Una mujer sale con la bandera de Chile. Pero la bandera de Chile ya no simboliza nada. Una estrella, el azul del mar, lo blanco. La bandera de Chile ya no simboliza nada. La bandera de Chile es usada como mordaza dice un poema del 80. Y yo tengo miedo; en el fondo tengo miedo. El edificio se derrumba. Las cartas ya no llegan. El puerto se llena de almácigos ciegos. No hay mañanas, no hay tardes, tampoco noches. El sonido, lo único que queda. La gente en la calle suena. La rutina se desmoronó. Pienso en cómo sería retroceder el tiempo; cuando nada sucedía. No quiero retroceder a ese tiempo. Los sonidos de la calle son lo único que suena fuera y dentro. Una estela. Una estela que se mueve. Los textos sobre la primavera se tratarían de otra cosa, pero ahora ya no hay otras cosas. Solo sonidos en la calle. Personas en la calle. Guanacos en la calle. Mujeres, niños. Solo veo mujeres. Los hombres nunca han estado ahí; la historia se repite. Los sonidos se repiten. Una estela, una estela de silencio quedó la primera semana de octubre. Una estela más fuerte quedó la primera semana de noviembre. Ya va más de un mes. Cuantificamos todo. Lo que vale el pan, los aniversarios, los meses. Cuantificamos todo. Qué triste es la acumulación. Y se supone que nadie debe escribir; hacer escritura a partir de esto estaría mal. Hacer escritura sobre esto está prohibido; es signo de egoísmo y narcisismo. O eso dicen. Estamos atrapados. Encerrados en todas las callen que dan a la Alameda. Un espiral gigante desciende. Un espiral gigante, una estela. Estamos atrapados en un espiral gigante, en una estela; las rutinas se desmoronan, ya no hay mañanas, no hay tardes, no hay noches. Ya nadie puede dormir más de ocho horas diarias. Insomnio colectivo. Ya nadie quiere volver a trabajar todas esas horas de jornadas infernales. Algo se rompió y está moviéndose; algo gigante, enorme, invisible está moviéndose. Y no hay tiempo. Tenemos que apurarnos. Ya no hay tiempo. Todo parece urgente. No hay mañanas no hay tardes, no hay noches. Fuego afuera. Fuego adentro. Almacenes y personas hablan. Suponen resultados y salidas posibles. Nadie tiene tiempo. La arena se detuvo. La bandera de Chile ya no significa nada. Que sea lunes, ya no significa nada; que mañana sea martes, miércoles, jueves, viernes no significa nada. Los días se mueven bajo un espiral gigante, una estela. Ya nada significa nada. Este tiempo nos contravino. Hay fuego afuera hay fuego adentro. Nos prohíben escribir los moralistas de las letras. Que ya no se puede decir nada; menos nombrar el miedo. Peligro de ser políticamente incorrecto. ¿Pero qué importa? No hay mañanas, no hay tardes solo noches. Ir a la calle y ver a la misma mujer con su hija al lado gritando fuerte. La bandera de Chile no simboliza nada. Y me gustaría decir algo diferente; inventar algún otro placer. Pensar otra cosa cae en lo imposible. La carta se derrumba, no llega; nunca existió una realidad antes de esta primavera. Hay fuego dentro, hay fuego fuera. La misma mujer con su hija de la mano, grita fuerte. Pulmones. Se escuchan en las calles. El otro día tuve una pesadilla: una araña gigante construía telarañas en todas las ciudades. Nadie se podía mover; todos quedábamos atrapados ahí con la araña en una esquina, afilando los dientes, preparándose para engullir.

Quería escribir sobre cómo suena la calle; veo a una mujer con su hija al lado gritando fuerte. Pulmones. Sangre. El cuerpo al fin se mueve. Tiembla; veo también a la gran araña en una esquina, preparándose para engullir.

 

+Foto:AFP/ BBC

+ Katherine Hoch (Santiago, 1991). Estudió Letras y Ciencias del Lenguaje. Ha participado del taller Poetizar y pensar de Nadia Prado (2017) y del taller Ensayo literario de Matias Rivas (2018). Actualmente es editora del colectivo Pantógrafas, que indaga sobre la figura femenina en el cine.