El despertar. Gabriel Rimachi Sialer

“驴Where聽聽the bad folks go when they go down?

Don麓t go to the heaven where聽聽the angels flight,

They go to the lake of fire and fright.”

 

Era un d铆a como cualquier otro, Angel Ramos se levant贸 temprano para ir al Colegio Particular Religioso donde estudiaba. Encendi贸 la radio y escuch贸 las noticias mientras se lavaba la cara. El locutor hac铆a recuento en tono muy nervioso de los 煤ltimos atentados perpetrados por las guerrillas en el interior del pa铆s. 脕ngel Ramos subi贸 el volumen de la radio y alcanz贸 a escuchar que los guerrilleros estaban entrando a la ciudad y que contaban con armamento de gran poder. Cambi贸 de estaci贸n de inmediato recorriendo todo el dial velozmente, intentando escuchar alguna noticia parecida, alg煤n aviso de alarma, pero no encontr贸 nada.

Tom贸 el desayuno con sus hermanos y su madre. Su padre siempre protestaba por las ma帽anas mientras tos铆a ferozmente al lavarse la boca. Quiso hacer alg煤n comentario respecto a la noticia que hab铆a o铆do, pero el temor de sonar alarmista le impidi贸 hacerlo. Se despidi贸 de todos sus hermanos como nunca, le dio un beso a su madre y otro a su padre, les pidi贸 que tuvieran mucho cuidado y que si algo pasaba llamaran a la casa, su madre le pregunt贸 si se encontraba bien, el dijo que s铆 pero que en la ma帽ana… nada, s贸lo que ya me tengo que ir porque se me hace tarde. Sali贸 de su casa rumbo al colegio con un gran cargo de conciencia por no haber alertado a su familia y con un gran temor que le obligaba a observar hacia todos lados como si la paranoia se apoderara de este joven de tan s贸lo dieciseis a帽os. No me importa, ese no es mi mundo, as铆 que no me pasar谩 nada, ahora corre compadre porque si cierran la puerta el Sr. Garc铆a te va a dar de alma con el tres puntas. Atraves贸 la puerta r谩pidamente, corri贸 hacia el grupo de compa帽eros que ya estaba formado y se incorpor贸 de manera mec谩nica, como todos los d铆as de su vida desde los cinco a帽os, a cumplir con los marciales ritos de la formaci贸n.

隆En columna, cubrirse!, 隆a la derecha, derecha! 隆firmes! 隆descanso! 隆atenci贸n! 隆El himno de nuestra patria por la cual dar铆amos hasta la vida!, 隆usted! 隆s铆, usted se帽or, a ver venga ac谩! 隆As铆 que no quiere cantar, qu茅 pasa, no ha tomado desayuno! 隆Ponga la mano! 隆S铆 carajo, la mano! 隆Veinte palmetazos! 隆Uno! 隆Dos! 隆Tres! 隆No saque la mano! 隆Diez m谩s carajo! 隆Uno! 隆Dos! 隆Tres!…

Como todos los d铆as entraron a los salones en tropel, atropell谩ndose y de vez en cuando meti茅ndose la mano, 隆ja, ja, ja, rotito!, 隆ya te jodiste negro! Eran cerca de las diez de la ma帽ana cuando 脕ngel Ramos pidi贸 permiso para ir al ba帽o, los nervios lo estaban traicionando, sali贸 de la clase de Historia que tanto le gustaba con el pensamiento de la ma帽ana. No soportaba la idea de quedarse solo, aunque lo hubiera deseado alguna vez en la vida, no quer铆a quedarse solo, completamente solo. Algo raro estaba pasando, el auxiliar le hab铆a dado treinta palmetazos al chato Rivera s贸lo porque se hab铆a estado rascando un huevo durante la formaci贸n. 隆Pero si me picaba pues compare!, 隆qu茅 iba a hacer! La reacci贸n de los auxiliares fue muy extra帽a esa ma帽ana. Entre ellos murmuraban algo acerca de la noticia de la radio, qu茅 iban a hacer si algo pasaba. Debemos suspender las clases de una buena vez, dec铆a L贸pez, no podemos exponer a los muchachos a cualquier desgracia. Pero ya est谩n ac谩 dijo el Padre Director, no perdamos el control y mantengamos la calma. El colegio estaba ubicado a unas tres cuadras del Palacio de Gobierno, entre el Convento, que pertenec铆a al colegio, y unas hermosas casonas en una de las cuales funcionaba la Compa帽铆a de Luz del Estado. Al entrar al ba帽o, 脕ngel Ramos se percat贸 de que al interior del convento unas sombras se deslizaban r谩pidamente por entre las sillas amontonadas en la parte posterior. Sin perder la calma, sigui贸 con la mirada atenta a aquellas sombras, 隆deben ser militares, mierda! 隆tienen metralletas!, 隆la noticia de la radio no era mentira! Qu茅 hago, qu茅 hago carajo, qu茅 hago, me largo s铆 pero la 煤nica salida es por el convento, por la puerta principal no me van a dejar salir… pens贸 esto en tres segundos, al quinto segundo se oy贸 una explosi贸n que remeci贸 las bases del colegio ya centenario. Otras siete explosiones se oyeron un poco m谩s a lo lejos. Cada vez se acercan m谩s. Los alumnos salieron disparados hacia el patio de honor. Los auxiliares se pusieron fuertes y trataron de ordenarlos como mejor pudieron. 隆No pasa nada! 隆No pasa nada! 隆Entren a sus salones!聽聽隆Entren carajo!

脕ngel Ramos sinti贸 terror. Desde las ventanitas del ba帽o alcanz贸 a ver c贸mo una cuadrilla de gente armada con metralletas y pu帽ales le abr铆a la garganta al Padre Director por haberse negado a darles las llaves de la sacrist铆a. Avanzaron hacia el port贸n de madera que daba al colegio y asesinaron a tres sacerdotes m谩s, y entraron hacia el colegio destrozando el enorme port贸n de madera. Los alumnos se enardecieron y cogieron cuanto objeto contundente encontraron a su paso, palos, piedras del campo de fulbito, fierros viejos de los dep贸sitos del colegio, alguien ten铆a por all铆 un cuchillo, una navaja. Se sintieron muy valientes, hasta que una granada destroz贸 la cabeza del chato Rivera que se hab铆a lanzado hacia aquel grupo de gente armada. Se quedaron paralizados. El cuerpo del chato Rivera qued贸 regado por todo el colegio. Su cara no exist铆a ya y era tan s贸lo una masa de carne con sangre que corr铆a por todos lados. Alguien se envalenton贸 por la indignaci贸n y azuzaba a los alumnos para buscar venganza. Se inici贸 un tiroteo por parte de los guerrilleros cuando al entrar por el port贸n fueron recibidos con piedras y palos por los alumnos. 脕ngel Ramos se junt贸 con el negro Salazar y le pidi贸 el otro cuchillo que sab铆a que siempre cargaba para irse a robar a la avenida Tacna despu茅s de clases. El negro le dio el cuchillo y saltaron hacia fuera del ba帽o, corrieron por todo el patio de honor buscando alguna salida, pero no la hallaron, los hombres armados estaban tomando posici贸n r谩pidamente para iniciar alg煤n ataque contra la polic铆a y el ej茅rcito, que ya estaban entrando por el puente que se pod铆a ver desde el patio menor del colegio. 脕ngel Ramos salt贸 hacia la oficina del padre director, el negro Salazar lo sigui贸 muy de cerca, hallaron el tel茅fono y llamaron al n煤mero de emergencia, contest贸 un hombre muy desesperado, los muchachos trataron de decirle algo, pero las l谩grimas se les salieron y no pudieron m谩s que balbucear, 隆Est谩n matando a nuestros amigos! 隆Vengan r谩pido! La voz del otro lado del tel茅fono les pidi贸 que se quedaran donde estaban y que no intentaran huir pues ser铆a muy riesgoso y podr铆a ocurrirles algo. Mientras 脕ngel Ramos hablaba con el hombre del servicio de emergencia, el negro Salazar sac贸 la cabeza por la puerta de la oficina del Padre Director, abri贸 la boca hasta donde se lo permit铆a su configuraci贸n 贸sea y estall贸 en un llanto ahogado, como esos pititos que lanzan las mujeres cuando gritan de espanto. 脕ngel Ramos lo mir贸 y se percat贸 de que algo estaba ocurriendo, pues el negro estaba p谩lido. No hab铆a terminado de hablar con el hombre del servicio de emergencia cuando el robusto brazo del negro Salazar lo enrosc贸 por el cuello y lo sac贸 hacia el umbral de la puerta, subieron corriendo hacia el segundo piso. Se escuchaban gritos de dolor y de desesperaci贸n. Unos lamentos como de animal herido les enchinaron el cuero a los dos. Por uno de los vitrales de los salones del segundo piso vieron c贸mo los hombres armados le ped铆an a un grupo grande del colegio, casi las tres cuartas partes, que vaciaran sus bolsillos y sacaran sus cosas de los salones; la gente obedeci贸 inmediatamente, los formaron y los seleccionaron de una forma extra帽a para ellos, al gringo Ackerman lo hicieron a un lado, y al negro De la Cruz a otro. El flaco De Marco se uni贸 con Ackerman y el cholo M谩rquez con el negro De la Cruz. 隆La cagada! dijo el negro Salazar, 隆los van a matar! 隆Estos hijos de puta no son m谩s que un grupo de racistas con armas, ya me cagu茅! No te preocupes negro, que yo tambi茅n soy cholo, as铆 que mientras nos ayudemos todo estar谩 bien, creo que el ej茅rcito ya debe estar cerca, 驴acaso no escuchas las explosiones y todo el tiroteo? S铆 Ramos, pero… Pero nada compadre, no te mariconees ahora, necesitamos salir vivos de 茅sta. D贸nde estar谩n mis hermanos y mi madre, mi pap谩 viajaba hoy, d贸nde estar谩n… las l谩grimas se le salieron a 脕ngel Ramos como si una hemorragia incontenible de dolor le hubiera sobrevenido, mir贸 al negro Salazar que tambi茅n lloraba. Comprendi贸 que si continuaban as铆 la desesperaci贸n los har铆a cometer alguna tonter铆a y eso podr铆a costarles la vida. Sin embargo, sab铆a tambi茅n que no era un valiente para soportar tanta desesperaci贸n y dolor. Volvieron a mirar hacia el patio principal para ver qu茅 ocurr铆a. Se quedaron mudos. Los ojos se les inyectaron de rabia, impotencia y dolor, las piernas les temblaron y la piel de gallina les dol铆a de tan tiesa que estaba. Los hombres armados metieron a todos los negros y cholos en un sal贸n grande y a todos los blancos y blanqui帽osos en otro. Todos ten铆an las manos amarradas a la espalda. El loco Cabrera intent贸 correr a trav茅s del patio, alcanzar la puerta y saltar hacia las v铆as del tren, que quedaban al lado del colegio, junto al r铆o, pero las metrallas le destrozaron el pecho. De la Cruz los insultaba con todo su odio y el cholo M谩rquez intentaba cortar sus amarres con la hoja de afeitar que se pon铆a entre los dedos para tirar cachetadas a sus adversarios de turno a la salida del colegio. Las puertas se cerraron. Con un enorme madero los hombres armados clavaron las puertas, revisaron las ventanas enmalladas del sal贸n y lanzaron varios baldes llenos de gasolina. La gente enloqueci贸. Gritaban, lloraban, suplicaban, por favor, 隆mam谩 donde est谩s, por favor! 隆隆隆hijos de puta qu茅 van a hacer, nosotros no hemos hecho nada!!! 隆隆隆Por favor!!! 隆隆隆no haga eso隆隆隆 隆f贸sforos, Negro! 隆Negro! 隆隆隆Que no caiga el fuego ac谩 adentro!!! 隆隆隆t煤, haz lo mismo!!! Las l谩grimas se les sal铆an a todos en el sal贸n, se apretaban unos contra otros, todos quer铆an salir pero la puerta clavada no lo permit铆a, Contreras muri贸 aplastado cuando Rea帽o en medio de la confusi贸n y la desesperaci贸n lo estrell贸 contra el suelo y la dem谩s gente lo pis贸. Afuera 脕ngel Ramos y el negro Salazar, desde el segundo piso, no sab铆an qu茅 hacer, miraban y no miraban, no pod铆an creer lo que ve铆an, era imposible, el ser humano no puede hacer estas cosas negro; esto s贸lo pasa en las pel铆culas, 隆mierda! 隆C贸mo gritan! Ramos mira, este hijo d…. 隆隆隆prendi贸 el sal贸n!!!, 隆隆隆Aaaagh!!! 隆隆隆Aaaagh!!! 隆隆Aaaagh!! 隆Aaaagh! 隆Aaaagh!, 隆calla negro de mierda, o nos morimos tambi茅n!, 隆隆puta madre, qu茅 es esto, dios m铆o!! 隆隆Haz algo!! Los gritos se suced铆an uno tras otro, el olor de carne, cabello y ropa, mezclado con el olor a gasolina y madera vieja, quedar铆a grabado en sus mentes por el resto de sus vidas. El cholo M谩rquez, con la cabeza en llamas, logr贸 romper la malla que cubr铆a las ventanas que ya hab铆an reventado por el intenso calor del incendio. Intent贸 salir disparado pero ya ciego y brutalmente derretido s贸lo pudo descolgarse por el marco de la ventana cargando en un brazo al negro De la Cruz, ya muerto. Rea帽o intentaba saltar hacia el patio pasando por entre las cabezas de sus compa帽eros. Nunca le hab铆a ca铆do bien a nadie, siempre estaba peg谩ndole a todo el mundo y no ten铆a amigos. Levant贸 al peque帽o Contreras por la cintura y lo arroj贸 por la ventana lo m谩s lejos que pudo. Fue un acto de bondad o tal vez s贸lo intentaba pedir una oportunidad para su vida. Jim茅nez le puso cabe y 茅ste se fue de cara al piso, justo donde se hab铆a acumulado la mayor cantidad de combustible ardiendo. La ropa se le encendi贸 y antes de darse cuenta, sinti贸 como los zapatos calientes de Jim茅nez le pasaban por todo el cuerpo, para tomar impulso en su amplia espalda incendiada y salir hacia el patio de honor donde el cholo M谩rquez se derret铆a. Una vez que cay贸 al suelo, uno de los hombres armados le dispar贸 en los tobillos,聽聽luego en las manos. Los alumnos del sal贸n de enfrente gritaban de la misma forma en que gritaban los otros antes de morir quemados. Dale unos cuantos disparos en el cuerpo a alg煤n muchacho, compadre, el que tu quieras, y listo, silencio total de estos mierdas. El hombre volte贸, escogi贸 y dispar贸. De Marco se enrosc贸 como un gusano en el piso, se tap贸 los o铆dos y grit贸 desesperadamente para que todo pasara, como si fuera una pesadilla. Ackerman se estaba desangrando, las balas le hab铆an reventado un pulm贸n y tirado en el suelo s贸lo llamaba a su madre. Falc贸n lloraba arrodillado junto a Ackerman, sin poder moverse, estaba paralizado, completamente paralizado. Ackerman lo miraba y le estiraba el brazo, para que Falc贸n lo pudiera sentar en alg煤n lugar y su propia sangre no lo ahogara. En la puerta principal apareci贸 la sombra de un hombre alto y fornido, con gestos de odio y voz de mando, ser谩 el ej茅rcito, pens贸 脕ngel Ramos. De entre los escombros se oy贸 una voz que firme y en茅rgica instaba a los guerrilleros a rendirse y deponer las armas. Cuando ingres贸 al colegio, su instinto de hombre de guerra y de muerte le revel贸 lo que su nariz percib铆a. 隆Qu茅 culpa han tenido estos muchachos para vivir todo esto! pensaba el comandante Varela en la puerta del colegio, cuando dio la orden a su escuadr贸n de entrar y disparar a matar. Los soldados entraron disparando a todo lo que se mov铆a, acribillaron a veintitr茅s de los treinta integrantes de la guerrilla, el resto se refugi贸 en alg煤n lugar y se inici贸 el tiroteo que dur贸 unos veinticinco minutos. Uno de los guerrilleros que estaba apostado en la azotea recibi贸 una r谩faga de metralla de uno de los soldados, cay贸 desde el cuarto piso, pero logr贸 asirse del marco de la ventana del sal贸n donde estaban el negro Salazar y 脕ngel Ramos, se descolg贸 hacia el interior y cay贸 sangrante, junto a ellos. 脕ngel Ramos estaba abrazado con el Negro Salazar; los gritos de dolor de sus compa帽eros, el estruendo de las bombas explotando cada vez m谩s cerca, los disparos, era el infierno en carne propia. Los dos lloraban y pensaban qu茅 hacer para poder escapar. Pensaron que la ciudad estaba invadida, que ya estaban muertos, que sus padres hab铆an muerto, que sus hermanos hab铆an muerto, que sus familiares hab铆an muerto. Era una locura. Vieron el cuerpo del hombre armado que yac铆a a su lado pidi茅ndoles ayuda para no morir.

El negro Salazar, solt贸 un bramido, como una queja animal. 脕ngel Ramos perdi贸 la noci贸n de sus valores religiosos, de la poca cordura que le quedaba聽聽y, mirando al negro Salazar, se aventaron cuchillos en mano para destajar al hombre. Los pu帽ales se hund铆an con odio en el cuerpo del asesino de sus amigos que poco a poco fue haciendo m谩s lenta su respiraci贸n. 脕ngel Ramos hund铆a una y otra vez el cuchillo sin filo en el cuerpo ya inerte, y el negro Salazar no se quedaba atr谩s, le hab铆a perforado hasta las c贸rneas. El comandante Varela ingres贸 al patio de honor y se qued贸 mudo. Un disparo le alcanz贸 el brazo y mientras ca铆a observaba at贸nito como el cholo M谩rquez terminaba de derretirse sosteniendo con lo que al parecer fue su brazo, a De la Cruz, su amigo de siempre. Orden贸 la toma inmediata del Colegio. Los soldados ingresaron por todos los per铆metros, capturaron a los seis guerrilleros restantes, los formaron arrodillados en el patio de honor y esperaron 贸rdenes. El comandante Varela evacu贸 a los alumnos del otro sal贸n, Ackerman sali贸 cargado en brazos de sus compa帽eros, mientras vomitaba sangre. Ya estaba muerto cuando los soldados con una cruz roja en el brazo lo metieron a la ambulancia. Un escuadr贸n que se hab铆a deslizado hacia el interior del colegio por la parte posterior, encontr贸 a 脕ngel Ramos y al negro Salazar en uno de los salones del segundo piso, abrazados, temblando, llorando y completamente orinados.

Sus chompas ol铆an a carne humana quemada, igual que sus mentes y su impotencia, con los rostros ensangrentados y una expresi贸n animal. Los sacaron del sal贸n y los llevaron hacia el patio de honor; no se preocupen, ya todo est谩 bajo control muchachos, es una suerte que est茅n vivos, pobres muchachos, 隆隆Quintanilla!! ll茅valos abajo y que tomen un poco de agu… el soldado divis贸 un gran charco de sangre que se acercaba hacia sus pies. Vio a los dos muchachos con las miradas completamente extraviadas y el peque帽o chorrillo de sangre que ca铆a del apretado pu帽o del negro Salazar. 脕ngel Ramos tuvo un segundo de lucidez, solt贸 el cuchillo, fue s贸lo un segundo. El soldado se acerc贸 hacia ellos. Los mir贸 con cara de quien ha perdido algo muy grande y valioso, tal vez eso que les faltaba en las miradas es lo que se llama inocencia.

Se acerc贸 al cuerpo del hombre armado, que estaba abierto por todos lados, rastrill贸 su FAL y dispar贸 sin compasi贸n. Volte贸 a ver a los muchachos. No se preocupen, a煤n no hab铆a muerto… y si no lo mato yo, el nos mata a nosotros. Llegaron al patio de honor y vieron a los guerrilleros arrodillados en el suelo con las manos esposadas a la espalda. Vieron los cuerpos de sus compa帽eros que eran trasladados hacia una camioneta del ej茅rcito. Sintieron la oportunidad de limpiarse del olor a carne quemada. El comandante Varela se percat贸 de esto, observ贸 la mirada de rabia de los dos alumnos. Vio c贸mo 脕ngel Ramos murmuraba algo al negro Salazar y c贸mo se lanzaron sobre los dos hombres armados que hab铆an arrojado el cigarrillo que consumi贸 a sus amigos en el viejo sal贸n de madera donde 脕ngel Ramos escuchaba atento las clases de Historia que tanto le gustaban. El comandante Varela se hizo el desentendido, los dem谩s soldados tambi茅n; 脕ngel Ramos les pate贸 la cara y consigui贸 romperles la mand铆bula, mientras que el negro Salazar les destrozaba las costillas a puntapies, ba帽ados ambos en l谩grimas y balbuceos. Se los llevaron cubiertos con unas mantas.

脕ngel Ramos se despidi贸 del negro Salazar en la puerta principal del colegio. A煤n estaban temblando. En un cami贸n los cuerpos del Sr. Garc铆a, L贸pez y los dem谩s auxiliares, eran puestos uno encima de otro, rumbo a la morgue.

Te veo ma帽ana negro. No s茅, creo que ma帽ana no hay clases. Una leve sonrisa se dibuj贸 en el rostro de 脕ngel Ramos. El negro Salazar se alej贸 rumbo a la esquina, dio la vuelta y desapareci贸. Nunca m谩s lo volver铆a a ver. 脕ngel Ramos intent贸 llegar a su casa pero el camino estaba destruido, tan destruido como 茅l y su esp铆ritu. Se hab铆a desconocido tanto que hab铆a actuado como un animal, el hombre por el hombre, pensaba, el descontrol despierta a la bestia m谩s letal que existe en nuestro interior, todos tenemos una. No, esto no puede estar pasando, mi madre, 隆隆隆驴d贸nde est谩 mi madre?!!!; la ciudad no era m谩s que un mont贸n de ruinas y fuego, sangre y olor a combustible. Pidi贸 ayuda al personal del ej茅rcito, le dijeron que hab铆a otras prioridades. Se encamin贸 por la avenida principal, cruz贸 el puente y retorn贸 a su casa, no cre铆a lo que ve铆a. Por todos lados la gente lloraba a sus muertos, los cuerpos sal铆an de todas las casas acompa帽ados de familiares, su coraz贸n lat铆a a cien por hora. El latido era m谩s fuerte cada vez que se acercaba a su casa, el pecho le comenz贸 a doler cuando estuvo en la esquina. Quiso correr pero no pudo, las paredes estaban negras por el humo del fuego, la calle destrozada, y la panader铆a del italiano, que estaba al terminar su cuadra se estaba incendiando. No alcanz贸 a ver a nadie conocido, o quiz谩 no reconoci贸 a nadie en su cuadra.

Tom贸 valor y subi贸 corriendo al edificio donde viv铆a, entr贸 a su casa que ya no ten铆a puerta, el pasadizo estaba lleno de humo, encontr贸 a su madre llorando con la cara ensangrentada, abrazando a su hermanito muerto. Su padre no estaba, quiz谩s ya hab铆a viajado, quiz谩s ya estaba muerto. Su madre le estir贸 la mano para tocarlo y ver que era verdad que su hijo estaba vivo, que su hijo mayor estaba vivo. 脕ngel Ramos, con el rostro ba帽ado en l谩grimas estir贸 su mano para poder sentir el calor puro de madre que tanto necesitaban su coraz贸n y su alma en ese momento, pero no la alcanz贸. Se empezaron a alejar como cuando se parte un papel jalando ambos extremos. Las miradas se confundieron entre asombro y espanto.

Quiso gritar pero no le alcanz贸 la voz. Una luz muy intensa penetr贸 en la casa, 脕ngel Ramos vio a su madre desaparecer entre la luz, a su hermanito desaparecer entre la luz, a 茅l mismo desaparecer entre la luz. Cuando pudo abrir los ojos estaba completamente ba帽ado en sudor. Lloraba. Intent贸 calmarse. Corri贸 hacia el ba帽o, abri贸 el ca帽o. Se mir贸 en el espejo…

 

+ Gabriel Rimachi Sialer (Lima, 1974). Escritor y periodista, autor de los libros Despertares nocturnos (2000); Canto en el infierno (2001); El color del camale贸n (2005); Tour de force (2011, edici贸n electr贸nica) y La sangrienta noche del cuervo (2011). Como editor ha preparado las antolog铆as Nacimos para perder (2007); 17 fant谩sticos cuentos peruanos Vol. I (2008); 17 fant谩sticos cuentos peruanos Vol. II (2012). En 2009 se public贸 El cazador de dinosaurios antolog铆a personal mencionada entre las mejores entregas de dicho a帽o por el diario El Comercio.聽Ha formado parte de antolog铆as peruanas y extranjeras, como la del homenaje a Stephen King, y en 2010 obtuvo la beca de residencia literaria del Gran Ducado de Luxemburgo. En 2012 su cuento 鈥淎l morir la noche鈥 fue seleccionado聽 por The Barcelona Review como el mejor cuento publicado en sus p谩ginas durante dicho a帽o. En 2013 fue considerado por el cr铆tico e investigador Ricardo Gonz谩lez Vigil entre los mejores narradores de la d茅cada, en la antolog铆a nacional 鈥淓l cuento Peruano 2001-2010鈥, editado por Ediciones Cop茅 de Petroper煤.
+ Imagen: Otto Dix