Sobre Sara Moncada, de Cecilia Gajardo. Ediciones Carlos Porter, Santiago, 2019

Sara Moncada era una clínica en la calle Pedro de Valdivia, en Providencia. Al preguntarle a Google por «Sara Moncada» la segunda respuesta es un comunicado, quizás del año 2016, en el que el «Directorio» del recinto «informa a todos sus pacientes el cierre definitivo de las actividades de nuestra Clínica, Centro Médico y Centro Salud & Belleza, a contar de Febrero de 2017». «Luego de más de 60 años de trayectoria y tradición, nos quedamos con la grata satisfacción de haber hecho de “CLINICA SARA MONCADA” una clínica de vanguardia y excelencia. Nuestra atención en salud siempre estuvo basada en la vocación y compromiso de los que formaron nuestro equipo de trabajo, es por esto que hoy nos vamos con la convicción de haber cumplido nuestra Misión, “Brindar una atención personalizada en salud y medicina estética en un ambiente grato, con profesionales comprometidos, entregando un servicio de calidad, seguridad y confianza”». «Agradecemos la preferencia y lealtad de nuestros pacientes y equipos médicos, asimismo el apoyo y colaboración de nuestros funcionarios y de todos aquellos que tuvieron parte en la entrega de nuestro servicio».

Sara Moncada, la desaparecida clínica, tal vez sea el lugar de agonía y muerte de la madre a la que su hija le habla y que le habla a su hija en Sara Moncada, el segundo libro de la poeta Cecilia Gajardo (Talca, 1985). Esa hija indica las sábanas blancas que usó su madre y que usará otra mujer. Porque muerta la enferma, que viva otra enferma, como para enrostrarnos que los muertos pasan. Y ahora que no hay clínica, ya ni sábanas ni enfermos ni muertos hay allí. Pero eso no está en el libro de Gajardo; sí hay hortensias y telas blancas (delantales, vendas, sábanas), y la soledad de la hija, que al parecer vivía para su madre, o al menos para darle cuentas o contarle, para tranquilizarla: «No tengo amigas pero me saco fotos con niñas lindas / en matrimonios que no me invitaron / en lanzamientos que no me invitaron / en rondas que no me invitaron / en juegos de mesa que no me invitaron. // Me hallo siempre levantando la mano como en el colegio / pero aún no me ceden la palabra / (no te preocupes que ya querrán saber de mis inquietudes / el asunto es que no tengo ninguna) / solo quiero levantar la voz de hormiga y que me saluden. // Ya no tengo miedo a morir / tengo miedo a que no se den cuenta que estoy muerta».

¿No será la madre la que habla en los versos citados? Madre e hija se entretejen en Sara Moncada, en el libro y en la clínica; se incorporan, se piensan; ¿cuándo deja una hija de ser hija, una madre de ser madre?: «En qué momento una persona deja de creer / en la persona que es. En qué momento una flor sigue siendo una flor / si se mueren sus pétalos. // ¿Seguirás siendo tú si te sacan todo, si te embalsaman? // ¿Qué pasará con tu cuerpo madre?». «Las madres sin sangre / son azules como las hortensias / un azul extremo / entre la somnolencia o la ida / definitiva». ¿Había hortensias en la clínica?, ¿tal vez en la casa de la madre e hija? ¿De qué color y qué flores son las hijas sin sangre?

Una planta muda, llama la hija a su madre; tal vez la muerte es dejar de hablar; ¿y la poesía, qué es la poesía? ¿Será una especie de nacimiento? «Las hortensias se ponen bajo la primera lluvia / para lavarlas / en una especie de nacimiento».

El 4 de marzo de 2019 un artículo del Diario Financiero informó: «Proyecto en terrenos de la exclínica Sara Moncada sufre cambios». «Tras la publicación de la DDU 374 en septiembre de 2017, la inmobiliaria tuvo que reemplazar el apart hotel por un segundo edificio de renta residencial». (La inmobiliaria es también Sara Moncada.) Antes de aquella nota, el 11 de marzo de 2017, El Mercurio informó: «Clínica Sara Moncada cierra para dar paso a proyecto inmobiliario de tres edificios». «Casona patrimonial típica de avenida Pedro de Valdivia será conservada junto a sus jardines, según anteproyecto presentado al municipio de Providencia».

Nada se dice, por supuesto, de una hija y su madre. Tal vez sí se dice algo porque nada se dice, porque se deja de hablar: «Ya hablaste demasiado, madre». ¿Será eso la poesía?, ¿dejar de hablar? Quizás sea, ante la muerte, salud y belleza, como la clínica Sara Moncada … «Luego de más de 60 años de trayectoria y tradición, nos quedamos con la grata satisfacción de haber hecho de “CLINICA SARA MONCADA” una clínica de vanguardia y excelencia» … ¿Será eso la poesía, salud y belleza, trayectoria y tradición, vanguardia y excelencia? ¿O jardines conservados, inmobiliarios, inmóviles, embalsamados? ¿Miedo no a la muerte sino al olvido? Tal vez soledad, blancos y hortensias.