1. Si la modernidad capitalista está práctica y teóricamente sustentada en el trabajo, si ese es su principio o condición de posibilidad, ¿qué ocurrirá si se cumplen los augurios de un futuro poslaboral, gracias o por culpa de la inteligencia artificial, el procesamiento de datos y en general las nuevas tecnologías? ¿Puede haber modernidad capitalista sin trabajo? Quiero decir, sin seres humanos trabajando.

2. Tal vez, podría pensar alguien, el principio de la modernidad capitalista no es el trabajo, sino el consumo, o al menos lo ha llegado a ser. Y entonces, incluso sin trabajo humano, todavía puede haber consumo y por lo tanto modernidad capitalista. Pero, si no hay trabajo, ¿hay ingresos, sueldos?, ¿hay consumo?

3. Se impone, quizás, la necesidad de una renta básica universal (RBU), cuestión que ya se ha propuesto y que incluso respaldan leviatanes capitalistas como Mark Zuckerberg, de Facebook, y Elon Musk, de Tesla. Lo que lleva a preguntarse: ¿no será que la RBU, tan buena y progresista como suena, es en realidad la manera en el que capitalismo puede asegurar su supervivencia, es decir, asegurar el consumo en un mundo sin trabajo y por tanto sin salarios?

4. Además de permitirnos recibir dinero sin hacer nada, una renta básica universal les permitiría a esos leviatanes capitalistas, primero, seguir desarrollando libertinamente las tecnologías en el sentido de acabar con el trabajo humano y, por lo tanto, con los costos asociados (y, por qué no, les permitiría seguir desarrollando sin control, y usando a voluntad, las tecnologías de procesamiento de datos). Dicho de otro modo, la RBU sería un costo mínimo, una pequeña inversión que harían los capitalistas para liberarse del lastre humano que impide una mayor capitalización o lucro o concentración de la riqueza: puesto que los robots no hacen paros, no se enferman (o se enferman menos), no requieren seguridad social, etcétera.

5. Pero además, la RBU garantizaría que estos leviatanes siguieran contando con consumidores: consumidores con todo el tiempo “libre” para usar sus plataformas digitales (Facebook, Google, etcétera), de modo que ellos —los leviatanes— puedan seguir capitalizando más y mejor “nuestros” datos; y consumidores, también, con el dinero (RBU) para consumir los productos y servicios que otros capitalistas o tal vez ellos mismos (Amazon o Apple, por ejemplo) nos ofrecerán o inducirán gracias a los datos y perfiles que tienen sobre nosotros. Digo “inducirán” en el sentido de que pueden, y lo hacen, pues ese es el negocio de los gigantes de internet, manipularnos para consumir tal o cual servicio y tal o cual producto (también tal o cual política).  

6. Todas estas, por supuesto, son especulaciones, imaginaciones hechas, más encima, a partir de un augurio (el futuro poslaboral). Que el mundo llegue a ser realmente eso, no puedo saberlo. Pero no deja de llamar la atención que un leviatán capitalista esté de acuerdo con pagar una renta básica universal, digo, si atendemos a ese axioma según el cual un capitalista siempre querrá maximizar sus ganancias. Sin embargo, llama menos la atención tanto buenismo si imaginamos que la RBU va en el sentido de aquel axioma, o eso parece.

7. Si los augurios de un futuro sin trabajo se cumplen, y se impone la necesidad de una renta básica universal, no es inimaginable —entonces— un mundo, una modernidad capitalista de una minoría todavía más minoría y más dominante, y una mayoría todavía más mayoría y con menos poder, salvo el de consumir lo que la minoría nos ofrece, usando el dinero que esa misma minoría nos da. O sea, una especie de pulpería global (y eso que no estoy imaginando la posibilidad de que la RBU se arme en parte con impuestos a las personas o con un porcentaje de la RBU de cada uno, tal como hoy aportamos de nuestra renta para la salud y las pensiones).

8. Me doy cuenta, en este punto, que falta el Estado en la ecuación poslaboral: quizás se convierta en el cajero que recaude y pague la RBU, además de conservar sus funciones de seguridad pública (hay que proteger cierta propiedad), quizás de seguridad social (hay que cuidar al consumidor), recaudación de impuestos y, claro, de no intervención en el “libre” (nunca neutral, siempre dirigido o interesado) desarrollo tecnológico.

9. Dicho todo esto, en esa fantasía, no por eso falsa, de un mundo sin trabajo, ¿quién necesita una renta básica universal?, ¿a quién beneficia realmente? Es más, ¿por qué no imaginar la RBU como el pago por el trabajo de navegar por Facebook o hacer búsquedas en Google? Y entonces, la utopía poslaboral, ¿es realmente poslaboral? ¿O más bien se trataría de un mundo en el que trabajaremos —todo el tiempo y en todo lugar— fabricando datos? Ahora, si eso nos molesta o no, si nos gusta o no, si vamos a hacer política con eso o no, y qué política, todo eso es otro asunto.

10. Otro asunto que, sin embargo, no hay que descartar que sea todo el asunto cuando se anuncia un futuro, puesto que un augurio puede tener mucho de deseo y entonces de dictamen, cuando no de imposición. Y ahí la pregunta vuelve a ser quién. ¿Quién augura y para qué?

 

+Juan Rodríguez M. (Santiago de Chile, 1983) estudió filosofía y trabaja como periodista en el suplemento Artes y Letras del diario El Mercurio.
+ Imagen: Josan González.