Foto: Juan Edwards

Por Francisco Ide

Un mes lleva la exposición Es kétchup, una muestra extensa de pinturas de Alejandro Palacios en la galería The Intuitive Machine, manejada por Martín Daiber. La exposición se mantendrá abierta hasta el 9 de noviembre, y con esa excusa quisimos hablar con Alejandro sobre su trabajo como pintor y músico.

Me hablaste una vez de que, para ti, pintar implica cierta ética…

La parte ética tiene que ver con que pintar hoy en día es un gesto político, en un punto. Dedicarse a pintar no es algo muy bien visto socialmente.

¿Es una especie de renuncia?

Claro, es un gesto tajante, en el sentido de que decides que “eres” algo, como si tuvieras que llevar un cartel casi: “yo pinto esto, esta es mi volada, yo creo en esto”. Es conflictivo para mí ponerme en esa situación social de definición. Estar en búsqueda de algo y que más encima eso te defina es un poco culiao, como mezquino.

Como un compromiso, tener que mantener un discurso…

Sí, porque obviamente uno tiene una inclinación y un gusto por estéticas diferentes, por lo mismo es difícil tener que definirse respecto a eso.

Ya pero tu igual no tienes una sola línea, digamos, manejas una editorial (Chancacazo), eres músico… ¿Te sientes dividido en distintas tomas de postura?

Yo creo que todo es parte de lo mismo. En música y en pintura, por ejemplo, cuando sientes que salió algo bueno, que algo resultó, hay un procedimiento muy parecido. Tiene que ver un poco con el azar, con un estado emocional o algo concreto del momento en que decides meterte en la canción o en el cuadro. En general cuesta decidirse a hacer algo y que se den las condiciones técnicas, cosas tan simples como que justo funcione el cablecito del adaptador, que estés en un ánimo particular, que tengas el tiempo…

Me hace sentido que tus procesos para hacer música o para pintar sean parte de una misma pulsión o requieran condiciones similares, porque en ambas disciplinas trabajas con lo abstracto, lo atmosférico, no hay relato, ni linealidad, ni figuración… Quizás por ahí va tu toma de postura ¿o no? salirse del orden de lo narrativo.

Claro, por ahí va, a eso me refiero cuando digo que es un gesto político, porque de alguna manera es tratar de no caer en clasificaciones, en un contexto en que todo parece estar muy ordenado, en que hay muchas militancias en estéticas definidas, mucha repetición.

Estás en una especie de resistencia, no caer en lo predecible, en lo ondero…

No sé si tengo una posición de resistencia, pero lo que me gustaría es que no fuera todo tan tajante, tan definido, que sea más permeable. Ahora pareciera que todos quieren ser una empresa, una marca, algo así. Como si todos tuvieran que tener casi que una tarjeta de presentación, hacerse cargo de una corriente, de una onda, de una estética. Todos saben cómo manejarse. Eso me aburre. En la música, por ejemplo, todo es súper estandarizado, en todo sentido, desde cómo grabai un disco a cómo haces prensa. Pareciera que está todo armado, como si fuera una ruta de escalada: están los puntos marcados y todos tienen que pasar por esos puntos y si no lo hacen se caen.

Claro, como hitos por los que hay que pasar, formas de hacer…

Sí, dónde hay que anclarse, con quién hay que hablar, todas esas cosas. Como si estuvieras en una universidad toda la vida.

Al final las formas independientes de hacer las cosas se estandarizaron y se comportan de manera institucional, normada… patrones de comportamiento y exhibición por Instagram, por ejemplo, todo eso ¿no?

Claro, aunque no lo vivo como una molestia, es una reflexión sobre el quehacer. Pero en el fondo lo que me interesa del arte son valores que creo que a todos le importan a la hora de hacer algo: ser verdadero en tus propios términos, no andar vendiendo pomadas… Y cierto misterio e inocencia que hay en el trabajo artístico. Suena medio cutre, pero al final muchos artistas te gustan porque ves en ellos ese tipo de valores. Al final la simpleza y la inocencia son cosas básicas a la hora de crear cualquier cosa, desde una melodía en un tecladito a una pintura. Armar una frase musical, tomar una acuarela y hacer algo, con nada. Con escasos elementos puedes armar todo un universo conceptual, en diferentes estilos, puedes hacer cualquier cosa. Para mí ahí está el secreto.

En pintura, por ejemplo, cómo eliges qué dirección tomar, porque es infinito…

A mí me da vértigo eso, siempre trato de no fijar algo… trato de acercarme a algo pero jamás fijarlo, quedarme en el proceso.

¿Cuándo decides interrumpir ese proceso, cuándo está listo el cuadro?

No sé si tu viste la biopic de Jackson Pollock, jajajaja…

Jajajajajajaja…

No sé, yo creo que uno parte intuitivamente y de pronto tienes suerte y llegas a algo. Ves algo y te quedas pegado en eso.

Ah ya, como un hallazgo.

Claro, encuentras algo y lo sigues. Cuando una pintura queda buena, en mi opinión, es cuando vuelve a haber una segunda suerte, cuando ya tienes un camino medio decidido y ya no sientes que estás perdido o rellenando. Ahí creo que se concreta el cuadro. Pero es al ojo, digamos. En general el proceso tiene que ver, en mi caso, con fijarse en algo, una forma, y seguirla. Después le haces una leve modificación y se vuelve otra cosa y se abre un nuevo camino. Ese momento es como sacarse una costra, salir de esa fijación mental y abrirse a otra más amplia.

Estar pegado y despegarse…

Sí, tal cual. Yo creo que tiene que ver con el trabajo de taller, que es un poco ingrato, en el sentido de que pasas por estados medio maníacos, en los que por momentos no sabes qué chucha estás haciendo.

Claro, estás solo con tu mente. Igual ese no saber por dónde ir es como jugar ¿por eso hablabas antes de inocencia?

Claro, pero no inocencia pensando en la pintura naif (que me encanta), si no en relación a cierta honestidad, cierta frescura. Que uno no vea altiro lo que el pintor te quiso decir. En ese sentido creo que la pintura está muy relacionada con la poesía y con la música, están en la misma velocidad, la misma exploración. El acceso no puede ser forzado.

¿Y  a veces se te cierra el acceso? Onda tienes los materiales, la disposición, pero no se te ocurre nada, o no sabes por dónde empezar…

Creo que ese estado de no saber me pasa el 80% de las veces. En general funciono mejor bajo presión. Por ejemplo, para esta exposición pinté harto, presionado por mostrar cosas nuevas, pese a que tengo muchos cuadros más viejos que no he mostrado o que casi nadie ha visto. Es como un sentido de responsabilidad que me nace. Pero claro, hay que estar ahí, trabajar a ciegas incluso o a la fuerza, para que salgan las cosas.  En general entre más trabajas más cosas buenas salen, te enfrentas a más errores, más aprendizajes, estás más metido. No es magia la hueá.

O sea, es trabajo, pero también es un estado mental, una disposición…

Claro, en el fondo el arte está adentro de la persona, en su emocionalidad, en su sistema nervioso, no sé. La obra al final es un residuo del artista, algo que el artista necesita ir sacando por distintos motivos, onda por ego, porque quiere, porque es voluntarioso, porque es necesario…

Pero si el arte está adentro filo con la obra ¿o no? El arte puede ser una forma de mirar o de pensar más que un resultado concreto…

Es que en el fondo es como una fuerza, algo te mueve a seguir trabajando… porque a los escritores no más les funciona eso de decir “no escribo más”… no conozco ningún caso de alguien que deje el arte, que deje de hacer cosas… ¿Joseph Beuys? ¿Duchamp? Nunca dejaron de hacer huevás, hasta hacían replicas de sus propias huevás. Empiezan a hacer otras cosas, con otros recursos, pero no dejan de hacer obras.

Claro, en tu caso no me imagino que dejes de pintar, porque se nota que te involucras casi corporalmente en lo que pintas, que estás metido en el cuadro… como si tuvieras una disposición vital hacia la pintura.

Sí, yo empecé a pintar como a los 15 años, mi mamá pintaba y siempre había materiales en la casa, entonces toda mi vida he tenido un espacio en el que pinto, es una actividad que tengo muy incorporada. De hecho, hay periodos en que no agarro un pincel por un tiempo y entro al taller y siento que los objetos están apagados. Entonces cuando vuelvo a pintar siento que hay que activarlos, maguerearlos, revivirlos de alguna manera. Al final pintar es una costumbre, como un vicio arraigado.

Es raro dedicarse profesionalmente a la pintura, pero en fondo nunca dejar de ser el pendejo que pintaba. Onda es algo que empieza en tu infancia y que nunca dejaste de hacer…

Es rarísimo, a veces me encuentro con compañeros de curso de cuando era chico y me preguntan “¿seguís pintando?”… Yo no les pregunto si siguen jugando a la pelota, por ejemplo…

En el fondo un artista, pese a profesionalizarse, sigue haciendo lo mismo que hacía cuando niño, un huevón que no madura nunca…

Sí, en un punto es como una pulsión infantil que sigue presente… Hay una noción de juego que sigue su curso y no se agota. Y también es una decisión, una vocación, un oficio. En un momento decides dedicarte a hacer esto para toda la vida, como si fueras parte de un culto. En el fondo somos como curas. Como curas que culean.

Santiago, Rogelio Ugarte, 2018. 

 

+ Puedes visitar la exposición de Alejandro Palacios en la galería The intuitive machine, ubicada en Rafael Sotomayor 232, Santiago. Está abierta jueves y viernes de 14.00 a 18.00. Para coordinar visitas en otros días puedes escribir a intuitivemachineart@gmail.com.
+ Escucha la música de Alejandro Palacios AQUÍ.
+ Fotos: Juan Edwards / Javier Aravena.
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