+La pintora Antonia Daiber es maestra en diversos materiales y aquí explica cómo va cambiando su uso. En septiembre expondrá nuevamente su obra junto al grupo La Caverna (XS, enero de 2018), está vez integrado por Pablo Ferrer, Francisco Morales, Adolfo Martínez, Cristián Yovane, Ignacio Gumucuio y Natalia Babarovic.
+En la galería: témpera sobre papel, óleo sobre tela, plumón sobre papel, pastel sobre lija.

Ir de una cosa a otra, encontrar una manera de hacer, dejarla, volver. Esto es lo que implica cambiar de materiales, como dice mi amiga Natalia Babarovic, no “plagiarse a uno mismo”. El cambio de material permite que el azar se cuele en el trabajo porque al probar uno se equivoca, surge una posibilidad que no estaba en tu cabeza.

La primera vez que dibujé sobre una lija con pasteles secos soplé el dibujo y la imagen desapreció, tuve que cambiar al pastel graso. Pero del error surgió una serie de lijas de distintos tamaños, colores y grosores. Una cosa lleva a la otra, es un proceso que más que estar a nivel de las ideas está en la experimentación, en el trabajo de taller.

Pasar de una superficie lisa a otra áspera y porosa implica un cambio casi absoluto en el resultado de la imagen. La mancha aceitosa del óleo es muy distinta a la huella del agua en una acuarela o tempera. El color en la pintura es totalmente diferente a la mezcla óptica de un dibujo hecho con plumones, o del polvo seco y opaco del pastel atrapado en el grano del papel.

Del óleo al plumón, del pastel a la acuarela, de la tela al papel, de la lija al cartón. Cuando se vuelve atrás y se retoma el mismo material, el paso por otras superficies hace que cambie la forma de trabajar. Mientras más densas son las lijas, mas livianos y fantasmales parecen los óleos. Esto es inevitable y a mi parecer productivo. Cosas que pasan y no son programadas: suceden en el tiempo del taller, en el trabajo de todos los días.