Un ex pololo cada vez que podía me recomendaba que viera Las alas del deseo (1987); nunca le hice caso. A veces lo lamento. Pero creo que existe un morbo al recibir recomendaciones de películas porque la lista es cada vez más extensa. Incluso más extensa que la lista de lecturas pendientes. En ese aspecto, y en otros que prefiero no nombrar (por ahora), creo que el morbo del cine sobrepasa al de la literatura.

Paris, Texas (1984) es una película dirigida por el alemán Wim Wenders y escrita por Sam Shepard. El guión nos cuenta el reencuentro entre distintos personajes erráticos que no se veían hace mucho tiempo: una ex pareja, unos hermanos, un padre y su hijo, una madre y su hijo. Son 144 minutos de mucho silencio, intriga y fragmentos. Todo combinado con planos generales, y un tratamiento del color que tiende a los tonos eclécticos, metálicos y brillantes.

Me demoré días, casi semanas en decantar todo lo que había visto, todo lo que había sentido; en procesar el peso de ese cuerpo muerto que puede parecer Paris, Texas. El pintor aporta su cuerpo en lo que pinta, dice Valery. Y en este caso, el cuerpo suma y suma kilos. Resumido en tres escenas/momentos de la película:

Uno.

Plano secuencia en un peep show; una ex pareja se encuentra luego de 4 años separados. Esta, es una de las escenas más evocadoras que he visto en siglos. Los personajes interpretados por Harry Dean Stanton y Natassja Kinski, dialogan sin verse directamente; la vista pasa a ser parte de un efecto de sinestesia donde es la voz la que muestra, no los ojos.

Dos.

La caminata errática en el desierto que interpreta Harry Dean, no es azarosa. Hace un par de días fui a la última función de Lucky (2018) en el Cine Arte Alameda. Éramos solo 4 personas en la pequeña sala del segundo piso. Observaba el peso del cuerpo viejo de Dean y recordaba simultáneamente, el peso de su cuerpo más joven y experimental en Paris, Texas. La caminata errática, seca y distópica. Porque sí, el desierto puede ser también parte de una distopía alienígena.

Tres.

Plano final que muestra el abrazo de una madre que se reencuentra con su hijo pequeño, luego de no verlo durante 2 años; ya no es el peso de uno, sino de dos cuerpos. Tan distópico como recorrer todos los desiertos posibles sin necesidad de tomar agua.  

Estas tres escenas parecen inconexas, pero no lo son. Barthes bien plantea que, en el fondo, nos interesamos en el lenguaje porque hiere o seduce. Y el lenguaje, compuesto no solo por sintaxis ni palabras, alcanza nuestros centros neuronales más atávicos. Una imagen o un olor, son captados por el sistema límbico de cualquier animal: un lagarto, un huemul o incluso, un ser humano, pueden integrar lo que ven y remontarlo a otras huellas visuales. Y eso me pasó cuando vi Paris, Texas; sin entender nada, sentí el peso del cuerpo, por detrás de los ojos.

+ Katherine Hoch (Santiago, 1991). Estudió Letras y Ciencias del Lenguaje. Ha participado del taller Poetizar y pensar de Nadia Prado (2017) y del taller Ensayo literario de Matias Rivas (2018). Actualmente es editora del colectivo Pantógrafas, que indaga sobre la figura femenina en el cine.