Y ahora monos, vayan a ver el Mundial. Silvia Veloso

Un par de semanas atrás leí en el muro de Facebook, que a veces más que muro parece paredón de fusilamiento, un post que advertía con exaltada vehemencia bloqueo y destierro sumario para todos aquellos que no estuvieran dispuestos a admitir y utilizar determinadas tríadas de lenguaje inclusivo.

Tras enumerar una serie de razones (bastante razonables) sobre los beneficios del uso de estos giros ling√ľ√≠sticos, pero contra los que no se admit√≠a contra r√©plica, el mensaje terminaba dejando despu√©s del punto y aparte un sugerente espacio en blanco. Juego de puntuaciones certero para resaltar el efecto de una √ļltima frase que, con un toque de dram√°tico cl√≠max shakespeariano, se dirig√≠a como un dardo a los disidentes: ‚ÄėY ahora monos, vayan a ver el mundial‚Äô. ¬†

La frase resonaba como flotando en el aire de un escenario que se queda vac√≠o cuando el protagonista cierra el √ļltimo acto de la obra y sale de escena dando un airoso portazo a esperar el aplauso del p√ļblico entre bambalinas.

En otras circunstancias o tal vez en otro post, la alocuci√≥n final podr√≠a traslucir sana guasa y humor suministrados con elegante y cari√Īosa iron√≠a, pues es cierto el notable parecido que guardan las hinchadas futboleras con la gestualidad simiesca. Pero no, humor no parec√≠a haberlo o era muy sofisticado. El dardo m√°s bien ven√≠a con veneno cuando equiparaba a disidentes con primates y al deporte con subnormalidad, como si mono fuera un insulto y el f√ļtbol un acto de lesa inteligencia que todo intelectual que se precie debe desde√Īar a viva voz sin complejos. Una pirueta argumental que en pocas l√≠neas consegu√≠a encajar varios temas contingentes y toda una declaraci√≥n de principios. ¬†¬†

Le√≠do y rele√≠do el post, por un lado, tuve que reconocerme en esa familia de monos que no est√°n muy de acuerdo con los tripletes inclusivos, no por razones de concepto sino de sencillez. El lenguaje no se modula y avanza a punta de pistola, parece que m√°s bien opera a modo de navaja de Ockham, descartando la pluralidad cuando se entiende como no necesaria. Nos dicen los acad√©micos que el ‚Äėos‚Äô se define como un neutro inclusivo de todo g√©nero y condici√≥n, pero es verdad que para entenderlo como tal todav√≠a hace falta un cambio de chip mental que va mucho m√°s all√° del lenguaje. Probablemente no ser√° ni la academia ni el empe√Īo coercitivo de quienes defienden una u otra posici√≥n los que definan qu√© suceder√°. El tiempo y el uso decantar√°n las aguas.

Por otro lado, sobre la invitaci√≥n con la que se cerraba el mensaje, haciendo caso a la consigna tambi√©n deb√≠ alinearme en las filas de simios descerebrados que las √ļltimas semanas han seguido con cierto inter√©s los avances de este mundial que acaba, descafeinado y sorprendente, con casi todos los favoritos eliminados y de vuelta en casa mucho antes de lo que preve√≠an las apuestas.

Ser comparado con un animal no me parece causa de ofensa, si es que esa era la intención. Los animales nunca ofenden. Insultante sería ser tratado de genocida, de criminal o de ladrón o de cualquier adjetivo o sustantivo que exprese alguna de las muchas barbaridades y faltas en las que solo incurrimos los humanos. Ni los peces dan mala suerte, ni los gatos son traicioneros ni los macacos sufren debilidad mental.

Como descargo, con cuatro generaciones de seguidores de un equipo bregado en las derrotas épicas y absurdas, de este deporte rescato haber aprendido algo de los sinsabores que exige la lealtad y de cómo el sufrimiento, sí, también el deportivo, fortalece el carácter y templa el espíritu. Pero para el caso, ni yo ni mi tribu de monos somos ejemplo relevante para legitimar algunas de las bondades que, entre sus muchos defectos y vicios, también tiene este deporte. Camus, Villoro, Bohr, Fontanarrosa o Pasolini, hincha apasionado del Bologna FC, entre algunos ilustres de cuyas facultades cerebrales es difícil dudar, dan mucha mejor cuenta. En la vereda de enfrente, Borges y otros tantos. Está bien, nunca llueve a gusto de todos, cada cual se apoya en los bastones que mejor le afirman para sostener sus tesis y no hace falta desterrar a nadie.

Pero es curioso cómo esa mano con trazo de ilustración infantil, apariencia inocente y productora de endorfinas que Facebook ha puesto a nuestra disposición, nos ha convertido a todos en jueces. Por más que el pulgar arriba Рpulgar abajo lo usemos en el sentido contrario al que lo hacían los romanos, no deja de ser perturbador que un gesto con el que se perdonaba o quitaba la vida lo usemos de forma tan indolente para manifestar con alegre automatismo nuestra aprobación o repudio al mundo.

En el lenguaje paralelo de la nube, palabras como bloquear o amigo adquieren raros y retorcidos significados nuevos que hay que aprender a entender y adivinar plegándonos a sus sutilezas metafóricas. Ante tanto desaire justiciero en el sube y baja del muro-paredón y siendo tan rápidos para barrer a quienes piensan diferente, inquieta preguntarse hasta dónde podríamos llegar si nos entregaran toga y estrado para repartir justicia y dictar sentencias o nos viéramos en un momento de eufórica excitación con un arma en las manos.

Hubo una prehistoria c√°ndida de la red, la de los v√≠deos de gatitos, de los beb√©s graciosos y del intercambio de fotos, chismes y noticias entre conocidos distantes. Tambi√©n grandes causas han encontrado en ella el medio para ganar batallas importantes. ¬†Pero con el tiempo, la agresividad va abri√©ndose paso en todos los terrenos y la subjetividad excluyente marca el estilismo de los hechos. Hemos ganado un meg√°fono y perdido el o√≠do en la transici√≥n. Si cada √©poca necesita un p√ļlpito para dar voz a sus pont√≠fices, en la nuestra es el like el que divide las aguas en burbujas de filtros y bandos irreconciliables.

Que muchas buenas y nobles causas generaron grandes males ya lo sabemos. Prender una mecha puede terminar haciendo arder los intestinos de Roma. Quiz√°s en el mundo virtual ese incendio traiga como desenlace el silencio eterno. De momento los sapiens pueden estar tranquilos, a los monos se nos acaba el mundial. Hasta que comiencen las ligas nos retiraremos a los cuarteles de invierno a esperar al pr√≥ximo goleador de la temporada que, dec√≠a Pasolini, es siempre el mejor poeta del a√Īo. Y tambi√©n a releer, por qu√© no, alg√ļn buen cuento de Borges. ¬†¬†

+ Silvia Veloso (C√°diz, Espa√Īa 1966). Es autora de los libros¬†Sistema en caos y M√°quina: la educaci√≥n sentimental de la inteligencia artificial‚Äô (2003, finalista del Premio Macedonio Palomino, M√©xico, 2007) y¬†El minuto americano¬†(2009). Algunos de sus textos aparecen en la compilaci√≥n¬†Guti√©rrez¬†de A. Braithwaite (2005) y¬†Pzrnk: Alejandra,¬†nenhuma palavra¬†bastar√° para nos curar, ensayo y traducci√≥n al portugu√©s de poemas de Alejandra Pizarnik,¬†¬†Instituto Interdisciplinar de Leitura¬†‚ÄďC√°tedra UNESCO PUC, Rio de Janeiro (2014). En 2017, el proyecto ‚ÄėRelato de los muros‚Äô¬†fue exhibido en forma de instalaci√≥n en la XX Bienal de Arquitectura (Valpara√≠so, Chile). Socia de¬†Barbarie, pensar con otros.

 

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