El Found Footage –en español, literalmente, Metraje Encontrado, tal como el título de este libro– es una técnica cinematográfica que consiste en realizar un montaje reciclando el material de cintas caseras que no han sido filmadas por el autor, sino encontradas, ya sea por casualidad en la basura o el ático de una casa, o bien a la venta en ferias donde se ofrecen antigüedades, artículos de segunda mano, o baratijas en general.

Uno de los mayores exponentes de esta técnica aquí en Chile es la cineasta Tiziana Panizza, quien la exploró exhaustivamente en su triología Cartas Visuales (2004-2011), de la cuál proviene la selección de fotogramas que acompañan este libro.

Recuerdo que la primera vez que vi las películas de Tiziana tuve la oportunidad de comentarle mi impresión sobre su manera de tratar las imágenes. Era como si un marciano las hubiera abducido & se enfrentara a ellas sin ningún contexto ni parámetro antropológico para interpretarlas, provocando en el espectador una sensación de extrañeza ante imágenes de otra manera cotidianas. & tengo la impresión de que, si bien con otras palabras & desde otra perspectiva, es esa misma extrañeza la que aborda Germán Carrasco en este libro.

“La imagen nace del acercamiento/ de dos realidades/ cuanto más lejanas y justas sean las relaciones/ de las dos realidades acercadas/ más fuerte será la imagen.//” dice Carrasco que dice Godard (1), & es la misión del poeta la de recorrer esta distancia como un chaski, o bien, como un competidor de la maratón de garzones de Valparaíso, ávido de llevar la imagen a destino sin derramar su contenido.

En efecto, se pueden identificar varias distancias que se sortean a lo largo del poemario. La más inmediata es la distancia de clase. El tipo de material con el que se trabaja son grabaciones caseras pertenecientes a familias de la clase alta, que –con el lanzamiento en 1965 de la cámara Super 8 por parte de la Kodak, & luego la reedición en versión casera de que la Bolex sacó para hacerle la competencia en 16mm– comenzaron a realizar registros audiovisuales de su vida cotidiana: cumpleaños, matrimonios, vacaciones, etc. Sin embargo, estas son grabaciones que han caído en desgracia, desde el momento en que –pasada la gracia del chiche– fueron descartadas como desechos por los herederos de la familia, que las consideraron un estorbo. Se convierten entonces en objetos de segunda categoría, yendo a parar a un puesto en el mercado persa o al costado de una cuneta; a los márgenes del olvido; márgenes que habilitan a Carrasco a hablar de otras periferias, ya sean sociales, geográficas, laborales; aquellas existencias que nunca tuvieron cabida dentro del registro en primer lugar.

Por otro lado, el contenido de estas imágenes es de orden doméstico, íntimo, & existe una segunda brecha observable, en la medida en que esta intimidad es expuesta en este ejercicio de recuperación, movimiento proporcional a la medida en que la identidad autoral se va perdiendo en cuanto que es también un ejercicio de apropiación. De esta manera, la intimidad anónima originaria se torna una prótesis para la identidad pública de quien monta las imágenes.

Pero aunque hayan quedado despojadas de sus rasgos originarios, existe aún en estas imágenes la ficción de ese origen remoto & inalcanzable. & es también el rol del poeta el de recorrer esa distancia intrazable para entregar el registro, el testimonio de estas imágenes que vibran en este absurdo significativo, absurdo que solo puede ser resuelto mediante una suerte de invocación, como si dicho origen fuera un fantasma o un zombi que puede ser reanimado materialmente –mas solamente en la medida en que las imágenes son visionadas–. “Todos fichados y detenidos en momentos felices./ Detenidos mas no desparecidos//” dice Carrasco casi al arranque del libro.

Esta asociación de ideas me hizo recordar una película que me tocó traducir para el último Festival de Cine de Valdivia, llamada Borrados… La asunción de los invisibles, en la cuál su director Ghassan Halwani busca hacerse cargo del tema de los detenidos desaparecidos durante la guerra civil en El Líbano (1975-1990), un país cuya relación con los D.D.H.H. es mucho más precaria que la nuestra, pues se encuentran más al borde del negacionismo histórico que de otra cosa. Bueno, sucede que no muy avanzada la película se nos presenta la siguiente advertencia –que es tanto más hermosa en cuanto se tiene en cuenta que proviene de alguien que está enfrentándose cara a cara al horror–: “Las personas que aparecen en esta película son visibles solo mientras dure el visionado de la misma. Cuando termine la película estas personas volverán a su estado de invisibilidad. Sin embargo, esto no impedirá que existan. Permanecen en silencio en algún lugar bajo el ajetreo de la vida cotidiana. No se les permite ser visibles, pues su presencia constituye una amenaza a la seguridad nacional”. & si bien el ejercicio de la película puede distar o incluso ser opuesto al de aquel cometido en este libro, recordar esta cuña mientras leía estos poemas me entregó la clave para comprender la fantamagoría que se acusa tras estos registros.

Hay aún una última distancia que salvar en este libro. Esta es la distancia entre la obra de Tiziana, cineasta, & la de Germán, poeta. Conociendo la producción que a ambos los precede & las ocasiones en que han colaborado –Tiziana tiene una rendición cinematográfica del poema El yámbico jadear de los amantes (2013) de Carrasco, mientras que gran parte del último libro de Germán, Mantra de Remos (Alquimia ediciones, 2016), fue escrito como contenido para el documental Tierra en Movimiento (2014) de Panizza–; resulta evidente que es el espíritu de la obra de Tiziana lo que le da aliento a este poemario, & que sin ella no habría habido nada que habilitara la reflexión & el ejercicio que se plantea en este libro.

Con esto no quiero decir que el texto no se sostenga por sí solo. Pero sí que hay un aspecto entero de su razón de ser que no se encuentra en la obra misma de Germán, sino que habita en la de Tiziana. & es la constatación de esta comunión entre estos dos universos estéticos –& con ‘estéticos’ quiero decir ‘existenciales’– a la que siento que se refería Germán cuando me decía, al entregarme el manuscrito, que en gran parte estos eran poemas que hablaban de amor. ‘Hay humor también, se supone’, me dijo. Pero no hay nada más nefasto que intentar explicar un chiste. Para eso mejor los invito a comprar el libro.


(1) La cita proviene del libro JLG (Caja Negra ediciones, 2012).

 

 

 

Metraje encontrado, Germán Carrasco.

Editorial Hueders. 

178 páginas.

$11.000

 

 

 

 

+ Horacio Ferro (Lima, 1983). Traductor especializado en cine, literatura y patrimonio cultural desde hace 12 años. Publicó su traducción del videojuego/poemario Ennuigi (Josh Milliard, 2015) por Libros Tadeys. Puedes revisar parte de su trabajo más reciente en https://piantagoras.wordpress.com/
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