Releo ciertos fragmentos de Escritorio de Martín Cerda: “(…) nadie puede enfrentar lo que lleva escrito sin experimentar ipso facto el deseo de corregirlo, tacharlo o volverlo a escribir. (…) Algo de esto se acusa en el acto de retocar un texto ya escrito. Se corrige, justamente, esa parte de su escritura que los años han ido degradando o, si se quiere, irrealizando, y que ha dejado, por tanto, de encubrir o enmascarar al yo que habla a través de este texto. Retocarlo es, pues, corregir su aspecto en función de las exigencias y modalidades del nuevo tiempo. El texto sigue diciendo lo mismo, pero se simplifica (o, al contrario, se complica) su aspecto escritural.”

Cangrejos de Jonnathan Opazo Hernández es una acumulación de poemas con la muerte y la enfermedad como “tema”. Se publicó como plaquette el 2017 por Ediciones Inubicalistas y luego en una versión revisada-corregida (aumentada y disminuida a la vez) por Gramaje Ediciones el 2018 y reimpresa por la misma editorial el 2019. Me parece interesante analizar (rápidamente) el mismo libro separado por sólo un año entre cada publicación, el cual posee diversas variaciones en la cantidad de poemas y en las modificaciones de estrofas de los que lograron sobrevivir a la reescritura.

En la edición publicada por Gramaje hay una evidente disminución en los epígrafes, así como en la desaparición de los poemas titulados parábolas que sí se encontraban en la edición de Inubicalistas (“Primera parábola del pescador”, “Segunda parábola del pescador” y “Última parábola del pescador”), los cuales poseían un carácter mucho más vinculado a la persistencia de la vida a pesar de todo, cito uno de ellos: “el /pez /que /herido de /muerte /insiste /bajo la /corriente: // la voluntad” (pág. 14). Por una parte, permitían dar un respiro a la idea del hospital (omnipresente en Cangrejos) y a la idea de la decadencia, el mundo cayéndose a pedazos, los remanentes del naufragio (similar a lo que ya venía haciendo en Junkopia), pero que a la vez, quizás, dirigían hacia otros ámbitos que no eran en definitiva parte fundamental del interés del conjunto de poemas.

Es cierto, existen muchos poemas que pasan la traslación de una editorial a otra incólumes, sólo con ligeros cambios desde las minúsculas a las mayúsculas que corresponden por regla gramatical. Todo pareciera indicar que la operación de reescritura procedió a depurar los textos, limpiando la verborrea innecesaria y/o reiterativa, como en el poema “Orillas”, aquí la versión de Inubicalistas (marcao en negrita las palabras que continúan en una y otra versión para facilitar la comparación):

“sueño que camino descalzo
por la costa. Las gaviotas
parecen la estela que un
barco invisible va dejando
en el vacío del aire. Siento
cada grano de arena buscando
un lugar para viajar de un
lugar a otro en esta inmensa
orilla. Cada movimiento del
mar, por suave que sea, es una
perla que el sol ilumina por
una fracción de segundo.

frente a una roca, colorado y (…)” (pág. 20)

en cambio, en la versión de Gramaje el poema dice:

“Sueño que camino descalzo
por la costa. Las gaviotas son una
estela que un
barco invisible deja
en el aire. Siento
cada grano de arena buscando
un sitio para viajar de un
lugar a otro en esta orilla.

 Frente a una roca, colorado y (…)” (pág. 43)

Sin duda, que es bastante común en el mundo literario la intención de la reescritura como pulsión, el releerse, o tal como lo menciona Martín Cerda en otro fragmento: “El escritor, se reencuentra consigo mismo, es decir, con las huellas de sus contradicciones, errores, anhelos e insuficiencias.” Por lo que podemos considerar, en definitiva, que la edición de Cangrejos de Inubicalistas era una suerte de work in progress, palabra que refiere al mundo del cine el caso de obras que se encuentran en proceso, es decir, que aún no han logrado su corte final y que a pesar de todo se exhiben y que a pesar de todo se publican y que a pesar de todo se leen.

Ha de existir una autoevaluación (siempre) respecto a la escritura, comparar cómo el tiempo ha hecho mella en los textos, corregir lo necesario, lo cual en cierta forma también es una forma de vanidad (vanitas vanitatum omnia vanitas) a la vez que una forma de depuración (autocrítica punitiva). Rodear el objeto, ir hacia el centro, quitar los adornos innecesarios, pulir. La pregunta definitiva es: ¿cuándo parar de editar? Quizás en el futuro, podamos observar una nueva poda a Cangrejos a través de alguna otra editorial, mientras, nos quedará la edición de Gramaje que con poemas agregados como este, logran complementar la idea general del libro:

Terminar borrando todo
y hacer del tema
la ruina de una idea
mirar entre la cáscara rota
un cortejo de cangrejos
palpar la grieta de la concha
con la yema de los dedos
mirar con amor la descomposición del tema” (pág. 67)

En la poética de Jonnathan Opazo Hernández, al menos desde Junkopia, existe esta idea de depuración y la observación de la ruina, de la decadencia, en resumen, la mortalidad de las cosas. Lograr que el poema diga lo justo y necesario (ojalá en la menor cantidad de metáforas posibles). Lograr la simpleza de la conjunción de palabras para crear una imagen (o una serie de imágenes) y nada más, lenguaje directo, al hueso, transparente. Remecer con la claridad o si hay que darle vueltas por otro lado, entregar tal como dijo Godard alguna vez: “No una imagen justa sino justo una imagen”.

+Pablo Molina Guerrero (Concón, 1989). Cineasta, programador de cine. Ha colaborado con crónicas, columnas y reseñas en diferentes medios digitales. Becario del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio 2019 en la categoría poesía.