Mexicanos perdidos sin México. Rodrigo Perea

para mis mejores amigos

En aquel entonces me codeaba con la poes√≠a chilena aunque a nadie en el mundo le importara¬†qu√© era la poes√≠a chilena, aunque a la poes√≠a chilena no le importara qui√©n era yo. En aquel¬†entonces la poes√≠a chilena quer√≠a √ļnicamente pasarla bien conmigo aunque yo amaba a la poes√≠a¬†chilena. Me contaba algunas historias de cuando vivi√≥ en M√©xico. Me le√≠ los poemas de Yaxkin¬†Melchy, me ley√≥ El sue√Īo de Visnu y a Ernesto Cardenal.
*
Nos conocimos por primera vez en un bar cerca de Providencia y Román Díaz. Hablamos de un crítico brillante y odioso de Tijuana que se había vuelto loco desde que estaba obsesionado con Juan Rulfo. Un crítico que había conseguido adivinar el futuro y las elecciones de México a costa de perder lo demás. Hablamos de una poeta de la CDMX que escribió sobre los muertos cuando nadie lo hacía, pero que después se había vuelto una pesada. Aunque era necesario alguien molestando cuando todos son tan bien portados
*
Tomamos un Uber para llegar a un lugar donde Zurita estaba hablando en trance sobre la poes√≠a¬†cubana. Beb√≠amos whiskey. Me regalaron libros, vino y porro (aunque a veces yo robaba los¬†libros y me acercaba para fumar porro). Otro poeta me contaba historias de recorrer la Ciudad¬†de M√©xico de punta a punta caminando como Mario Santiago. Historias sobre ser ghostwriter en¬†M√©xico. Sobre escribir una novela por encargo cuya an√©cdota trata de Pe√Īa Nieto y Javier¬†Duarte. Mejor a√ļn, una novela negra en la que Duarte es un asesino en serie que se viste de¬†payaso o se trasviste para cometer sus cr√≠menes. Hace fr√≠o en Santiago.
*
Coci√Īa se acerca para saludar a la poes√≠a chilena, quien le entrega sus tres √ļltimos libros. √Čl le¬†dice ‚Äúest√°s escribiendo tus memorias sin tener a√ļn memorias‚ÄĚ. ¬ŅPara qu√© las memorias si al final lo sustancial queda de lado? Gestos sin ning√ļn registro. El olvido permanece aunque intentemos¬†grabar estas letras en las piedras. Permanece el habla ante la escritor. Olvidamos.
*
Terminamos [no recuerdo cómo] fumando un porro en una galería de arte. Entre alucinaciones recuerdo ver un cuadro de Matta, otro de Cruz Diez. Por un brevísimo instante me siento  tentado pero recuerdo que solo soy un simple ladrón de libros. Tengo la sensación de estar hablando con varias versiones de mí mismo, unas más viejas, otras no tato.
*
Nos vamos despu√©s a una sala de reuniones. Frente a m√≠ hay dos o tres botellas de vodka. La¬†poes√≠a chilena fum√≥ demasiado y ahora est√° en otro nivel. Le pregunto al ghostwriter sobre los¬†poetas mexicanos que prefiere. No espero una respuesta. Le regalo el libro que tengo conmigo y¬†leo: ‚Äúh√°blame de las horas quer dimos / en qu√© pisada de talco frente al ortopedista / qui√©n mir√≥ ning√ļn¬†p√°jaro en la ventana / c√≥mo desapareci√≥ el silbido inconstante / entre las hojas de cu√°l lluvia‚ÄĚ.¬†La poes√≠a chilena y yo nos quedamos solos. Hablo sobre el √ļltimo libro que public√≥ pero me dice¬†que no quiere platicar de eso. Nos quedamos mirando. Me pregunta y le respondo que soy bi.¬†
Llega el due√Īo de la galer√≠a de arte y fumamos el √ļltimo porro. Salimos a la calle. Estamos en¬†otro mundo. No s√© si estamos en otro mundo o hacemos como que estamos en otro mundo. Nos¬†abrazamos de nuevo o por primera vez. Le digo: yo soy tu <yo> de veinte a√Īos . Tu <yo> de veinte¬†a√Īos viajar√≠a m√°s.
*
Alguien nos marca por teléfono. No sé quién responde. No conozco la ciudad pero le doy todas las indicaciones al taxi para regresar a donde comenzamos. Entramos a una casa y nos saludamos con todes. La plática se repite entre presentaciones, disputas y chisme. Fumamos de nuevo. Después de tanto no estoy seguro de ser quien escribe o quien lee. 
Salimos de nuevo a la calle. El Uber nos deja en mitad de la nada en Vicu√Īa Mackena. La poes√≠a¬†chilena huele bien. Me recuerda al desodorante que hace un a√Īo usaba. Nos miramos sin saber¬†qui√©n. Nos abrazamos. La poes√≠a chilena y yo nos besamos. Nos besamos pero me detengo. Qui√©n¬†besa a qui√©n. Dos narcisos en medio de la calle. Me despido. Empiezo a caminar. Me alejo y al d√≠a¬†siguiente olvidamos todo.

+ Rodrigo Perea (Ciudad de México, 1997) Estudia Lcenciatura de Lengua y literaturas hispánicas en la UNAM. Actualmente realiza una investigación sobre poesía chilena reciente en Santiago y prepara su primer libro. Hace coleccionismo de ocasión en rodrigoperea.tumblr.com
+ Imagen: Rolando C√°rdenas y Jorge Teillier