Chile: una cuesti贸n de fe. Juan Rodr铆guez M.

Alrededor de los doce a帽os, Mary McCarthy, la futura escritora, tuvo una crisis de fe. En el internado cat贸lico en el que estudiaba cundi贸 el desasosiego entre monjas y estudiantes. 鈥淎 medida que los ardientes sermones se suced铆an y yo segu铆a impert茅rrita 鈥攅scribe en Memorias de una joven cat贸lica鈥 una especie de inquietud se adue帽贸 del convento. Todas, incluso yo, ve铆amos que forzosamente ten铆a que recuperar la fe a fin de poner t茅rmino a aquella incertidumbre鈥.

A casi dos meses del 18 de octubre, las apariciones y desapariciones del presidente Sebasti谩n Pi帽era me hicieron pensar 鈥攃uando le铆 aquellas palabras de Mary McCarthy鈥 que el gobierno est谩 como las monjas y estudiantes de aquel convento: esperando que se recupere la fe para poner fin a la incertidumbre que ya dura siete semanas. Esperando que volvamos a la situaci贸n previa al 18 de octubre.

La expresi贸n 鈥淐hile despert贸鈥, que podr铆a ser solo un lugar com煤n, se llena de sentido si uno entiende la pol铆tica, y el orden pol铆tico, como una cuesti贸n de fe. Creemos en un orden, con mayor o menor voluntad y convicci贸n, quiz谩s algunos por mero h谩bito o inercia; creemos, por ejemplo, en el orden neoliberal, lo habitamos hasta que por tal o cual motivo dudamos, y el orden se resquebraja, y cae. 鈥淚ntentaba con todas mis fuerzas sentir fe 鈥攅scribe McCarthy鈥, aunque solo fuera para cumplir con mi deber social, pero cuanto m谩s insist铆a y buscaba dentro de m铆, m谩s me sent铆a obligada a reconocer que no cre铆a鈥.

Es probable que todo orden, como cuesti贸n de fe que es, est茅 sustentado en una mentira. Abrir lo ojos, entonces, significa menos descubrir la verdad que darnos cuenta de la mentira que nos ordenaba. 驴Seguimos creyendo que el bienestar es cuesti贸n de m茅rito, que el mero crecimiento econ贸mico nos traer谩 libertad y justicia? El rey estaba desnudo, lo ve铆amos, pero segu铆amos aplaudiendo, hasta que un ni帽o dijo en voz alta la desnudez del orden, y este cay贸.

Cuando digo 鈥渘i帽o鈥 no pienso solo en los escolares que evadieron el metro, pienso tambi茅n en aquel representante de las isapres que reconoci贸 鈥攕in querer queriendo鈥 que esas instituciones de salud no pueden aceptar personas enfermas; pienso en el propio presidente de la Rep煤blica, de nuevo sin querer queriendo, refiri茅ndose a la educaci贸n como un bien de consumo y una industria; pienso en un ministro de Educaci贸n llamando, con c谩ndida convicci贸n, a hacer bingos para resolver los problemas en los colegios; pienso en el nepotismo desvergonzado para favorecer a hijos, primos y otros familiares; pienso, en fin, en ministros de Hacienda y Econom铆a sugiriendo comprar flores y levantarse m谩s temprano para ahorrar plata.

La precariedad de nuestra modernidad capitalista era la misma hace dos meses, un a帽o, un lustro, una d茅cada. 驴Qu茅 ocurri贸? Se derrumb贸 la mentira piadosa que sostiene todo orden, toda fe, toda pol铆tica. Como ocurri贸, por ejemplo, con la fe en el origen divino de la monarqu铆a, o en la mayor virtud de una aristocracia para llevar los asuntos p煤blicos. Ocurri贸 cuando el imperativo de verdad que se segu铆a de la veracidad de Dios se volvi贸 contra el propio Dios; y entonces, seg煤n cuenta Nietzsche, muri贸. Al Dios verdadero lo mata la verdad; a toda verdad la mata la verdad. En la URSS todos sab铆an que el sistema era corrupto y vicioso, pero eso no se dec铆a oficialmente, recuerda Mark Fisher en Realismo capitalista; no se dec铆a oficialmente la verdad… hasta que lo hizo Kruschev y entonces comenz贸 la debacle: 鈥淓l capitalismo realmente existente 鈥攅scribe Fisher鈥 est谩 marcado a fuego por la misma divisi贸n intr铆nseca al socialismo realmente existente: por un lado, una cultura oficial en la que las empresas capitalistas se presentan como socialmente responsables y cuidadosas; por el otro, una conciencia difundida de que las empresas en realidad son todas corruptas, viles, etc.鈥.

驴No hay algo de eso en la actual crisis chilena, la revelaci贸n del abismo entre una cultura oficial (el oasis) y el desierto del neoliberalismo real? Es como el caso de Bruce Wayne, el fil谩ntropo empresario detr谩s del justiciero Batman: el capital que le permite ayudar a la sociedad, que le permite convertir a su empresa en una empresa verde y, sobre todo, que le permite tener las armas de 煤ltima tecnolog铆a para reprimir a los dementes (que genera el capital), proviene de la fabricaci贸n de armas y de la especulaci贸n financiera, es decir, de la causa de esos males: ese es su secreto, como recuerda Zizek en su ensayo 鈥淏atman y la dictadura del proletariado鈥. Otro tanto ocurre con Michael Corleone, en El padrino III, cuando intenta redimir la riqueza familiar a trav茅s de una fundaci贸n y negocios legales, como la banca, e instituciones santas, como el Vaticano, que en realidad son tan corruptas y viles como los ilegales y profanos negocios de la mafia.

Lo cantaba Luca Prodan: 鈥淢ejor no hablar de ciertas cosas鈥. Porque hablarlas es contar el secreto, revelar la mentira. Quiz谩s los reconocimientos de Pi帽era y otros 鈥攍a educaci贸n como bien de consumo, los bingos como soluci贸n a los problemas en las escuelas, las isapres que no pueden aceptar enfermos鈥 hicieron lo que hizo Kruschev en la URSS: dijeron la verdad, oficialmente. Y entonces, como ocurri贸 con la divinidad de la monarqu铆a, ocurre ahora, en el Chile moderno, con la fe en el m茅rito, con la mentira de la meritocracia, de la persona que se hace a s铆 misma, de los estudios como medio para 鈥渟urgir鈥 y tener 鈥溍﹛ito鈥, de la capitalizaci贸n individual como v铆a para una vejez jubilosa, del crecimiento econ贸mico como garant铆a de progreso material, de mejores sueldos, de acceso a una buena vida, al bienestar.

Ya sin fe, estamos en la incertidumbre, esperando que ocurra algo; esperando y empujando, quiz谩s, una nueva fe, un nuevo orden. Tal vez el gobierno deba resignarse, tal vez, dejando de lado sus creencias (y sus intereses), deba dejar de esperar que vuelva la antigua fe, el viejo h谩bito, esa normalidad. Tal vez deba anunciar un nuevo credo, o comenzar a convocarlo, intuir qu茅 anhela eso que alguna vez se llam贸 鈥減ueblo鈥, todos nosotros: qu茅 certezas y a trav茅s de qu茅 medios. Hacer pol铆tica. Tal vez deba anunciar esos cambios estructurales de los que muchos hablan, el inicio de otro camino (en salud, en sueldos, en pensiones, en educaci贸n, en vivienda, en transporte…), convocarnos, o al menos hacerse a un lado y no seguir impidiendo esa convocatoria, no seguir intentando restaurar a palos, balines y gases t贸xicos la antigua fe. Un nuevo credo, un nuevo orden social que nos devuelva la fe y que nos devuelva a lo nuestro, a lo habitual; un nuevo trato, sea lo que sea.

鈥淟a sensaci贸n que experimentaba era de fr铆a sorpresa al ver cu谩nto me hab铆a alejado de mi anterior situaci贸n鈥, dice Mary McCarthy sobre su crisis de fe, 鈥渓o mismo que aquella vez en que, empe帽ada en aprender a nadar, hab铆a estado haciendo el muerto y, alzando la cabeza mojada mir茅 hacia atr谩s, y vi que los flotadores, lejos de m铆, segu铆an alej谩ndose sobre la superficie del lago鈥.

+Imagen: “Excavaci贸n”, pintura de Pablo Ferrer
+ Juan Rodr铆guez M. (Santiago de Chile, 1983) estudi贸 filosof铆a y trabaja como periodista en el suplemento聽Artes y Letras聽del diario聽El Mercurio.