Traducción de Ignacio Morales

De 62 sonetos (1953)

 

29

Estoy traspasando mis memorias
las viejas visiones son todas buenas
la luz del invierno que entibia mis dedos
cae también sobre la silla vacía del presente.

Entre el exterior y el interior de la ventana
un fragmento del mundo se suspende.
En cuanto estoy por tocarlo
el bello instante galopa lejos.

Sigo contemplando todo.
Mi corazón susurra con desgano
pero el amor lo silencia.

El presente retorna;
el ayer está borroso;
no logro imaginar la forma del mañana.

48

Con frecuencia oímos el lado oscuro de la vida
referido solemnemente:
tumbas, carrozas, testamentos…
Eso no nos dice nada sobre la muerte.

Los vivos no pueden ver más allá de las sombras
y no saben como es perder algo
rodeados de espejos,
siempre ojeando la vida en su reflejo.

Porque la muerte carece de espejos
pronto seremos inconscientes de nosotros mismos
capaces de ser unos con el mundo.

Bajo la lluvia los vivos están ocupados viviendo.
El diario de la tarde reporta suicidios:
No somos nada más que la distancia que rodea a la muerte.


54

Inconscientemente me alejo
del mundo en que nací
no puedo caminar más
entre las cosas de la tierra.

Sabemos que incluso el amor es una posesión,
pero no podemos dejar de rezar
para que la vida continúe.
Y aceptamos la pobreza de nuestras oraciones.

No puedo poseer nada
aunque amo
árboles, nubes, personas.

solo puedo desechar
mi corazón rebosante—
indeciso de llamar a eso un acto de amor.

55

Incluso solo estando sentado
hago mi vida dar frutos
como los árboles que, inmóviles
se mueven en el círculo cósmico de la vida.

Puedo jugar sinceramente
todos mis días asignados
solo me mantengo de pie
hasta marchitarme.

Soy un recipiente descartado
en la forma de la espera,
consciente de que nunca será llenado.

Si es que tengo un rol en esta tierra,
es este:
solo estar de pie

56

¿No es el mundo una pobre estrella en la mitad de la nada?
Crepúsculo…
el mundo permanece absorto,
como avergonzado de sí mismo.

En momentos como esos
recolecto  los pequeños nombres de las cosas
y de algún modo
me pierdo en el silencio.

A veces los sonidos llaman al mundo,
con más certeza que mi canción:
silbidos distantes, ladridos, el repartidor de diario.

En momentos como esos el mundo escucha,
tan jadeante como el crepúsculo,
reafirmándose sonido a sonido

57

En la canción que canto
el mundo está herido.
Intento hacerlo cantar
pero permanece en silencio.

Las palabras son pobres niños pequeños
siempre perdidos,
se posan sobre las cosas, como libélulas temblando
en medio del denso silencio.

Tratan de escapar hacia las cosas
pero las palabras no pueden
amar el mundo.

Me insultan y mueren,
arrebatadas por el cielo estrellado.
Vendo sus cuerpos.

+ ++ Esta versión en español de Ignacio Morales fue hecha respecto a la versión en inglés de William I. Elliott y Kazuo Kawamura.
+ Shuntarō Tanikawa (Tokio, Japón, 1931) es uno de los poetas contemporáneos más importantes y más leídos de Japón. Es autor de más de setenta libros de poesía, de prosa poética, de fotografía con poesía, de pintura con poesía, de literatura infantil, de ensayo, entrevista y opinión, entre otros géneros y temáticas.
+ Ignacio Morales (Santiago, 1986), poeta y traductor. Ha publicado Volvo (Libros Tadeys, 2017) y las antologías de poesía escolar Miraré el sol y me quemaré con gusto (2015) y Ven a bailar contra el oleaje, ven a gozar la fácil destrucción del cisne, 14 poetas del Apocalipsis (2016), por el sello Épica social americana. Actualmente reside en São Paulo.
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