Cuando escucho esas canciones actuales que dicen Oye Mami Yo Tengo Lo Que Tu Quieres siempre me imagino que los hombres que las cantan deben tener miles de millones de Tappers o Tupperware o como sea que se diga. Sino no sé realmente cómo alguien podría estar tan seguro de tener eso que las mamis quieren. Y bueno, en eso estaba pensando el otro día (mientras congelaba lentejas en una caja vacía de helado) cuando de pronto una nube negra y cuadrada decidió soltar toda su ira sobre Santiago Centro y arruinar así el lavado de ropa y la rutina de miles de ciudadanos como yo.

A mí me gusta la lluvia torrencial aunque se hermane esencialmente con esas nuevas músicas de moda; son fuerzas que uno cree que vienen a destruirlo todo pero en verdad son un nuevo inicio, como las penas que son penas de amor. O sea a mí siempre me recuerda a eso la lluvia, a la sensación de una selva interior llena de agua y barro pero de un barro que al final es bueno.

Ocurre que entonces, por culpa de ese barro y del corte de luz que ocasionó el agua, tuve que ir a trabajar en el computador a la casa de una tía en una villa que queda muy cerca de donde vivo. Ocurre también que esa tía habla mucho cuando recibe visitas. Ese día ella dijo muchas cosas:

“En la radio están hablando de un atentado terrorista en Pitrufquén. Dicen que tiene que ver con la tormenta que hubo recién. Espantoso. El destino de la humanidad se manifiesta. Leí en el diario la otra vez que unos científicos aseguran que en el futuro próximo van a haber tornados en Chile. Se espera uno para el próximo año en el norte, el primero. Es cosa de tiempo que lleguen a Santiago. Tengo que empezar a guardar conservas en el sótano. O sea en algún sótano, acá no hay”.

“Si te quedas a alojar puedes dormir en la cama que era de tu primo, que es una cama como de tenista famoso. Una cama como la del Chino Ríos, te juro. Cada almohada me costó 35.000 pesos. El cubrecama es de mi color favorito que es el lavanda que es como el morado pero claro. O sea no es un color color, es un color olor, o sea es una flor en realidad”.

“La vieja esa del negocio de aquí abajo siempre me mira feo ¿te diste cuenta? No la soporto, me cae pésimo. Dice que su perro poodle hace agua en vez de pipí. O sea, me dijo eso la otra vez porque el perro se meó cuando lo tomé en brazos, tratando de ser simpática. Ahora es viuda pero estaba casada con un colorín que era dueño del negocio de al frente del colegio. Cuando me dijo lo del poodle yo dije ah no, esta es la guinda de la torta, la aceituna que rebalsó el Martini. Te juro que me puse feliz cuando supe que se le murió el marido. Lo apuñalaron aquí como a dos cuadras, no sé por qué pero parece que por asuntos pasionales. Dicen que mientras más pecoso es alguien, más infiel. Todo el mundo lo sabe, no me mires así. ¿O acaso conoces a algún pecoso fiel? Yo no soy católica pero igual creo que cuando una persona comete demasiados errores es imposible que su alma sea eterna. Y eso que yo sí creo que en general la muerte es eterna. Lo digo porque existe en una parte del pensamiento que no comprendo aunque siento que tengo derecho a hablar de la eternidad, me lo he ganado como ser humano mortal con 54 años de vida. También creo que el dolor de corazón sirve, no el dolor arterial sino el emocional”.

“Tengo una uña que se me está poniendo fea. La del dedo chico del pie izquierdo. Se me está poniendo casi color lavanda. Necesito que me ayudes mañana a cortármela. Y a hacer un pago online que no sé cómo hacer, de un Tupperware espectacular que encargué. Yo te acepto como eres pero no quisiera que fueras a las fiestas desnudistas a las que va tu primo. Me da lo mismo que tengas tatuajes pero no hay para qué andar mostrando los senos. Voy a acostarme. Que duermas bien. Chao”.

Yo escuché todo eso mientras bajaba fotos de perros con ropa al computador. Anoté en un papel: Las casas en Chile casi nunca tienen sótanos. Obvio que hay miles de bandas que se llaman Lavanda. Si hay pecas en la piel, hay infidelidad en el corazón. La lluvia es eterna porque existe en una parte del pensamiento que no comprendo. Para no olvidarme. Luego me dormí y soñé que llenaba frascos, ollas y recipientes con agua y los repartía por toda la casa. Después me lavaba el pelo en la taza del baño. Entraba un carabinero y me decía: Eso no está permitido señorita. El pelo se lava en la ducha.

Desperté con la nariz sangrando y salí a la calle, que estaba llena de universitarios y diseñadores gráficos con barba con cara de estar decidiendo si ir al gimnasio o tomarse una botella de Jack Daniels. Yo una vez tuve un amigo que vivía en la misma villa que mi tía y se llamaba Daniel. Lo atropelló una micro en la intersección de Alameda con Portugal y se fue directo a un bar a tomar un pitcher entero, solo. Al rato se le rompió algo por dentro y murió ahí mismo, en una mesa al lado de un Wurlitzer noventero.

+ Josefina González (Santiago, 1983). Se ha dedicado a distintas áreas de la producción creativa: música, pintura, ilustración y actuación tanto en cine como en teatro. El año 2017 lanzó su disco No Todo Se Trata Del Amor Pero Casi Todo (Infinito Audio). Ha publicado los fanzines de humor “Mundo Absurdo” #1 y #2, además del libro Cómo cuidar de un pato (Overol, 2018).

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