrollar una amistad con alguien. Por ejemplo, es posible conocer a alguien hace a√Īos, pero no lograr generar una amistad con esa persona, y conocer a alguien hace solo 6 semanas y volverse mejores amigos. Las cifras son interesantes, de todos modos. ¬†

La proximidad y las oportunidades de contacto son el escenario que permite que una amistad florezca, pero el contar con ellas no garantiza que las personas efectivamente se hagan amigos. Hay estudios longitudinales sobre el desarrollo de la amistad que concluyen que esta sucede entre la tercera y la novena semana luego de haberse conocido. Unos 3 a 4 meses pueden ser necesarios para que se desarrolle una amistad. Cuatro meses despu√©s de conocer amigos potenciales, pocas nuevas amistades se desarrollan, ya sea porque los sujetos prefirieron no tener una relaci√≥n m√°s cercana o porque no tienen suficiente tiempo para dedicarle parte de √©l a nuevos amigos. La diferencia m√°s obvia entre las relaciones que desarrollan intimidad y las que no, se encuentra en la cantidad de interacciones sostenidas. Las personas tienden a decir, sin embargo, que lo que m√°s les cuesta es encontrar el tiempo necesario para desarrollar nuevas amistades. Entonces, ¬Ņcu√°nto tiempo es necesario para hacer nuevos amigos?

Seg√ļn Hall necesitas invertir unas 50 horas de interacci√≥n para empezar a sentir que alguien es un amigo. Cuando somos chicos, estamos expuestos de manera m√°s o menos obligatoria durante largos periodos de tiempo a las mismas personas: vamos al colegio todos los d√≠as o jugamos con los vecinos. 50 horas no son nada y se dan naturalmente. Pero de grandes, cambia la cosa: tratar de lograr esas 50 horas con otro adulto que tiene otra pega full time, otro n√ļcleo familiar, hijos, pasatiempos, hace que todo se ralentice. Este es el desglose:

  • 30 horas para pasar de considerar un conocido a una amistad casual.
  • 50 horas para pasar de una amistad casual a amistad propiamente tal.
  • 140 horas aproximadamente para que comience a emerger una amistad cercana.
  • 300 horas para pasar a ser mejores amigos. Estas 300 horas implican hacer cosas disfrutables en conjunto, no solo trabajar, por ejemplo.

Tres.
Cientas.
Horas.
O sea 37.5 días full time (8 horas continuas con una persona). ¡Buena suerte con eso! Y luego, al menos si tuviéramos la seguridad de que ese tiempo invertido durará para siempre. ¡JA!

Un estudio llevado a cabo por Gerald Mollenhorst en Holanda demostr√≥ algo relativamente alarmante para los que consideramos nuestras relaciones estables y s√≥lidas a lo largo del tiempo: perdemos a casi la mitad de nuestros amigos cercanos cada siete a√Īos. La intenci√≥n era investigar si el contexto social en el cual nacen los contactos influencian el grado de similaridad entre parejas, amigos y conocidos. El estudio se realiz√≥ encuestando a 1007 personas de entre 18 y 65 a√Īos y se les hicieron preguntas como: ¬Ņcon qui√©n hablas de asuntos personales importantes? ¬ŅQui√©n te ayuda a hacer mejoras en tu hogar (DIY projects)? ¬ŅA qui√©n visitas de manera sorpresiva o espont√°nea? ¬ŅC√≥mo conociste a esa persona? ¬ŅBajo qu√© contexto te sigues juntando con esa persona hoy en d√≠a? Luego de siete a√Īos los encuestados fueron recontactados, volviendo a entrevistar a 604 de ellos. Las conclusiones fueron las siguientes:

  • Las redes sociales personales no se forman solamente basadas en las preferencias personales, pues las personas se encuentran limitadas por las oportunidades para conocer gente. Por ejemplo, las personas generalmente escogen nuevos amigos de contextos en los que ya han emergido amistades.
  • Los diferentes contextos -tales como el trabajo, el vecindario y los contextos privados- con frecuencia se superponen unos a otros.
  • En un periodo de siete a√Īos el tama√Īo promedio de las redes personales es relativamente estable, pero muchos miembros se reemplazan con otros. Solo el 30% de los amigos con los que se discut√≠an cosas y los que ayudaban en asuntos pr√°cticos se mantienen en la misma posici√≥n y solo 48% siguen siendo parte de la red. ¬†

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Sherry Turkle dio una charla TED en el 2012 en la que plantea los riesgos del uso de la tecnolog√≠a en la vida cotidiana. Turkle afirma que los dispositivos que usamos ‚Äútienen tanta fuerza psicol√≥gica¬†que no solo cambian lo que hacemos,¬†sino que cambian lo que somos‚ÄĚ.¬†Lo que considera problem√°tico es que esta modificaci√≥n de nuestras conductas afecta la relaci√≥n con los otros, pero tambi√©n con nosotros mismos, en especial nuestra capacidad de autorreflexi√≥n. Estamos juntos unos con otros, pero en solitario: las personas quieren estar con los otros, pero al mismo tiempo estar en todos los otros lugares, y escogen poner su atenci√≥n √ļnicamente a lo que les interesa y exponerse solo lo justo y necesario. El ‚Äúproblema‚ÄĚ de las conversaciones, dice, es que suceden en tiempo real y que no se puede controlar todo lo que uno va a decir. O sea que la tecnolog√≠a nos ofrece una alternativa: en vez de tener conversaciones cara a cara, en tiempo real, podemos tener conversaciones en tiempos diferidos y presentarnos como queremos. Dice: ‚ÄúLas relaciones humanas son vivas, complicadas y exigentes. Las limpiamos con tecnolog√≠a y al hacerlo, algo de lo que puede suceder es que se sacrifica la conversaci√≥n por la simple conexi√≥n (‚Ķ) estamos desarrollando tecnolog√≠as que nos dan la ilusi√≥n de compa√Ī√≠a sin las exigencias de la amistad. Recurrimos a la tecnolog√≠a para sentirnos conectados de maneras que podamos tener un c√≥modo control. Pero no nos sentimos tan c√≥modos, no tenemos tanto control‚ÄĚ. Los smartphones y las plataformas de comunicaci√≥n, seg√ļn Turkle, ofrecen tres fantas√≠as gratificantes:

  1. podemos poner la atención donde queremos tenerla;
  2. siempre seremos escuchados;
  3. y nunca estaremos solos.

En esta √ļltima promesa es donde reside el gran riesgo, porque apenas las personas empiezan a sentirse solas y ansiosas, se inquietan y buscan su celular para entretenerse, para bajar esa ansiedad, como si estar solo fuese un problema que se soluciona conect√°ndose. Pero ‚Äúconectarse es m√°s un s√≠ntoma que un remedio. (…) M√°s que un s√≠ntoma, la conexi√≥n permanente est√° cambiando la forma que la gente piensa de s√≠ misma. Est√° conformando un nuevo modo de ser‚ÄĚ. Bajo esta l√≥gica, usamos la tecnolog√≠a para definirnos, compartiendo pensamientos y sentimientos. Si antes era ‚Äútengo una sensaci√≥n, quiero hacer una llamada‚ÄĚ ahora es ‚Äúquiero tener una sensaci√≥n, tengo que enviar un mensaje‚ÄĚ. El problema bajo esta l√≥gica es que si no tenemos conexi√≥n, no nos encontramos con nosotros mismos, no nos sentimos. Entonces, nos conectamos m√°s y m√°s, pero nos aislamos.

Acá el salto puede ser contraintuitivo, pero Turkle dice que terminamos aislados si no cultivamos la capacidad de estar solos, con nosotros mismos. Desde la soledad uno se encuentra y luego puede llegar a otros y formar afectos reales, pero si no podemos estar solos vamos a los otros para sentirnos menos ansiosos o sentirnos vivos, y ahí se nos pierde el otro porque lo vemos solamente como una función, no por la persona que hay ahí. Como si estuviéramos usando a los otros para apoyar nuestra autoestima.

Si no sabemos estar solos, estamos m√°s solos.

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‚ÄúYa no existen los hospitales de amigos‚ÄĚ, me dec√≠a alguien hace meses atr√°s y la frase se qued√≥ conmigo. En parte porque estamos m√°s viejos, en parte porque cada uno est√° enfocado en su propio mundo y metas: su pareja, su familia, sus ambiciones laborales y econ√≥micas.

Los a√Īos de adolescencia y los veinte se ven con un poco de nostalgia pasados los 30. En esa √©poca parec√≠a que todo lo que hab√≠a en el mundo eran amigos, compa√Īeros de historias: la familia era algo asegurado, hab√≠a que salir a descubrir el mundo y hab√≠a que hacerlo de la mano de un grupo de amigos que estar√≠an para siempre. Ten√≠amos horas interminables para juntarse a hablar de nada, para escuchar m√ļsica o mirar el techo, para discutir sobre libros o pel√≠culas, para planear c√≥mo revolucionar el mundo juntos. Ten√≠amos que hacerlo todo de una vez, lo m√°s r√°pido posible, para que la fomedad atroz de la adultez no nos mordiera el cuello: para no convertirnos en esos se√Īores con ojeras y lengua traposa que miraban con algo de desprecio a sus mujeres, que hablaban del seguro del auto y la hipoteca, que calculaban que ya no les alcazar√≠an los a√Īos para hacer lo que siempre hab√≠an querido hacer. Frustrados porque hab√≠an perdido contra el tiempo y lo que les hab√≠an vendido como la promesa de la felicidad. Hab√≠a que hacerlo con energ√≠a y hasta con rabia para no transformarse en esas se√Īoras amargadas que se dedicaban a descuerar a sus otras amigas, que se comparaban f√≠sicamente y lamentaban la p√©rdida de su juventud, que dispensaban comentarios agrios y victimizados sobre cualquier cosa porque el mundo les parec√≠a una amenaza continua. Hab√≠a que hacerlo r√°pido porque intu√≠amos que el tornado de la vida adulta podr√≠a destruirnos. Y s√≠: algunos cayeron. Algunos se convirtieron en zombies. ¬†Algunos dejaron de re√≠rse con ganas. Algunos se metamorfosearon en repetidores de noticias: atacados por una desnutrici√≥n mental provocada por una alimentaci√≥n intelectual y emocional deficiente, sobresaturada de hechos y tragedias.

Pero no me crean todo lo que digo, no se enga√Īen. ‚ÄúCompa√Īeros que estar√≠an para siempre‚ÄĚ es una mentira, por ejemplo: ‚ÄúSIEMPRE‚ÄĚ es una palabra muy grande, una palabra para la que la realidad misma no puede dar el ancho. Cambian las cosas que buscamos en nuestros amigos, cambian las experiencias que queremos compartir, cambian los valores que nos mueven. Cambiamos nosotros y es casi inevitable que por lo mismo cambien las personas con las que elegimos vincularnos. Y la nostalgia de la que habl√© es enga√Īosa tambi√©n: el pasado se endulza con demasiada facilidad. Las inseguridades de los veinte, la falta de identidad y seguridad, la b√ļsqueda loca de ser aceptado por los otros, el trasvasije de ideas poco originales, la copia de la copia de la copia depurada hasta que pierde su fondo. Cada etapa tiene su desaf√≠o y sentido y depende de uno hacer que su propia vida sea valiosa, que aporte, que nutra, que inspire. ¬†¬†

Mirando atr√°s tengo una sola convicci√≥n: los recuerdos que valoras, las an√©cdotas e historias que te han formado, no tienen nada que ver con los likes que conseguiste por subir una foto posada de manera m√°s o menos evidente, ni los cientos de saludos de cumplea√Īos que recibiste en tu muro, ni las fotos que te mandaron de la junta a la que no fuiste. Lo que se queda contigo son los momentos en los que estuviste en completa presencia con las personas precisas. Y los momentos que importar√°n ma√Īana, pasado y en diez a√Īos m√°s cumplir√°n esas mismas caracter√≠sticas. As√≠ que escoge bien con qui√©n pasas tu tiempo, qu√© haces, a qu√© le pones atenci√≥n, c√≥mo te abres al mundo, a qui√©n dejas entrar.

Este puede ser el comienzo de la historia m√°s emocionante.
Este puede ser el inicio de tu mejor aventura.

 

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Referencias:
Social interaction is critical for mental and physical health https://nyti.ms/2tchCeZ
Sex differences in social focus across the life cycle in humans https://bit.ly/2DeKLAn
The Limits of Friendship ‚Äď Maria Konnikova https://bit.ly/2hHO4BM
Coevolution of neocortical size, group size and language in humans https://bit.ly/2Gntoem
Social network changes and life events across the life span: a meta-analysis https://bit.ly/2xhR94b
How to maintain friendships https://nyti.ms/2mQHhbx
Social contexts and personal relationships: The effect of meeting opportunities on similarity for relationships of different strengthhttps://bit.ly/2OtNvuG
Connected, but alone? Sherry Turkle – https://bit.ly/1OvKlUd
How many hours does it take to make a friend?. https://bit.ly/2pkWymS

+ Verónica Watt es psicóloga, escritora y editora. Escribe sobre sexualidad y otros temas en su sitio https://veronicawatt.com/
+ Imagen: Alexander Tinei