1. Si el consenso liberal (o neoliberal) que a partir de los años setenta comprometió a la izquierda y la derecha está en cuestión, y ese consenso era el fin de la historia, entonces la historia se ha reiniciado. Ha vuelto la política.

2. Al menos desde que es democrática, digamos desde la Revolución francesa, la política no es el tiempo ni el espacio de la verdad. Verdaderos, ungidos por Dios, eran los reyes.

3. La democracia es el tiempo y el espacio de los iguales, es decir, de las diversidades, de las diferencias que dialogan, se enfrentan, compiten, acuerdan (o no). La política democrática es una cuestión de fe, de convicciones, de creencias, de emociones (razonadas o no) puestas en el juego público.

4. El mundo de los asuntos humanos no es el de la técnica, por tanto no es el de la tecnocracia ni la gestión; el mundo de los asuntos humanos, la política, es el mundo del deber ser, el de la ética, el de la pregunta ¿qué es el ser humano? Es el mundo de la imaginación.

6. Por eso los que hasta hace poco esgrimían su técnica (neoliberal) contra la “ideología”, ahora desdeñan a los especialistas y dicen que hay que escuchar a la gente. Su técnica siempre fue ideológica.

7. El mentado fin de la historia era el fin de la política, era el fin de las diferencias, era la solución o disolución de toda contradicción. Era la verdad. Pero la verdad había muerto en 1789, o desde 1789. Dios ha muerto.

8. Alguno dirá que no, que la verdad no había muerto, sino que se había consolidado desde 1789. Digamos que sí, pero entonces, con la verdad lograda, ¿qué ocurre? ¿Qué hay después de la verdad? ¿Qué hay después del fin de la historia? ¿Nada?

9. Nada no puede haber. Después de la verdad tiene que haber algo. De hecho lo hay. Y ese algo no puede ser verdad.

10. Después de la verdad viene la no-verdad. ¿La no-verdad es la política?

11. No-verdad no es lo mismo que falso ni que mentira. Lo falso y la mentira son parte de la lógica de lo verdadero. Entonces, más allá de la verdad o después de la verdad no hay ni verdadero ni falso. Hay política. Hay imaginación. Tal vez literatura.

12. ¿Antes no hubo política, digamos, entre los griegos de la antigüedad o en la Europa renacentista y, por qué no, en la América precolombina? Sí, tuvo que haberla, pues había seres humanos. Pero estamos suponiendo que el cuento del fin de la historia es cierto. Así es que sigamos.

13. Trump, Bolsonaro y otros son signos del fin del consenso. ¿Qué tal si tienen razón? ¿Qué tal si es cierto que hay alternativas? Claro, su alternativa no nos gusta; pero si tienen razón, si hay alternativa al consenso, tendremos que lamentarnos por haber esperado a que ellos tomaran la iniciativa.

14. Si ellos triunfan, el lamento dirá: ¿había que pagar el costo en xenofobia, racismo, misoginia, homofobia y otros miedos y odios? Y, peor, ¿en más neoliberalismo? “Por eso es que el populismo de derecha se trata de capitalismo para todos”, dijo Steve Bannon, el ideólogo de Trump, en El Mercurio. Eso fue el año pasado. Este mes, tras reunirse con Bolsonaro durante la visita de éste a Chile, el magnate Horst Paulmann dijo: “Felicito a Brasil”.

15. Dicen que el capitalismo está en crisis porque está consumado. Quizás por eso los gigantes de internet proponen un salario mínimo universal; quieren salvar el capitalismo. Quizás por eso Paulmann felicita a Brasil y Bannon habla de capitalismo popular o para todos, que es tanto como decir capitalismo sin capitalistas, o agua deshidratada.

16. ¿No se oye, acaso, que hay que salvar al capitalismo de los capitalistas? ¿No es eso un reconocimiento de que el capitalismo decae?

17. Sí, dicen que el capitalismo está en crisis, pero no por un gran quiebre, menos por una revolución. No habrá estallido, no hay progreso a un estado social superior, sino una prolongada decadencia; eso dicen. ¿Y después qué? Quién sabe.

18. La historia regresó, volvió la política. O quizás siempre estuvo aquí y ahora. O tal vez estos son puros cuentos, nada: palabras, palabras, palabras.

19. ¿Qué hacer?

 

+ Juan Rodríguez M. (Santiago de Chile, 1983) estudió filosofía y trabaja como periodista en el suplemento Artes y Letras del diario El Mercurio.
+ Imagen: Juan Dávila