Por Javier Mardones

Harmony Molina pertenece a ese reducido grupo de cantautores chilenos que no son una lata. Si Gepe, Manuel García o Fernando Milagros son los héroes frenteamplistas, Harmony Molina es el antihéroe, una especie de Ignatious J. Reilly de la música chilena, demasiado raro y auténtico como para tener éxito.

Tras haber fracasado rotundamente con su último álbum y haber vuelto “sin ni uno” a Chile, Harmony hizo un espacio en su holgada agenda para hablar con Saposcat sobre libros, música y sueños destrozados.  

 

Tú sabes que Saposcat es un medio mayormente literario, por lo que la primera pregunta es si te gusta leer y, de ser así, qué te gusta leer.

(Harmony sorbe intensamente su Java Chips grande con crema mientras piensa¿Me gusta leer? Sí. Me estoy leyendo uno que se llama Pastoral Americana de Philip Roth y antes de ese me leí uno que se llama La Viuda Embarazada de Martin Amis y antes de ese la biografía de Jim Morrison. Fascinante.

¿Por qué tanto?

Porque me hubiese encantado ser como él, agraciado y le iba bien con las mujeres, pero yo soy todo lo contrario. Ah, también mi hermano me regaló un libro de Enrique Lihn. Y la edición 20 aniversario del Clinic, que estaba bien mala y fome, debo decir.

Oye y la típica pregunta que te deben hacer: ¿quién te puso Harmony y por qué?

Puta qué está rica esta wueá (refiriéndose al Java Chips con crema). Fue mi amigo Joaquín, cuando una vez en Berlín estábamos viendo la película Julien Donkey Boy de Harmony Coreen, y mi amigo estaba viendo los personajes de la película y vio mi cara y dijo “tú tenís que llamarte Harmony”.

¿Cuándo empezaste a hacer música?

¿A hacer, a tocar, a grabar, a lanzar wueás, qué?

A componer tus primeras canciones.

Hace diez años. Tenía 28.

Tarde igual… ¿por qué?

Porque antes hacía otras cosas y no había tenido la necesidad de expresarme musicalmente.

¿Y en tu adolescencia? ¿Veías MTV? ¿Te gustaba escuchar música?

Más el fútbol.

Pero alguna banda te tiene que haber gustado…

Paniko. Esa era mi banda favorita en los 90’s. En gran parte fue porque entraba gratis a sus conciertos.

¿Y eso por qué?

Salí elegido Miss Paniko en un concierto. Hicieron un concurso de Miss Paniko, de la niña más Paniko, y yo en esa época era flaco y tenía el pelo largo y una mina me prestó una falda, y salí elegido. Con eso pude entrar gratis a todos los conciertos, creo que en el año ‘99.   

Oye ¿y que buscabas cuando con 28 años empezaste a hacer música? ¿Fama, mujeres, drogas, viajes, plata…?

Enamorar. Enamorar.

Enamorar… ¿audiencias?

Quería conocer el amor, porque nunca lo había conocido. Entonces cantaba serenatas furtivas a doncellas inalcanzables. Y… no me resultó, así que me fui de Chile.

A la deriva

¿A qué edad te fuiste de Chile y por qué?

El 2006 me fui a buenos aires, 1 año, a hacer un curso de teatro. Después me fui a Nueva York y después a Berlín.

¿Por qué Berlín?

Quería desarrollarme como artista de performance, y ahí el mundo artístico es un poco más grande, entonces ahí me desarrollé un poco más. Después entré a estudiar arte, pero me retiré al tercer día. 

¿Por qué tan rápido?

Porque la sala de clases nunca fue mi lugar en este mundo. Cuesta ponerle atención a alguien que no sea un chocolito o una caja de televisión

¿Y ahí fue cuando te pasaste más fuerte de la performance a la música…?

Primero me pasé del teatro a la performance, porque antes de ir a Berlín hacía teatro en Argentina y Chile, después en Berlín y en Nueva York viví un año haciendo performance, y al final de mi estadía en Nueva York hice mi primera canción, que se llama Coffee Shop Girl. Se la hice a una musa que me sirvió una taza de café en un sucucho de Brooklyn. Así empezó mi carrera, absolutamente inspirado por lo platónico, por lo amoroso, por lo veleidoso.

Trayectoria

Tras estos diez años de trayectoria, ¿conseguiste finalmente enamorar con tu música?

No, estoy completamente decepcionado. De hecho, creo que perdí el tiempo y debí haber estudiado una carrera útil como arquitectura, periodismo, diseño. En estos diez años lo único que hice fue… dar jugo. Y hacer reír a unos pocos, hacer soñar a otros tantos, pero en el fondo no me ha ayudado para ser mejor persona, sino que me ayudó a hundirme en el flagelo del alcohol y la droga.

¿Pero es cierto que dejaste el alcohol y las drogas hace un par de años?

Dejé las drogas, el alcohol, la comida chatarra y empecé a hacer ejercicio. Después de que mi polola terminó conmigo, quise cambiar, convertirme en un hombre nuevo, para que así me aceptara nuevamente en su regazo. No me aceptó y no sé por qué quise seguir con esta ideología imbécil. Ahora además adherí a dejar la carne, así que ya no como carne hace cinco meses.

 ¿Le aconsejarías a la gente dejar todo lo que dejaste?

No, para mí cada persona tiene una felicidad distinta. Yo tengo mucha gente cercana que son muy felices piscoleándose o pegándose en la pera los fines de semana. Así que no, yo soy abierto. También hay gente que no toma y es una lata. Lo mío es completamente personal y no tiene absolutamente ninguna explicación.

¿Y qué onda Berlín sin drogas? ¿Sigue teniendo sentido vivir ahí sin consumir drogas?

Sí, a mí me encanta. Pero mi carrera musical se fue al tacho de la basura porque la gente me olvidó. 

¿Tuviste algún peak en Berlín? 

Mira, tuve un peak en 2014 cuando teloneé a mi cantante favorita que se llama Scout Niblett. Ahí llegué a mi peak y me acuerdo que en el backstage de ese concierto me emborraché y la empecé a perseguir por detrás del escenario y me acuerdo de mi polola sosteniéndome la cabeza mientras vomitaba en un basurero del McDonald’s… al mismo tiempo que todo iba muy bien en lo musical, todo iba transversalmente muy mal en la vida, hasta que toqué fondo. Toqué fondo como alcohólico, como drogadicto, como gordo y me dejaron, y desde que me dejaron… se empezó a desarrollar una depresión en mí que me hizo abstraerme del mundo musical y de Berlín y ahora me es muy difícil volver.

Después de ese momento rockstar sacaste “Sludge” en 2017, que según me contaste le fue mal, ¿qué expectativas tenías con ese trabajo?

A ver, expectativas… un amigo me dijo “inscríbete en Spotify pagando 30 Euros al año, vas a ganar muchísimo más, vas hacer la plata en dos semanas”; hice 5 Euros en un año. Así que decidí salirme de Spotify, vendí solo un disco en un año, también me ha ido mal con los videos. Ahora último hice dos videos; no los han visto más de 200, 300 personas… entonces podemos decir en este momento que mi carrera musical está prácticamente finiquitada, de hecho, no entiendo por qué estamos sentados acá tú y yo haciendo esta entrevista.

Proyectos a futuro

Pero bueno no todo es tan oscuro. El otro día estuve en una de tus tocatas y me di cuenta de que no te cuesta nada prender al público. ¿A la hora de componer piensas en gustarle al público?

Yo no compongo muy seguido, pero cuando lo hago trato de poner lo mejor de mí y de estar lo más concentrado posible en esa canción en particular. Y cuando toco es lo mismo. No toco tan seguido, pero cuando toco, trato de poner el mejor empeño posible porque eso es lo único, absolutamente lo único, que medianamente puedo hacer bien. Por ende, tengo que ponerle, porque si no mi vida sería una absoluta, total y completa bazofia en todo sentido. Entonces la música hace que todavía no me den ganas de colgarme. Esos veinte segundos de aplausos, después de un show, es como el alpiste para un canario.

Hay gente que asocia tu estilo con el de John Frusciante, ¿qué onda tienes con él?

Es mi cantante favorito y, de hecho, mañana voy a tocar un cover de él que se llama “The Dying Song”, es mi frase favorita, especialmente su falsete.

Justo te iba a preguntar por eso, ¿qué rol tiene en tu estilo de vocalización el denominado “falsete”?

Es una mezcla entre John Frusciante, los Bee Gees y Olivia Newton John. Es una técnica útil, sin el falsete habría notas a las que no puedo llegar.   

Tu música tiene funk, rap, rock… hay algún estilo de música que te produzca rechazo y digas “con esto no me voy a meter jamás”

No. Me gustan todos los estilos

¿Todos todos?

Todos, perro, todos. Ahora estoy estudiando para mi próximo disco, el religioso, mi próximo disco tiene influencias religiosas… tipo evangélico… Evangélico de Chiloé. Mi próximo disco está inspirado en la gente evangélica de Chiloé. Pienso sacarlo para Otoño de 2019.

Fama

Oye, ¿y qué te parecen los músicos, los Cantautores que hay hoy en Chile?

No me gustan, está todo muy preparado. Está todo muy diseñado, tienen una dirección de arte muy específica… como que no son honestos, tratan de mostrar la mejor cara que tienen y no LA cara que tienen. “Hueón este soy yo, un hueón en calzoncillos que tiene guata”. Cuando yo voy a comprar el pan no soy un hueón que anda vestido en un terno rojo, con una guitarra amarilla con un fondo verde, ese hueón no soy yo.

¿Pero no tendrá que ver con la escenificación? En el fondo todos actúan…

Pero por eso lo digo, estos cantantes son actores, y los actores son putos. Yo en mi música no actúo, yo soy. No soy puto… con todo el respeto que se merecen los actores. Mejor dicho, yo no soy un vendido, no me vendo, probablemente porque no he tenido la oportunidad. Sí a mí me pasara todo eso yo lo amaría, pero como no me pasa, los odio.    

+ Escucha la música de Harmony Molina aquí: https://harmonymolina.bandcamp.com/
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