Durante casi tres meses en 1964, Nabokov grabó sus sueños al despertar como una forma de probar la teoría de Dunne que señala que los sueños ofrecen no sólo fragmentos de impresiones pasadas, sino también una visión proléptica de un evento que está por venir. Los siguientes sueños pertenecen al libro Sueños insomnes: experimentos con el tiempo.

Registro de los soñadores
Durante la escritura estaba bajo la impresión de que estaba resultando algo inteligente e ingenioso. En ocasiones sucede algo parecido en los sueños: sueñas que estas haciendo un discurso de máxima brillantez, pero cuando lo recuerdas después de despertar, se va sin sentido. Además de estar callado frente al té, estoy en silencio ante ojos enlodados y deformados.

–Vladimir Nabokov, Desesperación

Miércoles 14 de octubre, Montreux
Ambos corriendo sobre el asfalto de la calle, Vé detrás. Estoy a punto de adelantar (fácilmente) un carruaje tirado por caballos. Me pregunto a mi mismo y a ella (pero ella ya no está detrás) ¿de qué lado un corredor adelanta un carruaje? Un extraño en el interior (cara redonda, viejo) me pregunta en ruso (¿o alemán?) si estoy bien. Critica mi ropa, eso que llevo puesto hoy. Explico que las manchas en mis pantalones (que de alguna forma son más café que todo lo que llevo hoy) se deben a las salpicaduras al cruzar un charco. No puedo encontrar la forma para, o recordar el nombre de, una cierta plaza en Berlín donde Vé (ahora de alguna manera en frente) quiere visitar un museo. (Habíamos estado en una exposición de pintura moderna en el Palacio de Beaulieu en Lausanne pocos días antes, pero la atmósfera en mi sueño es diferente).

En el curso del día recuerdo el “delante-atrás”, parte del sueño cuando caminamos con Vé. Ella en frente y yo detrás a lo largo de una estrecha vereda por la que, muy cerca de nosotros, nos adelantaban rápido unos autos. Pero estamos atormentados por el tráfico diario.

31 de octubre 8.00 AM
Entre sueños varios, fue un extraordinario recuerdo de la infancia temprana. Estaba, nuevamente, inmerso en estas terribles rabietas. Esas tormentas de lagrimas con las cuales mi madre tuvo que hacer frente cuanto tenía cuatro y cinco años mientras estábamos en el extranjero. El sueño, maravillosamente trajo de vuelta una sensación de desastre total, cuando, dejándome llevar por completo, me di cuenta que estaba reconciliándome con mi indefensa y afligida madre con cada sollozo y aullido. En el sueño de esta noche, estaba ya en esa tempestad en la que corría por el hotel dentro de un pasillo blanco desde mi dormitorio y el dormitorio de Sergey (mi hermano) intentando irrumpir en la habitación de mi madre. Ella no me dejó entrar. Lloró abruptamente y gritó que estaba cambiándose de ropa. Me lancé dentro de un retrete y al momento siguiente estaba extrañamente parado sobre la tapa abrazando la cañería blanca que subía hacia una cuenca en la cual sumergí mi rostro (el sueño extrañamente dio la medida de mi altura por medio de esta posición que aparentemente no tenía otro significado o propósito). Mi madre con los ojos brillantes y la cara enrojecida, abrió la puerta al final de una especie de vestíbulo conduciéndose al lugar donde lloraba dejándome ir por completo. Desafortunadamente, en este momento mi hermano –a quien vestía la institutriz inglesa–, oyó mi llanto y se incorporó. Esta doble representación arruinó el momento y mi madre, en lugar de consolarme, rompió en llanto.

13 de noviembre, 1964 – 6.30 AM
Conmovedor sueño agridulce impregnado de ternura y desesperanza. Joven mujer baja y rechoncha, desaliñadamente vestida, cuello desnudo, cara muy atractiva pero no perfectamente bonita. Mandíbulas anchas, nariz plana, tez maravillosa, piel suave de color cálida, ojos azul pálido y pelo rubio desordenado. Estoy tratando en vano de consolarla: ha sido herida por su infiel y joven marido. Una oscura figura de perro gay en segundo plano. Estoy haciendo mi mayor esfuerzo para hacerla entender que lo siento profundamente, que estoy ahí para ella. Pero ella esta completamente envuelta en su dolor taciturno y es absolutamente impenetrable. No importa cuánto me esfuerce por alcanzarla (llegar a ella), como le dije en ruso «пробиться к ней»–todo es en vano. Alza la vista y me mira con mirada de caza aprensiva, dispuesta a endurecerme, molesta, resintiendo mi simpatía la cual es genuina pero no libre de deseo. (El hombre joven está –un oscuro sentimiento –relacionado conmigo– quizás).

Viernes 16 de octubre, 1964 – 8 AM
Bailando con Vé. Su vestido abierto, extrañamente manchado y veraniego. Un hombre la besa de pasada. Lo agarro por la cabeza y le golpeo la cara con una fuerza tan viciosa contra la pared (el reluciente metal sugiere un barco). Se aleja con la cara toda sangrienta y se tropieza.

La mañana del jueves hubo una referencia en televisión sobre carnicería y la ejecución de los participantes en la trama de la bomba contra Hitler.

17 de octubre, 1964 (mirar 20 de octubre) – 8.30 AM
Estoy sentado en una mesa circular en la oficina del director de un pequeño museo provinciano. Él (un extraño, pálido administrador de rasgos neutros y pelo cortado al estilo militar) está explicando algo sobre las colecciones. De repente, me doy cuenta que todo el tiempo que el lleva hablando yo he estado distraídamente comiéndome unas exposiciones– ladrillos de pesado material que aparentemente había tomado para crear una especie de pasta insípida y polvorienta pero que en realidad eran muestras de suelos raros que estaban en los compartimentos acerca de algo de madera con forma de bandeja en la que son mantenidos especies geológicos (de los cuales la mayoría estan ahora vacíos). A pesar de que ha señalado la bandeja mientras hablaba, el director aún no ha notado nada malo. Ahora me pregunto no tanto por los efectos que puedan tener las muestras de los suelos sobre mí (ligeramente azucarados), sino sobre el método de restauración y qué fueron exactamente. Tal vez muy preciados y difíciles de conseguir conservados en el museo hace mucho tiempo (las etiquetas en los compartimentos vacíos son reprochables pero tenues). El director está llamando por teléfono y abruptamente deja el cuarto. Estoy hablando con su asistente (un alemán bastante joven que usa anteojos) quien es muy duro con el doctor que ha estado cuidándome antes de venir a esta clínica (ex museo). De hecho, el trato del doctor (considerando las exposiciones que acabo de comer, ha empeorado mi condición) y dado lugar a la posibilidad de una “infección de hierro”. Dice que estaré en amenaza al menos durante un año, que “vivirá baja la amenaza”. El pronuncia mal esta palabra y en lugar de amenaza dice mans[1] y se vuelve disculpándose y preguntándose por el director de la clínica (que ahora ha regresado a su lugar en la mesa). El director, cuyo idioma nativo es el inglés, asiente con la cabeza y dice “sí, habrá un hombre”. Lo corrijo: amenaza, y soy consciente de que lo he ofendido.

(Hace poco –antes de ayer– había leído sobre setas que se comen. Muestras secas que eran ofrecidas a los visitantes en exposiciones para ser manipuladas y olfateadas. El año pasado fuimos sumamente críticos con unos de los doctores).

18 de octubre, 1964 – 8.30 AM
Varios sueños sacudiéndose mientras trataba de recordar; solo he podido recordar unos cuantos pedacitos rotos. Un parche o patrón como de hojas de enredadera o luz y sombra con un efecto posterior a la imagen, suspendido cerca de mí, reconocido como el signo fatídico de la disolución inminente: una sensación frecuente de “esto es esto”. Otro sueño, también recurrente, fue la pesadilla de encontrarme a mi mismo en la guarida de interesantes mariposas sin mi red para atraparlas siendo reducido a la rareza de capturarlas y dañarlas con mis dedos –en este caso un insecto español, una libélula azul.

20 de octubre, 1964 – 7.00 AM  
Sueño de viaje. Acabo de despertar en el compartimento afelpado del coche cama. Nublado amanecer en la ventana a mi derecha, enfrente de mí hay una puerta de baño de acero verde que separa mi compartimento con el de Vera (mezcla de trenes tipo europeos y americanos). Me sorprende que se haya ido a dormir a la cama deshecha en una posición sentada y completamente vestida, y que las puertas entre nosotros hayan permanecido cerradas. De repente, me doy cuenta, incluso antes de investigar mi bolsillo, que mi pasaporte ha estado donde siempre– en el cajón izquierdo de mi escritorio en Montreux. En el medio tiempo el tren se acerca a la frontera (aparentemente Belga, la cual crucé varias veces en el pasado). Reflexiono sobre la pregunta –¿debería llamar a nuestro conserje del Palacio del Hotel para tenerlo frente a la cosa? ¿Debería despertar a Vé? En una segunda entrega del sueño, tenemos problemas encontrando nuestro equipaje en la aduana.

 13 de diciembre, 1964 – 8.30 AM
Me he saltado cuatro noches.

(No registré los sueños banales que tuve últimamente).

Sueño intensamente erótico. Sangre en las sábanas.

Final del sueño: mi hermana Olga extrañamente joven y lánguida. Después V. Me dice que no debo olvidar ir al oftalmólogo. Encuentro la calle pero no puedo recordar el número de la casa. Agonizo buscando en la guía telefónica pero no encuentro su nombre y, además, no sé cómo marcar el vago número que retengo en mi cabeza. Algo que termina en 492. Luego, parado cerca de una ventana desde donde tengo una vista a medias, suspiro y medito sobre la posible consecuencia del incesto.

7 de noviembre
Final del sueño: mi madre está molesta por algo y todo lo que dice mi padre lo empeora. El me da un volumen encuadernado the ilustraciones o gráficas. Yo volteo las páginas sentado con las piernas cruzadas. Mi madre está al borde de las lágrimas y deja la habitación en silencio (parecemos estar en un hotel o en una villa, my padres son jóvenes pero yo soy un niño crecido). Mi padre la sigue. Escucho su voz yendo y viniendo en la habitación de al lado. “Si no estas bien, entonces no bajes. Harás que todos estén bien” (una escena imposible en el pasado real). Me siento horrorosamente avergonzado y no puedo decidir si concentrarme en la revista (hay un diagrama de ajedrez en la página derecha) para no escuchar lo que se dicen o cerrar el pesado volumen e irme. El también dice algo sobre su sobre su deseo de que una calle lleve su nombre.

6 de diciembre, 1964 – 8.00 AM
Sueño fatídico. Despierto con una punzada. Un abstracto y terrible pedazo de accidente separa el monograma de la vida alejándonos instantáneamente. Un grito de pesadilla. Vé y Vladimir Nabokov con perfiles en direcciones opuestas.

[1] La palabra amenaza, en inglés menace es confundida por la palabra man por el doctor.

+ Verónica Echeverría (Santiago, 1992), estudió literatura y actualmente trabaja como profesora de español.
Imagen: Nabokov en cama, Carl Mydans (The Life Picture Collection)