Hace poco escuché a alguien decir que cuando uno se pone un calcetín al revés, el que usa el calcetín es el universo entero menos el pie de uno. Cuando lo escuché me acordé de una amiga que se llamaba Montserrat y que siempre usaba los calcetines al revés porque decía que le molestaban las costuras. Todavía se llama así pero ya no somos amigas. La mamá de la Montserrat vivía al frente del Cementerio General.

Como regla general, la gente le tiene más miedo a la soledad que a la muerte. Lo leí en un estudio súper serio, es estadística. A la Montserrat le daba pánico estar sola pero le gustaba el Cementerio General, igual que a mí. A la Montserrat también le aterraba el campo porque su papá trabajaba en un criadero de caballos cerca de Paine y ella asociaba los caballos y el campo a la soledad. Al papá de la Montserrat le decían el Tele Usada porque vino sin control. Creo que ese apodo se usa mucho en la zona de Paine para referirse a los hombres buenos para tomar. Yo lo he escuchado varias veces. Creo igual que mi amiga había heredado genéticamente el gusto por el alcohol de su padre porque cuando nos despertábamos temprano o pasábamos de largo íbamos al Cementerio a desayunar cerveza, aunque teníamos varios años menos que la edad legal para comprarla. Sentíamos eso sí, que siempre nuestras visitas eran un acto de respeto hacia los muertos porque brindábamos por el paso de la vida irreal (la existencia humana) a la vida real (los gusanos).

La Montserrat sufría de una paradoja excesivamente cruel; se llamaba igual que una cadena de supermercados chilenos pero casi no comía porque lo único que su mama quería es que su hija fuera flaca y se lo hacía saber. Todo le parecía asqueroso, incluso el sushi, que recién se estaba poniendo de moda en Chile. Yo le decía que como regla general, cada persona se come dos arañas al año mientras duerme y que contra eso no podía hacer nada y que yo misma le iba a empezar a echar pedacitos de cosas en la boca durante noche. Ella hacía como que no me escuchaba y decía que en el campo todos los caballos corrían juntos y alegres mientras ella los miraba sola e infeliz.

Su mamá le dijo que eligiera un sicólogo y entonces la Montserrat empezó a ir a uno de apellido Carvallo porque encontraba que se parecía a Caballo y que por eso él no se iba a reír de la metáfora que ella usaba para describir su vida. Yo pensaba que mejor le hubiesen buscado uno de apellido Campos porque el tal Carvallo al parecer no le servía absolutamente de nada y además la hacía sentir culpable de hacer gastar plata a su familia en sus problemas emocionales. Yo actualmente voy a un sicólogo de apellido Ayala pero en esa época nunca había ido a uno así que no sabía bien qué decirle.

Varios años después que dejamos de ser amigas con la Montserrat fui por primera vez a uno. Un sicólogo de apellido Paredes, cosa también paradójica si pienso que la claustrofobia era en ese entonces uno de mis problemas más asfixiantes. Dejé de ir porque sentí que se reía de mí.  O sea se reía de todo lo que yo decía, incluso de cosas evidentemente difíciles de hablar para mí. Ah, pero no creas que me río de tu miseria, me dijo la última vez que fui. Una vez me encontré con él en un supermercado. A veces cuando me acuerdo de ella, de la Supermercado, me imagino que estamos en una cancha de fútbol de noche comiendo sushi.

Si sale el sol en la noche, ahí si que me voy a la conchesumare, decía ella. Si sale el sol en la noche a cualquiera le daría miedo, pensaba yo y le decía que, como regla general, es mejor estar triste que tener miedo. Que si algo le daba miedo se convenciera de que era pena. Y hay canciones que lo dicen. Cuando siento miedo cierro los ojos pero cuando estoy triste elijo dar la pelea. Yo me convencí también a mí misma y puedo decir que no le temo al mañana porque el pasado me ha enseñado que si el presente da miedo, los desenlaces siempre dan más pena que nada.

 

+ Josefina González (Santiago, 1983). Se ha dedicado a distintas áreas de la producción creativa: música, pintura, ilustración y actuación tanto en cine como en teatro. El año 2017 lanzó su disco No Todo Se Trata Del Amor Pero Casi Todo (Infinito Audio). Ha publicado los fanzines de humor “Mundo Absurdo” #1 y #2, además del libro Cómo cuidar de un pato (Overol, 2018).
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