Por Omar Cuevas

El arte contemporáneo ha desarrollado herramientas y sistemas de pensamiento para escudriñar el interior de su campo, sus lenguajes y discursos. Comúnmente esto ha sido un acto ensimismado, pero cada vez son más las experiencias que generan un dialogo abierto con la sociedad y el público no iniciado. La propuesta artística de Edwards Estay, pretende instalarse entre las experiencias que vinculan estos dos mundos, dando cuenta de que el arte  es algo inherente al ser humano, un fenómeno comunicativo que excede los límites del campo artístico.

En palabras del artista, refiriéndose a uno de sus últimos proyectos: “Contrabando es una instalación de pintura, arte objetual, video y muralismo construida tanto a partir de la observación del ingreso de referentes visuales y objetuales del mercado de la entretención, distribuidos en América latina en versiones pirateadas o en reciclajes, como del intercambio cultural que se produce de esas apropiaciones”.

Sus referentes suelen ser dibujos animados o de marcas comerciales. Estos se encuentran en el rango de la visualidad popular, o más bien ultra popular, entendiendo que lo popular está asociado a una tradición, mientras que los personajes de cartoons y de marcas han tomado esta tradición llevándola más allá de los márgenes narrativos que les antecedían y sostienen.

La obra de Estay se caracteriza por imágenes construidas con una mezcla multivocal de elementos icónicos que dan cuenta de un concepto. Así como las múltiples vistas de un mismo objeto constituyen la visión dinámica del cubismo, los múltiples referentes que construyen los figurantes de Estay acusan la carga icónica que estos portan. Estos exigen al lector tanto la identificación de sus distintos fragmentos, (activando sus recuerdos: recordar, re-cordis, volver a pasar por el corazón), como la ponderación de estas partes al interior de la composición, generando una narrativa propia del figurante que compone la obra, o del entramado de varios de estos en una escena.  

Estos elementos son trabajados con distintos grados de contaminación y mezcla, llegando a ser exhibidos en sus versiones originales, aislados, indicando la importancia icónica del fragmento al interior del sistema representacional o en complejas superposiciones de partes y capas. Mediante esta sencilla dinámica se activa una didáctica de lectura de la composición de las piezas. Ofrece un andamiaje para ejercitar el análisis de las obras y del arte en general.  

Siendo el lenguaje que habitamos uno de los principales elementos que nos une como grupo y nos diferencia de la alteridad, la obra de Edwards Estay resalta los componentes exóticos que componen las imágenes mentales que utilizamos, ya que cada referente, cada icono, viene con su toponimia de producción. La tradicional grafica chilena, a los graffitis callejeros de las poblaciones, las marcas y logos de las transnacionales siempre exhiben su canon y nos hablan de su proveniencia. Por lo que las versiones piratas de los iconos ultra populares que recopila y utiliza Estay acusan tanto la norma como la excepción.  

Como lo apuntara Gabriela Mistral en Ternura, “somos hijos de esa cosa torcida que se llama una experiencia racial, mejor dicho, una violencia racial.” Nuestro lenguaje y tradiciones inherentemente traen esta inadecuación, por lo que comúnmente preferimos no mirarlos. Edwards Estay busca hacer de la galería de arte un lugar de encuentro con esta realidad,  de estimulación del discurso narrativo, en un país con pésima comprensión lectora y tremenda e incontenible pulsión comunicativa, lúdica y creativa.

+ Obras de Edwards Estay, Licenciado en Bellas artes, Universidad Arcis.
+ Texto de Omar Cuevas, Licenciado en historia y teoría del arte, Universidad de Chile.
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